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Según un informe, el 46% de los niños y adolescentes presentan malnutrición en San Luis

Ese es el resultado del primer relevamiento científico realizado en la provincia por la organización Barrios de Pie.  El estudio abarcó a 1013 encuestados de los barrios “en situación de alta vulnerabilidad”. Revelan altos índices de sobrepeso y obesidad. El grupo más afectado son menores de entre 6 y 10 años.

Los datos se difundieron esta mañana en una conferencia de prensa encabezada por la coordinadora de Barrios de Pie, Carolina Lucero.
Actualizada: 11/12/2017 18:56
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“Este número quiere decir que los chicos no pueden acceder a la canasta básica de alimentos y los nutrientes necesarios para poder desarrollar un nivel intelectual y cognitivo de la mejor manera”, anuncio la coordinadora de la organización, Carolina Lucero durante una conferencia de prensa.

El informe fue el resultado de un trabajo conjunto entre Barrios de Pie y el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana; que abarcó el último semestre del año y que se dividió en 4 grupos etarios: lactantes (0 a 2 años), primera infancia (2 a 6 años), segunda infancia (6 a 10 años) y adolescencia (10 a 19 años). Además, se tuvieron en cuenta como indicadores el índice de masa corporal, talla y edad, y peso y edad.

Se encuestaron 1013 niños y adolescentes de los barrios más pobres de San Luis que, por las situaciones económicas de sus familias asisten a comedores y copas de leches. Inclusive, “para tener un panorama del interior” se encuestó la localidad de Beazley.

“La presencia de malnutrición en cualquiera de sus variantes limita su crecimiento y desarrollo integral, tanto físico como psicosocial, deteriorando su calidad de vida, abriendo la puerta a enfermedades en la edad adulta”, considera el Primer Indicador Barrial de Situación Nutricional que se hace en la provincia.

Niños y adolescentes de 2 a 19 años.

Los datos duros y más “alarmantes” arrojaron que sobre un total de 893 niños y adolescente (de 2 a 19 años), el 46% se encuentra en “alguna de las variantes de malnutrición”. Y destaca que el 20% del total (sin discriminar por grupo etario) tienen sobrepeso y el 23% presentan obesidad; datos que “superan significativamente al indicador por déficit alimentario”, según remarca el estudio. Además contempla que en bajo peso hay un 3%.

Lactancia en niños de 0 a 2 años.

De un total de 120 lactantes (recién nacidos a 2 años) el 33% presentan malnutrición. El 3% tiene bajo peso, el 13% sobrepeso y 17% de obesidad. También aparece que un 14% de niños presentan baja talla para su edad.

En este grupo, un 14% presenta acortamiento en la talla, mientras que en 12% está en riesgo de sufrirlo.

Teniendo en cuenta la primera infancia (de 2 a 6 años), el 47% de los niños (un total de 350 encuestados) estarían afectados por malnutrición. Aparece que el 3% está por debajo de su peso, el 24% en sobrepeso y el 20% en obesidad.

Niños de 2 a 6 años.

Para el indicador talla/edad “aparece con preocupación” que un 7% está por debajo y que un 10% está en riesgo.

En los niños de entre 6 y 10 años, la malnutrición alcanza el 49% y es el grupo más afectado: el 18% presentan sobrepeso y el 28% un grado de obesidad.

Niños de 6 a 10 años.

En la etapa adolescentes (de 10 a 19 años) la mala alimentación agrupa al 43% de los encuestados.

Adolescentes de 10 a 19 años.

Lucero, que en la conferencia de prensa estuvo acompañada por el responsable del Área Salud Colectiva, Augusto Flores y la coordinadora de las capacitaciones, Karen Paiz; contó que a lo largo del trabajo pudieron recabar la información suficiente en las familias y concluir en que “sus chicos accedían a los merenderos donde solo consumían leche chocolatada y alfajores” de manera constante.

“Estos alimentos tienen altos índices de carbohidratos y azúcar que desarrollan una mala nutrición y agudiza la obesidad y el sobrepeso. Ellos no pueden acceder al alimento sano leche, carne, verdura, yogurt y cereales”, explicó Lucero.

“Una cruda realidad”

Para la organización, la presencia de sobrepeso y obesidad en la primera y segunda infancia, y en la adolescencia “exigen en forma prioritaria la aplicación de políticas preventivas y detección precoz para incidir en los factores modificadores, no genéticos, que preserven la salud de los niños y eviten complicaciones futuras”.

En este aspecto busca prevenir “problemas psicológicos, baja autoestima, diabetes tipo 1 y 2, asma, aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular y deformaciones óseas”, entre otras”.

De la encuesta surge “una doble preocupación”, según detalla el informe. En primer lugar “la alimentación del grupo familiar en cantidad y calidad adecuada”, ya que las “dificultades para acceder a la canasta básica de alimentos aparece como una cruda realidad”.

Se desprende del censo que la dieta familiar “está constituida principalmente por hidratos de carbono y grasas, en detrimento de las proteínas necesarias, lo que marca fundamentalmente la alimentación de niños ubicados en la lactancia y primera infancia que comparten alimentos con los adultos”.

El estudio remarca “la angustia de las madres” ante la “carencia” de los ingresos económicos suficientes “que las lleva a cocinar solo por la noche suprimiendo el almuerzo con comidas en cantidad y calidad menores, desapareciendo casi totalmente la alimentación especial para los niños de 2 a 6 años”.

La investigación tuvo en cuenta que “en los últimos meses se implementaron desde el Ministerio de Desarrollo de la provincia más de 400 merenderos en la ciudad y el interior donde se brinda como sustento una caja de leche chocolate, un alfajor y una barrita de cereal”.

“La ingesta de estos alimentos en los últimos meses significó un aumento en la malnutrición de los niños por el exceso de azúcar y carbohidratos”, añadieron los especialistas.

También pudieron determinar la existencia de hábitos sedentarios y de escasa actividad física, “debiendo relevar cuál es la real oferta recreativa y deportiva en los barrios, siendo el sedentarismo uno de los factores de riesgo de mayor importancia que deben ser modificados con urgencia”.

Primera vez

El Indicador Barrial de Situación Nutricional tiene su continuidad en diferentes puntos del país desde el 2012, y este es el primer relevamiento que se desarrolla en San Luis: antes no existían datos relacionados con la verdadera alimentación de la población.

La experiencia (que fue observacional, transversal y descriptiva) surge como una investigación participativa orientada a construir datos epidemiológicos de base que “permitan identificar situaciones de vulnerabilidad nutricional en niños, niñas y adolescentes en sectores donde el movimiento Barrios de Pie desarrolla su tarea social.

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