X

“No estás sola, yo sí te creo”: conmoción por el caso de una chica que denunció una violación múltiple

La defensa busca demostrar que las relaciones fueron “consentidas”, al alegar que la víctima hizo vida normal en los días siguientes al abuso colectivo. Indignación y manifestaciones en defensa de la joven.

Una chica de 18 años denunció que fue abusada sexualmente por un grupo de cinco jóvenes.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 18/11/2017 10:50
PUBLICIDAD

En las fiestas de San Fermín de Pamplona 2016, una chica de 18 años denunció que fue abusada sexualmente por un grupo de cinco jóvenes que se hacían llamar “La Manada”. Mientras se realiza el juicio contra los acusados, el caso despertó el apoyo de la sociedad a favor de la víctima tras la aparición de mensajes que dudan de sí se trató de una violación.

Es que la defensa del grupo busca demostrar que las relaciones fueron consentidas. Tal es así que –según medios locales– los abogados de los jóvenes presentaron un informe en el cual por medio de detectives privados dicen haber constatado que la víctima hizo una vida normal en los días siguientes a la violación múltiple.

Tal fue la indignación que despertó el caso, que se convocaron marchas en distintos puntos de España con lemas como “tranquila hermana, aquí está La Manada”,“No estás sola” o “Yo sí te creo”. Bajo esa idea, se armó la campaña “La Manada somos todas”, que se pregunta cómo se supone que tiene que comportarse una víctima de una violación a través de un video que se viralizó en las redes.

El juicio contra los cinco acusados se desarrolla a puerta cerrada en el Palacio de Justicia de Pamplona. Los acusados se enfrentan a un pedido de condena que va desde los 22 años hasta 10 meses por el delito continuado de agresión sexual, intimidad y robo con intimidación.

“¿Puedo volver a ir sola por la calle? ¿puedo volver a sentirme sexy? ¿Puedo volver a subir una foto a Instagram? ¿Puedo volver a viajar sola?”. Esas son sólo algunas de las preguntas que se hacen a sí mismas cientos de mujeres en apoyo a la víctima y en rechazo a la defensa de los acusados que sostienen que la joven “hizo una vida normal” tras ser violada colectivamente.

Entre otras expresiones de apoyo a la joven, aparece la carta de un escritor, que sostiene: “Hermana, compañera, mujer. Yo sí te creo. Somos muchos y muchas los que te creemos”. El texto se viralizó y ya tuvo 20.000 compartidos y acumula casi 15.000 ‘me gusta’.

“¿Qué es eso de aceptar como prueba el seguimiento de un detective privado para corroborar que no estás destrozada psíquicamente después de la agresión? Claro, es que las mujeres violadas para probar que han sido violadas han de guardar el luto de la violación”, sostiene el texto.

Otro escrito que fue replicado cientos de veces fue una carta publicada en el diario El País, en la que una lectora, en defensa a la víctima, sostiene: “Ni los agresores ni un juez ni todos ustedes pueden hacerme sentir culpable de que me violen. Y si lo hacen, los convierte en cómplices. Ánimo a la chica en el juicio. Ni olvidamos ni perdonamos. No estás sola”.

El texto de la escritora Almudena Grandes

La violación es un delito. Violar a una prostituta, a una mujer promiscua, a una noctámbula, a una alcohólica, a una drogadicta, a una mendiga, no es ni más ni menos grave que violar a una virgen adolescente de misa diaria o a la propia esposa dentro del matrimonio, porque todas las violaciones son uno y el mismo delito. La condición moral de la víctima, sus costumbres, su conducta, son factores tan irrelevantes aquí como en cualquier otro crimen. Se podría pensar que admitir como prueba el informe de un detective sobre la vida cotidiana de la víctima de una violación sería parecido a aceptar, en un caso de asesinato, un testimonio que probara que el muerto era un malvado que merecía morir, para que la defensa solicite que se considere como atenuante. Podría parecer lo mismo, pero no lo es. Porque lo que pretende culpabilizar a la víctima de La Manada, sembrar dudas sobre su condición moral, es que se atreviera a salir a la calle, a tomar copas con sus amigas, después de haber sido violada, en lugar de quedarse en su casa con todas las persianas bajadas y la cabeza cubierta de ceniza. Eso es lo que el tribunal ha valorado, y al hacerlo, no sólo ha asumido que la calle, la noche, la diversión, son un territorio masculino. También está transmitiendo a la sociedad que, para ser creída, respetada, una mujer violada debe seguir sufriendo después de haber sufrido, renunciar de por vida al placer y a la alegría para que se tome en consideración su sufrimiento. Así, una presunta decisión técnica se convierte en un acto de violencia sobre las mujeres. Uno más.

UNIRSE A LA CONVERSACIÓN:
PUBLICIDAD

EN PORTADA EL CHORRILLERO

SUBIR