X

“Dios perdona siempre, no se cansa; somos nosotros que nos cansamos de pedir perdón”

El obispo de San Luis, Pedro Martínez analizó el presente de la Iglesia y la necesidad de “revitalizar la diócesis”; también habló del mensaje del papa Francisco y de la familia.

Monseñor Pedro Martínez.
por Daniel Miranda / San Luis
Actualizada: 31/03/2018 23:36
PUBLICIDAD

El máximo representante de la Iglesia puntana planteó como objetivo profundizar la “integración” de la diócesis y la necesidad de “salir” y  “estar abiertos para ir a otros lugares a transmitir el mensaje de Cristo”.

Abordó la ausencia de los padres, el desorden de los valores y el crecimiento de los niños pegados de manera “temprana” a la tecnología y las horas de televisión; lo cual denominó como “la maestra electrónica”.

Fundamentó su posición respecto a la legalización del aborto. “Un católico y la Iglesia rechazan el aborto primero porque es un crimen y esto está reforzado por la fe que me dice que es imagen y semejanza de Dios”, consideró.

Sobre la cultura del trabajo opinó que “se va perdiendo en algunos lugares con dádivas de subsidios sin trabajar”; pero aclaró que “en San Luis ha sido muy positivo que el Estado ayude”.

Por último eligió una frase del papa Francisco para sintetizar su mensaje de Pascuas: “Dios perdona siempre, Dios no se cansa de perdonar; el que se cansa de pedir perdón somos nosotros”.

Estos son los principales tramos de su conversación con elchorrillero.com el martes pasado en la sede del Obispado.

-¿Cuáles son las prioridades y las preocupaciones  en este momento de la Iglesia de San Luis?

-Las prioridades de la Diócesis son aquellas de la Iglesia. El plan pastoral se habla en la asamblea diocesana una vez al año. Nos reunimos representantes de cada institución, hemos sido alrededor de trescientos, y allí se programa el año. El lema ha sido “la Iglesia Diocesana en comunión y misión”. Es decir revitalizar lo que significa pertenecer a una diócesis.

Precisamente el lema final es consecuencia de las preocupaciones. Se veía la falta de integración en la diócesis. Entonces apuntamos a lograr la diocesaneidad así como hoy escuchamos hablar de la puntanidad, que es propio de San Luis. En comunión, en el sentido de poder intercambiarnos información, ayudarnos, colaborar unos con otros. Y misión, no quedarse encerrado, este en un gran pedido del papa Francisco que lo recibimos con toda docilidad y viendo su gran misión de salir. No quedarnos encerrados cada uno en su grupito, que está bien para formarse, pero estar abiertos para ir a otros lugares a transmitir el mensaje de Cristo.

-¿El estilo del papa Francisco ha impregnado a la Iglesia de San Luis?

-Sí, porque cada cosa tiene su época histórica. Lo más importante con el actual pontífice es hacernos tomar conciencia de esa necesidad de salir. No dejar de ser lo que somos, sino transmitir la alegría del Evangelio. Tanto que una de sus encíclicas ha sido esta.

-¿Por qué cree que Francisco no ha venido a la Argentina?

-Es una pregunta que es lógica y que interpreta el pensamiento de muchos. No sé, no puedo hacer conjeturas, no he hablado con él.

Creo que ha dicho la frase ‘no veo que sea el momento oportuno’. Tendrá motivos que nosotros desconocemos, pero no es por desprecio. Uno dice cómo fue a Chile, fue aquí al lado y no entró. Habrá otras cosas.

-¿Está más cerca de venir?

-Creo que está más cerca de venir por un problema temporal, porque ya han pasado varios años y no viene así que es muy posible que venga, pero no sabría.

-A la familia como institución, ¿cómo la ve?

-La institución familia son las personas, el papá, la mamá. Viene de un proceso, esto no es de ayer; hace al menos dos siglos que comienza desde la Revolución Industrial hasta llegar al día de hoy en donde los padres tienen que trabajar tanto, los dos al mismo tiempo y no están en la casa. Esto ha explotado en la mitad de los años ’70 y ‘80, no están en la casa.

El niño no crece con los papás, crece con la televisión, tanto que la televisión se ha transformado en la maestra electrónica. Y el aumento de las horas curriculares en los colegios hace que el niño no se eduque en familia. Ese es un primer tema.

El segundo es que la vida actual es tan vertiginosa que también hace que los padres no tengan serenidad y entonces dejan que los niños se queden en los medios, ya no juegan. Es muy difícil.

Sin embargo, como la naturaleza humana pide la familia, uno tiene la esperanza de que muchos padres hagan un esfuerzo por estar con sus hijos. Felicito a los papás que dedican su tiempo para sus chicos.

-¿Cómo ve la presencia temprana de la tecnología en las escuelas?

-Tiene dos partes la pregunta. La tecnología no es mala ni buena, depende de cómo se use. Realmente se gana tiempo, se aprovecha muchísimo, nos acerca y acorta distancias.

El problema es que quizá eso es tan temprano. Uno ve los niños, no tienen capacidad de concentrarse. En la actualidad vemos los noticieros que detrás de la persona que habla hay imágenes que se están moviendo. O las cámaras que van y vienen y todas tienen el mismo formato, no es algo especial. Nos tendríamos que preguntar cómo puede ser que todos tengan ese mismo formato. Eso produce que nadie pueda concentrarse. Hay medios visuales e Internet que van produciendo un desarrollo de la imaginación pero no de la inteligencia.

Esos medios usados en forma adecuada también ayudan al desarrollo de la inteligencia, el problema como en todas las cosas, es el exceso. Se ha perdido contacto con la lectura que, ya sea a través del libro mismo o de una tablet, hace que uno desarrolle y piense a otro ritmo.

Monseñor Pedro Martínez recibió a un equipo de El Chorrillero en el Obispado.

-¿Qué tan profunda es la crisis de valores?

-Es todo un conjunto de cosas; la familia quiere y los medios no. La familia quiere mantener las cosas y los medios transmiten violencia, no se respeta el horario del menor, cualquiera puede ver cualquier cosa. Cada edad tiene su momento, entonces los medios, las leyes mismas, van quitando los valores. Van creando en los niños y en la familia un desorden, no hay valores.

A mí me gusta hablar más de virtudes pero bueno, estamos diciendo lo mismo.

-¿Cuál es la mirada en este momento con respecto a la cultura del trabajo?

-El aspecto del trabajo, San Pablo ya lo dice; que el que no quiera trabajar que no coma. Se llama cultura viviente. Y luego con el tiempo ha sido la manifestación en los monjes que trabajaban la tierra, el arte, la música, el estudio.

Luego, sobre todo a partir de 1800, en la época donde aparecen Marx y el Manifiesto Comunista, la Iglesia comienza a tener encíclicas y documentos relativos al trabajo, desde León 13 hasta hoy. Siempre hubo manifestaciones claras. El trabajo es participación en la obra creadora de Dios que le dijo a Adán y Eva que trabajaran la tierra. El trabajo dignifica, esa cultura de saber ganarse el pan y que el Estado pueda colaborar en la distribución justa de la riqueza, que no es todo lo mismo, es distribución justa.

Yo creo que se va perdiendo en algunos lugares con dadivas de subsidios sin trabajar.

En San Luis ha sido muy positivo que el Estado ayude, pero hay que trabajar, a distintos horarios pero hay que trabajar. No es que sin hacer nada se recibe algo. Aquí se mantiene la cultura del trabajo me parece todavía. En otros lugares quizás también.

-¿Por qué se ha instalado en este momento la despenalización del aborto como el principal tema de debate en la Argentina?

-He escuchado muchas interpretaciones pero puede ser. Ya el tema del aborto viene del año 74. Las Naciones Unidas puso la educación responsable en la sexualidad, son títulos. Después hay como un miedo que aumente tanto la población, que es necesario no crecer de la manera que está ocurriendo, para mantener los recursos naturales. Entonces hay políticas muy grandes en favor del aborto. En otros lugares está el tráfico de órganos para efectos medicinales y cosméticos, hay intereses económicos e ideológicos.

Si uno piensa en la antigüedad ya se hacían sacrificios de niños. Hay todo un simbolismo de que el cuerpo es malo y lo espiritual, lo intangible es bueno. Y en un niño, en general inocente, es más puro, entonces lo sacrificaban a dioses hasta la época del cristianismo.

Al mismo tiempo, en las civilizaciones precolombinas también se ofrecían niños, han encontrado varios en las montañas en Salta, Jujuy y también en México. Hay todo un contexto mucho más amplio que puramente político; es cultural, es una cosmovisión.

Respecto a la Argentina esto ya empezó. En 2015 hubo otro proyecto de interrupción del embarazo. Hoy ese proyecto, hasta cuándo leí y entendí, no es solamente de la despenalización, es interrupción voluntaria del embarazo pidiendo el aborto libre y gratuito y también despenalizar, son dos temas.

El momento exacto no sé por qué. La Iglesia, el orden natural, la ciencia nos dice que desde la concepción ya hay un ser humano, un ADN irrepetible, único, singular, distinto de los progenitores. Y ese ADN desde el momento de la concepción es el mismo durante toda nuestra vida e incluso después de muerto. Cuando uno tiene que hacer las certificaciones de paternidad va al ADN, e incluso sabe si ese ADN es de un hombre o de una mujer, eso está desde el momento de la concepción.

Luego viene la implantación de ese ovulo fecundado, y decimos embarazo. Pero es el ser humano que tiene todo, todas las características. Por eso el aborto mismo, desde el punto de vista científico, médico, de la embriología, es un crimen. Tanto es un crimen que aun en las legislaciones donde se quitan ciertas penas no se quitan para algunos modos de hacer el aborto.

Los embriones crioconservados son puestos a una determinada temperatura para que “puedan detener el tiempo” y luego implantarlos. Hay leyes que protegen estos embriones. Si los protegen es porque es un ser humano.

Por eso un católico y la Iglesia rechazan el aborto primero porque es un crimen y esto está reforzado por la fe que me dice que es imagen y semejanza de Dios. Hay un mandamiento, no matar al inocente y el más inocente es un ser humano en el seno de su mamá.

-¿Qué le pide la Iglesia a los  gobernantes y legisladores?

-La Iglesia lo quiere como un ser humano, no es por ser Iglesia que hay que estar en contra del aborto. No es patrimonio de la Iglesia Católica la vida. Entonces lo que pide es que defendamos la vida; y nunca para defender la vida se puede justificar el aborto.

Creo que lo que se puede pedir a los legisladores es ayudar, hacer algo positivo por la vida. Qué hago con una mamá que está esperando familia, un embarazo no deseado o por la violencia, cómo ayudo. El modo de colaborar no es eliminando al ser más indefenso y luego pedir al Estado que no decida por ley quien vive y quien no en la Argentina.

-Qué opina sobre la posición que tomaron los legisladores de San Luis

-Ha sido muy interesante, tuvimos una entrevista con el bloque peronista, el doctor Adolfo (Rodríguez Saá) junto a diputados y senadores. Ha sido muy agradable y me parece que es la expresión de los que realmente tienen e interpretan el sentir de todos los puntanos. El senador nacional Claudio Poggi también nos ha trasmitido públicamente su posición.

Es decir, creo que los legisladores van a representar la vida y tenemos que felicitarlos, acompañarlos porque en estos puntos tan fundamentales no hay partido, está San Luis y está por la vida.

Producción: Catalina Ysaguirre y Antonella Camargo; Foto: Marcos Verdullo; Video: Víctor Albornoz; Edición: Nicolás Miano

 

UNIRSE A LA CONVERSACIÓN:
PUBLICIDAD
Notas relacionadas:
El mensaje de Pascua para los sanluiseños

EN PORTADA EL CHORRILLERO

SUBIR