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Hermanos hasta la médula: la historia de una puntana que lucha contra el cáncer

Camila Mateluna pelea contra el “linfoma de Hodgkin” desde 2013, cuando descubrió “un bulto” en su cuello. Ahora está cada vez más cerca de ganar la batalla gracias a Gabriel, quien trascendió los lazos sanguíneos para convertirse en su “gemelo de médula”.

La joven aseguró que lo que más ama de su hermano es que la mantiene alegre.
por Nicolás Gatica Ceballos / San Luis
Actualizada: 18/02/2018 07:31
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Camila Mateluna (23) estudia arquitectura en la Universidad Nacional de Córdoba y vive con su hermano Gabriel (18), quien cursa la carrera de ingeniería electromecánica en la misma casa de estudios.

A la joven le diagnosticaron cáncer en noviembre de 2013, y desde la primera semana de 2014 inició una serie de quimioterapias que en su conjunto confluyeron en la donación de médula por parte de Gabriel.

“Es una enfermedad que afecta los ganglios, la parte de las defensas del cuerpo y en general aquejan al cuello. Empecé con una pelotita, un bultito que no me dolía pero que no se iba. Me hice unos estudios y ahí lo descubrieron”, recordó en diálogo con elchorrillero.com.

La puntana emprendió una parte del seguimiento oncológico en San Luis. Para la mitad del 2014 se recuperó, pero a fines de ese año volvió a enfermarse. “Al haber una recaída me vine a Córdoba y me traté en el Sanatorio Allende”, explicó.

Después de ello se practicó un “autotrasplante”, es decir, utilizó su propia médula a modo de tratamiento, lo cual “dio resultado”. Sin embargo a los dos años sus controles indicaron que “podía haber algo”. Ya para julio de 2017 confirmó otra recaída.

A pesar de las duras pruebas que afrontó entre miedos e intrigas, Mateluna pudo sonreír dando una feroz lucha contra el cáncer, en particular gracias a la compañía de su familia, de su novio y de sus amigos.

La joven que además es instructora de taekwondo, deporte que practicó desde niña con su hermano y que tuvo que abandonar por sus problemas de salud; adquirió una conducta positiva.

Según relató, lo logró porque en el proceso del linfoma “conoció a Dios”, que es su “fuerza”: “Me hace tener ganas de dar alegría y acompañar a la gente”. Además aseguró que le dio “sabiduría” y desde entonces deja “todo en sus manos”.

“Si he pasado por esto fue para aprender algo”, sostuvo.

A pesar del miedo que aseguró tener “al principio”, las dificultades de los dos primeros tratamientos, la fiebre y los dolores; el panorama dio un giro sorpresivo cuando tuvo la noticia de que la médula de Gabriel era 100% compatible con su cuerpo.

“Primero se hicieron unos estudios de compatibilidad que son obligatorios hacia los parientes directos y ahí surgió la novedad. El tema no se habló, mi hermano sólo dijo ‘vamos’”, expresó. La guerrera estaba “feliz” y esperó el inicio de una nueva etapa, cada vez más cercana al triunfo de su desafío.

“Yo tenía miedo de no poder estudiar, de no poder realizar mis proyectos, pero se me abrieron todas las puestas y pude disfrutar de las pequeñas cosas, de lo simple”, aseguró.

El 28 de diciembre del año pasado, compartió una publicación en su cuenta de facebook en la que informaba que ingresaría a un proceso de aislamiento y quimioterapias “fuertes” (previas al trasplante) y dejó innumerables mensajes de esperanza, en particular resaltó que su hermano era “gemelo de médula” y hasta  bromeó rogando que “no se transmitieran sus payasadas”.

“Lo que más amo de él es que me mantiene contenta”, advirtió.

“Ese día empecé el aislamiento y salí entre el 18 y el 19 de enero. El procedimiento es simple, sólo en algunos casos se hace una extracción de médula, pero son la minoría. Antes de todo se inyectan unas vacunas que estimulan la médula y después de 5 días se extrae por sangre”, describió.

“En todos los casos, tiene que haber voluntad para querer donar”, agregó.

En ese sentido instó a la sociedad a “quitar los tabúes” y resaltó que lo principal para encarar una enfermedad de este tipo es “tener buena energía”, ya que no es lo mismo que “tomarlo con una depresión muy grande”. “Hay que decir: voy a salir”, enunció.

Por su parte, Gabriel manifestó en diálogo con este medio que “siempre” fue unido a Camila, “incluso ahora” que viven juntos. “Apenas hablamos del trasplante se me hizo la idea de que lo debía hacer y sin ningún tipo de preocupaciones lo hice”, indicó.

“No le tengo miedo a las agujas y siempre estuve tranquilo, en particular porque nada se compara a lo que pasan ellos (pacientes)”, reconoció.

“Nosotros hicimos deporte juntos, estuvimos unidos desde niños, somos muy compinches”, recordó sobre su hermana y en la misma línea advirtió que es “importante” la donación, “más allá del cariño que se pueda tener”.

“Solo se puede llegar a sentir alguna molestia, pero es muy soportable. Tomar la decisión de ayudar, es un apoyo para que el otro pueda continuar mejor la vida, poder ser solidario con cualquier persona es un hecho muy lindo”, definió.

Ahora la joven deberá seguir durante seis meses con controles para evaluar que se encuentre en condiciones. “Tengo que hacerme un estudio para determinar si queda algo o no, aunque lo más probable es que no quede nada”, informó.

Concluyó instando a la donación y aconsejando a “cuidar el cuerpo”. “La mayoría de los casos son diagnosticados tardíamente por no escuchar al organismo, por no prestarse atención a uno mismo. Por más miedo que haya, hay que controlarse. No querer reconocerlo puede ser peor”.

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