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Florencia Di Marco: el crimen que sacudió el país por la crueldad de un padrastro

Tenía 12 años y desapareció cuando su madre daba a luz a su cuarto hijo. Ese mismo día, cuando una vida llegaba, la otra se apagaba en medio de un dolor que nunca tendrá explicación. Un año después, la causa espera ser elevada a juicio. 

Un día entero Florencia Di Marco estuvo desaparecida. Su padrastro, Lucas Gómez solicitó el paradero. Él la había visto por última vez porque era el único adulto que estaba a su cuidado. Él le dijo a la Policía que la había dejado en la puerta de la escuela y que cuando fue a retirarla no la encontró. Él salió por los campos a buscarla y fue el primero que habló con los periodistas.

Un día después, el 23 de marzo de 2017, el cuerpito de la niña apareció debajo de un puente en la localidad de Saladillo. La habían arrojado al vacío, boca abajo y casi sin ropa. El médico forense reveló los datos más aberrantes que sacudieron la provincia y el país. El asesino la había violado anal y vaginalmente, y también la estranguló con un lazo.

Los estudios forenses pusieron a la luz que la niña vivió un calvario en su propia casa. El hombre que era el padre de sus dos hermanos la violaba desde hacía tiempo y había decido quitarle la vida la noche que su mamá dormía en la Maternidad “Dra. Teresita Baigorria”. Allí había dado a luz a una hermosa niña.

Florencia era tímida, no tenía amigos, no la dejaban ir sola a ningún lado. Sin embargo y como pudo trató de pedir ayuda. A sus maestras en Mendoza les confesó que el padrastro la tocaba, pero la madre nunca le creyó. Les dijo a las docentes que su hija era mentirosa. Y así la mujer defendió a su pareja hasta el día que se lo llevaron esposado.

La nena también pudo contar que por la noche tenía pesadillas, que un hombre entraba a su habitación, que la tomaba del cuello y que le movían la cama. Ojalá todo eso que vivió hubiera sido un sueño.

A Lucas Gómez lo imputaron el 27 de marzo.

Lucas Gómez fue detenido el 24 de marzo. Siempre fue el principal sospechoso y por eso los policías nunca dejaron de custodiar la casa que alquilaban en el barrio Lucas Rodríguez. Cuando ordenaron el arresto, el padrastro no se resistió. No dijo ni una palabra. Las imágenes captadas por el peaje de Los Puquios, el testimonio de personas que lo vieron en la zona donde hallaron el cuerpo de la nena y algunos elementos encontrados en la vivienda justificaron la detención.

La jueza Virginia Palacios lo imputó el 27 de marzo por “abuso sexual doblemente agravado por la calidad de guardador y por mediar situación de convivencia preexistente en concurso real con el delito de homicidio criminis causae por mediar alevosía y violencia de género”. Fue alojado en la cárcel de máxima seguridad que tiene la provincia en La Botija.

Las pesquisas comprobaron que Florencia nunca llegó a la escuela el miércoles 22; sino que en la madrugada, Gómez decidió atacarla por última vez hasta matarla.

Para imputarlo, la jueza tuvo en cuenta las conclusiones de los exámenes forenses: las vejaciones eran de “antigua data en la zona vaginal y anal”. Además, la realidad personal y socio ambiental de la menor hizo considerar a Palacios que “la existencia de los abusos eran de carácter intrafamiliar”.

Gómez simuló que llevó a su hijastra como todos los días a la escuela. Después arrojó la mochila en un descampado y dio aviso a la policía para que ayudaran a buscarlo.

El 4 de abril Palacios también ordenó detener a Carina Di Marco, y tres días después la imputó como “partícipe necesaria” por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado, por su calidad de progenitora, respecto de la víctima, por su condición de guardadora y por mediar la condición de convivencia preexistente”.

Carina Di Marco fue detenida como “partícipe necesaria” en el crimen de su hija.

A la jueza le resultó “inentendible” que la madre “no pudiera conocer la situación”. Las pruebas en su contra se desprendían de las declaraciones testimoniales recabadas en la provincia de Mendoza, “primordialmente” de las maestras de la niña.

Otros testimonios demostraron sus irresponsabilidades como madre, como el que dieron los abuelos. “Ella tenía efectivo conocimiento y sin perjuicio omitió sustraerla de ellos. Permaneció inerte, indiferente. Prefirió dejarla a los designios de quien estaba socavando con la integridad física, psíquica y sexual de su hija”, puntualizó Palacios en día que dictaminó la presión preventiva.

Con su hija muerta y su pareja detenida, Di Marco reveló que había descubierto que “vivía con un monstruo”. Que el hombre la golpeaba y que hasta consumía drogas.

El 8 de mayo, Gómez fue trasladado hasta los laboratorios para ser sometido a una prueba de ADN que resultaría fundamental para comprobar su responsabilidad en las violaciones previas al fallecimiento de Florencia.

Dos días antes de quitarse la vida, a Lucas Gómez le tomaron muestras para cotejar el ADN.

Pero dos días después, el 10 de mayo, el protagonista del hecho más aberrante ocurrido en San Luis en los últimos años acaparaba la mayor atención de los medios, de la Justicia y del sistema carcelario: lo encontraban sin vida en su lugar de detención.

Según pudieron comprobar horas más tarde, el principal sospechoso por la muerte de Florencia había decidido ahorcarse desde lo más alto de la ventana de su celda, con un cable telefónico.

Su muerte no obstaculizó el avance de la causa, que continuó con la toma de testimoniales. Desde entonces la única detenida aguarda la hora del juicio oral en la cárcel de mujeres del Complejo Penitenciario Provincial. El fiscal pidió 17 años de prisión.

Finalmente, el 1° de junio, los resultados del estudio genético a Gómez comprobaron que había sido el violador de la pequeña de 12 años. Las pruebas cotejaron el ADN encontrado en la boca, uñas y genitales de a niña.

El 26 de marzo, Florencia Di Marco fue sepultada en un cementerio de San Martín.

Di Marco tiene a todos sus hijos en San Martín, Mendoza. Inclusive los restos de Florencia, donde el 26 de marzo recibieron sepultura.

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