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San Cayetano, el barrio que nació y creció por la humildad de los primeros habitantes

Es uno de los más característicos de la ciudad y desde hace más de 60 años sus habitantes siguen formando parte de “una gran familia” que ha dejado el legado de “gente buena y honesta”.

El barrio San Cayetano de la ciudad de San Luis.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 30/04/2018 10:18
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Si bien se desconoce la fecha exacta de su fundación, los primeros vecinos que llegaron datan de hace más de seis décadas. En ese entonces comenzó a poblarse a medida que las familias fueron comprando terrenos y edificando sus viviendas.

En el centro de la barriada se ubica uno de los edificios históricos e ícono más destacado, el Club Atlético Yapeyú. De él sí se conoce época de su fundación: abril de 1968 por iniciativa de un vecino ilustre.

Ese vecino fue don Paulino de Pascuale que marcó a fuego con su accionar el destino de la barriada. También fue protagonista de un hecho que fue el antes y el después en la vida de los vecinos.

En 1997 fue asesinado durante un brutal asalto que conmovió a la comunidad puntana. Con su muerte se apagó la llama que alumbraba y guiaba el rumbo del San Cayetano.

El dolor que provocó su crimen fue un mazazo que tumbó a los vecinos. Tuvieron que pasar años para cicatrizar una herida que ocupa un lugar en la memoria colectiva.

En el club que él comandaba, hoy no sólo se practican diferentes disciplinas deportivas o se organizan fiestas familiares, sino que funciona como centro de reunión de vecinos que con sus aportes como socios fomentan el crecimiento y mantenimiento del predio.

A sólo una cuadra de allí se sitúa otro símbolo, la capilla San Cayetano, construida en honor al Santo de la Providencia, patrono del pan y del trabajo.

Cada 7 de agosto la Capilla San Cayetano reúne a cientos de fieles.

El edificio, que fue habilitado el 7 de agosto de 1965, hoy no tiene párroco y por eso no está en actividad. Sin embargo es reconocido como el templo que reúne la mayor cantidad de feligreses de la ciudad cada año.

En una recorrida se pudo advertir que es una zona muy transitada. La paz que se percibe va de la mano con la limpieza y el cuidado que caracteriza al barrio.

Dentro del San Cayetano está la escuela Nº427 “Provincia de Córdoba”, un jardín maternal, la estación de servicio Shell, ubicada en Riobamba y Héroes de Malvinas, la carpintería “San Francisco” y el complejo habitacional del Ejército. Este último se destaca como un pequeño barrio dentro del otro, tan particular por el tiempo que lleva allí y la fisonomía única de sus viviendas.

El barrio del Santo del Pan, se encuentra en uno de los sectores más transitados de la ciudad, ya que una de las calles que lo delimita es uno de los principales accesos al centro e incluso el Policlínico Regional San Luis se encuentra a pocos pasos.

Está comprendido de norte a sur entre Héroes de Malvinas y autovía Eva Perón, mientras que desde este a oeste abarca la zona de avenida Sarmiento y Riobamba, según delimitó Perla, hija de don Paulino, quien llegó al barrio cuando tenía cuatro años.

Los primeros vecinos llegaron hace más de 60 años.

Los habitantes trazan una línea imaginaria desde calle Yapeyú hacía Riobamba denominándolo como el sector antiguo o conocido como el “San Cayetano viejo” donde se encuentran las primeras casas; y en el lado contrario, hasta Sarmiento, se ubican las más recientes que dan vida al “San Cayetano nuevo”. En este sector están las edificaciones que se destacan por sus grandes dimensiones que le dan la modernidad al barrio.

Cuando Perla llegó a su hogar, en la esquina de Yapeyú y Soldado Puntano Desconocido, junto a su hermano y sus padres “había muy pocas casas, la gente iba comprando y edificando, el resto era campo”.

“El barrio es mi casa, nuestra casa, de todos los vecinos. Somos todos una gran familia, nos conocemos, sabemos cómo somos, cómo se vive y las necesidades de cada uno”, contó mientras atendía la “Despensa Don Paulino”.

“No quedó un barrio vacío, dejaron una herencia rica en buena gente y honesta”, dijo para valorar los hijos de los primeros habitantes.

Las tradicionales serenatas y campamentos

Perla rememoró su infancia y contó que su padre siempre reunía a la gente del barrio, por lo tanto en el fondo de su casa siempre se realizaban fiestas o reuniones.

“Para Navidad después de la medianoche él salía a dar serenatas y se iban sumando a medida que los visitaba por sus casas. A las 5 o 6 de la mañana nos íbamos todos en el camión al campo. Era una época en la que todo el mundo colaboraba y compartíamos momentos de felicidad”, le contó a elchorrillero.com.

La solidaridad ha estado siempre presente a tal punto que cuando un vecino se enfermaba o fallecía hacían colectas para hacer frente a los gastos.

“Nos enseñaron a que siempre estuviéramos dispuestos a ayudar a los demás. Siempre decimos que la infancia que tuvimos fue a lo mejor llena de necesidades, pero muy feliz”, afirmó.

“El negocio de la esquina”

Perla, junto a su marido atienda por la mañana el emprendimiento de la familia que lleva el nombre de su padre.

La despensa Don Paulino es el único comercio que ha permanecido en el tiempo.

La despensa tiene alrededor de 60 años y es probablemente el único que ha permanecido con el paso del tiempo.

También es conocido como el “negocio de la esquina” debido a su antigüedad. Es uno de los más concurridos de la zona.

“Lo inició mi padre que junto a mi mamá trabajaron duramente toda una vida para mantenerlo. Cuando ellos fallecieron nosotros seguimos”, enfatizó Perla quien mantiene de pie la despensa junto a su hermano Paulino.

El club social y deportivo Yapeyú

Paulino también es uno los fundadores del club, que en unos meses cumplirá 50 años.

El newcom es una de las actividades que se desarrollan en el Club Yapeyú.

“Se inició en el año ´68 por la inquietud de mi papá. Junto a sus amigos jugaban a las bochas en una cancha que había en el barrio Pueblo Nuevo, hasta que un día decidieron hacer una acá y compraron el terreno a un señor llamado Quiroga Allende”, rememoró Perla.

Empezaron organizando asados, rifas y bailes en el patio de la casa para recaudar fondos y cumplir el sueño de contar con la sede.

“La gente donaba, colaboraba y todo era registrado en un libro de actas que actualmente tiene un tío”, agregó.

Así poco a poco, con el esfuerzo colectivo lograron levantar la edificación que siempre “cumplió una función social”.

Las bochas es el deporte tradicional en el club.

Pero en 1997 ocurrió un episodio que destrozó a toda una familia. Don Paulino, que en ese entonces era el presidente de la institución, fue asesinado en un asalto en 1997. El recordado caso no sólo conmovió a todo el barrio San Cayetano sino que quedó en la memoria de la ciudad.

“Cuando mi papá fallece, nos alejamos del club y de todo”, reveló la hija con una voz de angustia que prefiere no volver en el tiempo para hablar de la tragedia que los atravesó.

Transcurrieron alrededor de 10 años y los mismos vecinos le comentaron a la familia que en la entidad había desorden, estaba sucio, el salón clausurado y por la noche se registraban peleas. Un panorama negro en un espacio que siempre tuvo luz gracias a sus socios.

En ese momento Perla decidió junto a su hermano reunir a toda la gente del San Cayetano para realizar los trámites para recuperar el club y asumieron nuevamente en la comisión directiva.

Actualmente, la institución está llena de vida. Paulino que ejerce la presidencia contó que “el deporte fuerte siempre fueron las bochas”. Ahora están planificando un campeonato regional por los 50 años de la fundación.

Participa todavía “gente de nuestra época” que se preocupa por “sostener el club”, pero “cuesta que las nuevas generaciones lo cuiden”.

Una de las novedades es que se práctica el newcom, un vóley mixto adaptado para adultos mayores.

El barrio.

Además en las instalaciones se dan clases de folklore, funciona un ropero comunitario y se pretende volver a implementar el vóley y el ciclismo federado, dos deportes que “estuvieron en auge” años anteriores.

Además, el salón se alquila exclusivamente a los socios para eventos familiares.

Pero más allá de las actividades, los socios se siguen congregando para comer asados, jugar al chinchón, al truco o ping pong y festejar los cumpleaños.

Para Paulino el club atraviesa su vida ya que es un legado que quedó de su padre. “Durante mi infancia consideraba que eran tres los aspectos fundamentales, la familia, la escuela y el club”, narró.

También mencionó que con el paso del tiempo, en el San Cayetano han permanecido las “buenas costumbres, la buena educación y está muy asentado el concepto de familia”.

Por otra parte remarcó la necesidad de que se instalen cámaras de seguridad y se mejore el servicio de transporte urbano que antes pasaba por la barriada pero actualmente no lo hace.

Otro de los pocos vecinos que se asentaron en los primeros años en la zona es Rufino, un hombre alegre y simpático que vive con su mujer, y que en noviembre cumplirán 60 años desde que llegaron a ese lugar.

El barrio.

“No había nada, estaba nuestra casa y el resto era casi todo baldío. La tranquilidad y la seguridad nos permitía dormir en el patio”, relató.

También comentó que la zona “ha cambiado muchísimo” y a pesar de que criticó que la inseguridad que hoy hay en el barrio, sostuvo que la relación con los vecinos “es muy buena, todos somos amigos”.

Una capilla en honor al patrono del pan y del trabajo

La Iglesia de San Cayetano fue inaugurada el 7 de agosto de 1965  y es el gran punto de referencia.

Tras el fallecimiento del padre Coscarelli no hay celebraciones en forma regular. Durante un tiempo estuvo el párroco David Picca, según se pudo confirmar.

En el ingreso se encuentra la ermita que se hizo en la época del padre Coscarelli con colaboración de vecinos y personas asociadas a la cofradía del santo.

Recorrer el barrio y hablar con su gente terminaron por comprobar que la bondad, el sentido de pertenencia y la amistad que entablaron los primeros habitantes amasaron un legado para siempre; un crecimiento que no se detuvo y que hacen del barrio uno de los más pintorescos de San Luis.

Informe: Antonella Camargo y Nestor Miranda; Producción: Catalina Ysaguirre; Video: Víctor Albornoz; Edición: Nicolás Miano; Foto: Marcos Verdullo

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