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Un año después, Florencia Di Marco descansa en paz en su tierra natal

Las flores se renovaron este 22 de marzo en su tumba, en Mendoza. Esa fue la fecha en la que denunciaron su desaparición en San Luis. Ese día la sacaron de su casa por última vez y apagaron su vida para siempre.

Los restos de Florencia descansan en el cementerio parque municipal de San Martín.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 24/03/2018 01:17
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El 26 de marzo Florencia Abril Di Marco recibió sepultura en el cementerio parque municipal “La paz de los olivos” de la ciudad de San Martín, de donde era oriunda como toda su familia.

Este viernes 23 de marzo se cumplió un año del terrible hallazgo de su cuerpo estrangulado debajo de un puente en la localidad de Saladillo. Los análisis de ADN determinaron tres meses después que su padrastro, Lucas Gómez, la había asesinado con un laso después de violarla.

Como su caso conmocionó al país, es muy difícil que alguien en la ciudad mendocina no recuerde su nombre e imagine el padecer que la llevó a la muerte.

El cementerio donde descansan sus restos está ubicado a unos 4 kilómetros del centro. Y este viernes lucían radiantes todavía las flores que el día anterior le llevaron varias personas. Sus tíos, sus hermanos, sus abuelos, los seres más cercanos viven ahí. Ninguno dejó pasar por alto una fecha llena de dolor.

Un año después hay recuerdos crueles e inevitables. Hay una causa que todavía no está elevada a juicio y una madre en la cárcel imputada como “partícipe necesaria” en el crimen que cometió su pareja.

El principal responsable del crimen está muerto. Gómez se quitó la vida en la celda que ocupaba en el penal de máxima seguridad que tiene San Luis. Lo hizo dos días después que se le practicaran los análisis de ADN para cotejar con las muertas tomadas al cadáver de la víctima.

La causa nunca se detuvo y Carina Di Marco es ahora la única detenida. Un fiscal pidió para ella 17 años de prisión.

La mujer, que pocas horas después de despedir a su hija reconoció que vivía con “un monstruo”, ya superó sus días más difíciles de depresión y se sumó a los talleres de costura.

En las fojas de la investigación quedaron muchas cosas claras. Muchos integrantes de la familia sabían que Florencia no quería irse de Mendoza, quería vivir con su abuela y estar lejos de ese hombre que era el padre de sus dos hermanos varones.

Pidió ayuda como pudo. Les dijo a las maestras que el padrastro la besaba y la tocaba. Le dijo a su madre que por las noches tenía pesadillas de que la tomaban por la boca, que un hombre entraba a su habitación y que le movían la cama.

Todas esas fueron alarmas. Pero nadie pudo hacer nada para salvarla.

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