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Una bailarina puntana y un nuevo sueño; ahora bailará en Nueva York

Agustina Sarmiento integra el equipo de danzas clásicas y contemporáneas del Teatro Colón desde los 12 años, pero sus sueños no tienen límites y a partir de octubre se radicará en la Gran Manzana para bailar en la compañía de Ajkun Ballet Theatre.

Foto: Agustina Sarmiento
Sus primeros pasos los dio en la academia Cascanueces cuando tenía 4 años.
por Tomás Puw / San Luis
Actualizada: 31/08/2017 23:10
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La bailarina de 18 años aguarda impaciente que llegue el 1º de octubre para tomarse el avión que la dejará en una de las capitales culturales más importantes del mundo, Nueva York. Allí comenzará una nueva etapa en su vertiginosa carrera artística.

Sarmiento pisó por primera vez un escenario de danza a los 4 años, con la academia Cascanueces de la ciudad de San Luis. Desde aquel momento la joven descubrió su pasión y su talento comenzó a deslumbrar a familiares, amigos y profesores.

Foto: Agustina Sarmiento

“En ese momento me gustaba bailar pero no sabía qué sería mi vida”, recordó sobre sus primeros pasos en una entrevista a elchorrillero.com, y reflexionó que ahora su sueño es “trabajar de lo que me gusta, no quisiera estar en una oficina”.

A los 12 años tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre. Concurrió a Buenos Aires para anotarse en un curso corto de verano, que se dictaba en el Teatro Colón. Al igual que en su ciudad natal, los porteños quedaron asombrados con la puntana y la becaron para que asista de forma permanente a clases en el mítico escenario.

Pero, si bien esta noticia era todo lo que la joven podría haber soñado, surgió un problema evidente, debería instalarse en Capital Federal, con todos los gastos que eso significaba.

Por ese motivo la adolescente no se olvida del subsidio que recibió del entonces gobernador, Claudio Poggi, a través del Área de Cultura. “Si no hubiera sido por ellos no me podría haber mudado”, afirmó.

“Pienso que fue ayer cuando llegué a Buenos Aires acompañada de mi madre, pero ya han pasado 5 años”, comentó sobre su primer gran paso en el mundo del baile, con solo 12 años.

Foto: Agustina Sarmiento

La formación artística de la bailarina continuó su escalada y fue becada por el estudio de Olga Ferri y Enrique Lommi. Al año siguiente ya había ganado el concurso como alumna becaria del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y logrado el promedio más alto para ingresar a la escuela de Aida V. Mastrazzi.

A los 16 años ya emprendía su primer viaje internacional a los Estados Unidos. Primero tuvo que medirse con otras 2000 bailarinas de todo el mundo, de las que solo 10 serían seleccionadas para ser parte de un proceso de formación en la Ajkun Ballet Theatre en la Universidad de Albany, Nueva York. Y la puntana fue la mejor de todas.

Cuando restaba una semana para que finalice el programa de entrenamiento en el país del norte, la directora del estudio, Chiara Ajkun, le ofreció la posibilidad de otorgarle una beca para que se integre con los chicos de Junior Artist en el año 2017.

El cumpleaños de 18 encontró a la artista realizando su segundo viaje a Estados Unidos, para concretar la invitación que había recibido 2 años antes. Allí tuvo el honor de bailar en los estudios de City Center, Ballet Hispánico y Mark Morris.

La etapa preparatoria duró alrededor de 3 meses en los vivió en una residencia compartida. “Allí también tenía que trabajar porque la verdad que era muy difícil mantenerse”, expresó y quiso agradecer especialmente la colaboración de Mario Rovella: “Siempre me ayudó y me pagó los boletos de avión”.

Nuevamente, cuando se disponía a regresar a la Argentina, Ajkun decidió ofrecerle definitivamente que se integre a su compañía y que se radique en Manhattan.

La adolescente, que 14 años atrás daba sus primeros pasos en la academia sanluiseña Cascanueces de la mano de Virginia Chada y Laura Capiello, se transformaba en una artista de nivel internacional.

Foto: Agustina Sarmiento

El régimen de entrenamiento por el que deben pasar las bailarinas clásicas es conocido por su particular dureza física y dedicación de tiempo.

“Son siete horas de prácticas diarias y a eso hay que sumarle las horas de gimnasio, pero cuando tenemos presentaciones nos dedicamos aún más para prepararnos”, explicó sobre la rigurosa rutina que enfrenta cotidianamente.

Sin embargo todo ese esfuerzo se puede resumir con la definición que esbozó sobre el final de la entrevista: “El baile es parte de mí, sino lo hago siento que me falta todo”.

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