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Cuestionaron las condiciones laborales y la falta de recursos de Obras Sanitarias

La advertencia la realizó el empresario Raúl Maturano, quien colaboró en la reparación del caño averiado en Villa Mercedes. Dijo que el personal no contaba con las herramientas necesarias y criticó las condiciones de seguridad de los trabajadores.

Raúl Maturano colaboró en la reparación del caño que dejó sin agua a gran parte de Villa Mercedes.
Actualizada: 09/12/2017 22:17
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Maturano es un empresario Pyme que ayudó en las tareas de reparación del caño de 450 milímetros que abastece a gran parte de los villamercedinos.

Durante su labor evidenció situaciones que lo “sorprendieron” y pronosticó que “el caño está dañado en gran parte de sus dimensiones”, por lo cual una nueva rotura podría suceder “en cualquier momento”.

“Una vez una persona dijo que ‘lo que está debajo de los pavimentos de Villa Mercedes es nefasto’”, indicó valiéndose de una cita, para explicar las condiciones de las cañerías al ser consultado por El Chorrillero.

Maturano pronosticó el caño está dañado y una nueva rotura podría sucederse.

Según consignó, el tubo “es una obra que está muy bien hecha, un caño soberbio de unos 50 centímetros”, pero elaborado con tecnología de antaño.

Lo que sucedió, según dijo, es que el material (fundición gris) formó una lámina salitre y acumuló sarro logrando impedir la correcta utilización del herramental de reparación; algo que se considera común por el paso del tiempo.

Asimismo cuestionó que la Municipalidad “no provee al personal de los instrumentos necesarios” para actuar en estas situaciones.

Si bien indicó que “son aparatos caros (por ejemplo, un grupo electrógeno cuesta alrededor de 10 mil dólares) no representan un gasto que vaya a torcer la balanza”.

“Son herramientas que deberían tener hace tiempo”, aseguró.

Por esta razón, la Municipalidad requirió la colaboración de terceros, entre los que estaba Maturano.

La Municipalidad requirió la colaboración de terceros para la reparación del caño.

El empresario colaboró con amoladoras, pero le fue imposible proceder de un modo ágil: “El disco se rompía, es como si fuera un cascote de cemento que lo parte”.

Según advirtió, los empleados municipales son un grupo de personas experimentadas en la temática, pero “les falta equipamiento.

“Los muchachos prescinden de un montón de recursos que podrían haber adelantado la obra, yo me sorprendí, pensé que contaban con ello”, argumentó.

Para dar una dimensión de sus afirmaciones, recordó que los hombres “tiraban del caño con sogas” cuando en realidad ese procedimiento debe ejecutarse con cadenas.

Por otra parte, cuestionó la seguridad y la higiene. Aseguró que muchos “no tenían suficientes botamangas para trabajar en el agua”, al igual que no utilizaban máscaras faciales o lentes específicos para la manipulación de las máquinas.

En ese sentido resaltó que, en el sector privado, antes de trabajar en estos casos, “se analiza el lugar, el tipo de equipamiento a utilizar y los elementos de seguridad que se portarán”, situación que durante las tareas de mantenimiento no observó.

“En lo privado viene un auditor competidor y a uno lo revisan, es otro tipo de política, se trabaja seriamente. Donde hay peronismo no se trabaja seriamente, se trabaja como se puede”, sentenció.

También especificó que si bien el ingeniero José D’Andrea (coordinador de OSM) “es muy consciente del lugar en el que está parado” y es una persona “idónea” en la materia, no lo ayuda el modo de trabajo de la repartición pública.

“Si se pierde una máquina de soldar, debe investigase y resolver la situación porque es capital de trabajo para prestar un servicio. Sin embargo, en estas reparticiones se puede perder una camioneta y nadie se hace cargo”, indicó.

También manifestó que las tareas de los bomberos, quienes asistieron con dos máquinas para cortar el caño, se interrumpieron al estropear sus artefactos (una se fundió).

Desde esa óptica aclaró que “no es normal” que los efectivos deban asistir estas falencias: “El bombero, es bombero. Estas cosas deben ser resueltas por el personal idóneo, no lo digo por el cuartel, sino por la falta de recursos”.

Maturano recordó que mientras trabajaba apareció un hombre de mameluco azul que le dijo que debía colocarse una máscara para gases tóxicos. Ante ello, consultó si había alguna fuga o riesgo de contactar amoníaco u otro tipo de sustancias.

Sin embargo, al manipular el caño en un contexto de agua, “no había peligros inminentes”, dijo.

Para el empresario se trató de una suerte de montaje mediático: “No había nada, era una puesta en escena que me revolvió el estómago. Sobre todo, cuando vino un hombre con una cámara a tomar instantes de eso. Demasiado teatro, fue patético”.

El empresario destacó que “hay posibilidad de que vuelva a pasar” aunque no puede constatar el tiempo.

“Por lo deplorable que está la situación, es muy posible que 50 metros más adelante el caño esté en las mismas condiciones, el desgaste es común”, indicó.

Para dimensionar el daño, recordó que la cañería recorre 20 cuadras que cruzan la ciudad y posee 6 cuadras de ancho: “No se generó una rotura caprichosa en un lugar específico, sería muy descabellado decir que está perfecto el resto de las tuberías. Sólo un peronista lo podría decir”, cuestionó satíricamente.

“Ha sido una buena lección para que aprendan, para que el contador (Mario Raúl) Merlo equipe a la gente y haga un seguimiento de las herramientas. La realidad se vio en estos días”, finalizó.

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