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Cruyff: “No ganó Alemania, perdimos nosotros”

Por Héctor Suárez especial para www.elchorrillero.com

Cruyff levanta su mano y señala. Enfrente Bonhoff y el árbitro Taylor
Redacción de El Chorrillero
Actualizada: 23/03/2018 10:48
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El mundo aún recuerda a esa selección de Holanda como el fútbol total. Barrió con juego y goles a equipos como Brasil y Argentina, pero falló el partido clave: la final frente a Alemania.

Cada campeonato del mundo tuvo su figura, la estrella que dominó el torneo. No solo por su eficacia, sino por su personalidad, carácter, juego, técnica y autoridad de líder.

Cuando comenzó la décima edición de la cita internacional, el fútbol vivía bajo el embrujo de Pelé. Dos años antes se retiró de la canarihna tras marcar más de mil goles y acumular tres títulos mundiales, ocho títulos nacionales, dos sudamericanos y otros tantos intercontinentales con el Santos.

Pero la ausencia de “O Rei” no privó a la competencia mundial 1974 de una figura rutilante, inteligente y poseedora de una técnica excepcional. Su nombre, Johan Cruyff.

Su curriculum deslumbraba. Aún estaba fresco el recuerdo de dos meses atrás, cuando en el estadio Santiago Bernabeu su equipo, el Barcelona goleó al Real Madrid por cinco a cero. Proeza singular. En aquel encuentro, Cruyff, diabólico como Pelé, fino y esbelto como Schiaffino, intituivo como Boby Charlton, logró lo que los británicos llama touch and balance (control y equilibrio), tocando el balón en 101 ocasiones y logrando 90 pases o acciones perfectas.

Cruyff en acción durante la final frente a Alemania.

“No había en Holanda una selección propia de este nombre”, confesó antes del inicio del torneo.

“No se trabajó para lograrla, ni se fraguó el espíritu de equipo ni menos, trazar acciones colectivas indispensables. Pero treníamos el hombre capaz de hacerlo. Este era Rinus Michels, nuestro seleccionador. Reunía capacidad, inteligencia, mentalidad, conocimiento del fútbol moderno y una habilidad singular para construir un conjunto”, recuerda.

“Como capitán del equipo, pregunté a mis compañeros uno por uno en un entrenamiento, si aceptaban el sometimiento a los sistemas tácticos de Mitchels, conservar una moral de victoria y la entrega total a la misión que nos confió la afición holandesa. “Quien no esté con nosotros estará contra nosotros”, le dije. Nadie desertó de nuestras filas.

El sexo en el jugador 

“Un problema en las concentraciones prolongadas son los de orden psíquico y sexual. En ese contexto se consideró que una sexualidad normal relaja el ánimo y tranquiliza las tensiones y que por ello la condición atlética de los jugadores no se resiente. La familia pesa mucho en los futbolistas”. Vale recordar que esposas y novias compartían el mismo hotel. Un adelanto en la concepción tradicional.

El título que no pudo ser 

Beckenbauer se anticipa a Cruyff en el partido final que ganó Alemania dos a uno.

“En el sorteo previo a la final, Beckenbauer eligió el campo y yo puse en juego el balón. No lo perdimos y luego de varias cesiones recibí un pase espléndido. Fuí decidido e ingresé al área germana porque vi claramente la ocasión de marcar. Ningún jugador alemán aún había tocado la pelota. Mi marcador Vogts me derribó junto a su compañero Hoeness delante de las narices del árbitro Taylor. El penal fue evidente y Neeskens marcó un gol que nos desdequilibró a todos”, afirmó.

Autocrítica

“Tan temprana ventaja nos desequilibró. Tuvimos una sensación de vértigo. Alemania estaba casi vencida, pero comenzó nuestra cadena de errores. No supimos confirmar nuestra ventaja y nos volvimos conservadores. Bajamos nuestro rítmo y le permitimos el dominio. Jamás habíamos sido tan timoratos, tímidos y al mismo tiempo caímos en el espejismo de creernos campeones del mundo. Por eso digo, no ganaron los alemanes. Perdimos nosotros”, dijo.

 

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