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Después de tres años de búsqueda encontró a su mascota

Johana Luque y su perro Bosko, un Guaimaran de 8 años, representan una historia que excede el tiempo y donde el amor fue más fuerte.

“Era parte de mi familia y le prometí a mi hija que lo traería de nuevo y lo hice”, contó la mujer.
por Nestor Miranda / San Luis
Actualizada: 20/08/2017 09:08
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Angustia y tristeza, invadió el hogar de la dueña y su hija adolescente de 15 años por la falta de un integrante de la familia, “un hijo más” como lo define pero que finalmente, la perseverancia dio su fruto.

Todo comenzó hace tres años. Bosko, transitaba su cuarto año de vida. Un día, lo robaron de la casa en donde vivía con sus dos compañeras en la ciudad de Juana Koslay. Si bien, siempre supo de quiénes se trataban, Johana decidió no generar problemas en denunciarlos. “Mi idea sólo era encontrarlo a él”, explicó.

A Bosko, lo robaron de su casa, su dueña no paró hasta encontrarlo.

Desde ese momento comenzó la incansable búsqueda de su mascota. Utilizó las redes sociales para dar a conocer la desaparición y difundió fotos de su compañero. Su posteo se volvió viral a tal punto que personas de San Luis y de otras provincias se comunicaron manifestando que habían visto a un perro similar. “En tres años vi muchos Guaimaran, pero ninguno era él”, contó recordando los momentos de tristeza por los que atravesó.

Pasaba el tiempo, y a pesar de que allegados, amigos, familiares le preguntaban el porqué de la persistencia, las esperanzas de Johana no cesaban. “Se formó un vínculo que sólo conocemos los que quieren a los animales. Era parte de mi familia y le prometí a mi hija que lo traería de nuevo y lo hice”, contó la mujer.

Un día dio con un dato certero. Su perro se encontraba en Villa Mercedes, puntualmente en el barrio La Ribera. Es por eso que viajó a esa ciudad, durante largo tiempo, dos veces por semana, pero no tuvo suerte. Recorrió veterinarias, buscando fotos en las vidrieras, algún dato que le indicara alguna localización. “Al barrio lo recorrí de punta a punta”, relató.

Hace tres meses, se mudó a esa ciudad. Renunció a su trabajo en San Luis con el simple hecho de encontrarlo. Dos semanas atrás, publicó en un grupo de animales perdidos su historia junto a las características de su perro. Por sorpresa, una familia se contactó con ella explicándole que tenían un Guaimaran y que tal vez se trataba de Bosko.

“Fui al domicilio. Sinceramente viajé con pocas esperanzas, porque había visto tantos en tres años. Cuando llegué, presentí que era él, obviamente más grande, viejo y sordo de un oído”.

Cuando ingresó a la vivienda, una mezcla de sensaciones entre ansiedad y nerviosismo invadía a Johana y tal como detalló la mujer, el reencuentro entre ambos fue único. “Cada vez que me preguntan me emociono, se me forma un nudo en la garganta”, consideró.

Bosko ahora “tiene sus juguetes, ropa, cama, la almohada con la que dormía, volvió en sí a ser de nuevo él”, concluyó su dueña.

Bosko, tiene una cicatriz por una cirugía que tuvo años atrás. De esa manera, su dueña determinó que se trataba de su querido perro. “Ahí supe que era él. Lo llamé por su nombre, respondió moviendo la cola y me reconoció. Al otro día me lo traje a casa”, dijo.

Su mascota, pasó por momentos difíciles al ser separado de su familia. Estuvo en un hogar alrededor de dos años donde no era tratado correctamente. Logró escapar, pero vivió un tiempo en la calle, en condiciones pésimas, deambulando sin encontrar a su propietaria.

Por suerte para él, una familia lo halló merodeando en la calle, desnutrido, con una de sus patas quebradas, y lo rescató, con la esperanza de que sus dueños aparecieran en algún momento. Mientras tanto, durante un año, le brindaron amor, alimento, cariño, un hogar al fin, hasta que vieron el posteo de Johana y se comunicaron.

“El vínculo entre ellos y Bosko sigue. Ellos nos visitan, lo ven y están con él un rato. Incluso, yo viajo por cuestiones laborales y ellos lo cuidan. Siempre mantenemos el contacto”, señaló.

Ahora, Bosko duerme con su dueña, sale a pasear, vive una vida feliz, la que siempre mereció. “Tiene sus juguetes, ropa, cama, la almohada con la que dormía, volvió en sí a ser de nuevo él”, concluyó.

Desde que Johana recuperó a su compañero, lo disfruta y trata de recobrar el tiempo perdido. Entiende que todo el esfuerzo y sacrificio valieron la pena. Siempre tendrá presente que una promesa a su hija, fueron el comienzo de una historia que refleja el amor puro y fiel hacia una mascota.​

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