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“El Sosa Loyola”; barrio obrero con estilo de “chalet californiano” y la “casita de Tucumán”

Está ubicado en el norte de la capital sanluiseña y lo conforman 134 viviendas que fueron entregadas hace 67 años. Su origen lo convirtió en el más antiguo.

La primera acta de fundación del barrio Gilberto Sosa Loyola data de 1952.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 25/05/2018 17:32
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Sin importar el paso del tiempo, los vecinos se conocen y se sienten parte de “una familia y comunidad”.

Lleva el nombre de Gilberto Sosa Loyola en reconocimiento al abogado, político, escritor e historiador oriundo de Quines, cuya obra forma parte del patrimonio cultural.

Entre sus obras se destacan “La Tradición Jurídica de San Luis”. Fue intendente de la ciudad (1921-1922) y diputado provincial (1928-1930), convencional constituyente (1940) y primer presidente del Colegio de Abogados. Como político surgió y presidió el radicalismo y al irrumpir el peronismo se sumó a este movimiento al punto que fue senador Nacional desde 1946 hasta 1948, cuando falleció.

La primera acta de fundación del barrio data de 1952. Sin embargo, algunos habitantes comenzaron a ocupar las casas un año antes, aunque tenían algunos detalles en la finalización de obras.

Sus propios vecinos lo definen como el primer “barrio obrero” que se hizo en San Luis, a pesar de que los registros indican que algunos años anteriores 20 viviendas fueron construidas en el lugar conocido como “Los Cuarteles” que pertenecen al Ejército Argentino.

En el centro de la barriada se ubica la Plaza 9 de Julio, un lugar histórico y representativo que reúne a los habitantes de la zona para esparcimiento. A lo largo del tiempo, allí se acumularon anécdotas que hasta ahora son recordadas.

El barrio Gilberto Sosa Loyola en construcción. (Foto: Archivo histórico)

Concentra dos emblemas muy conocidas por los puntanos: la fachada del frente de la Casa de Tucumán y la Parroquia Nuestra Señora de Fátima. A su vez, detrás de la plaza se encuentra la Comisaría del Menor.

“El Sosa Loyola” se extiende alrededor de 10 cuadras y lo atraviesan arterias muy transitadas como las avenidas Justo Daract, Centenario y las calles Martín de Loyola y Luis Jufré.

Lo particular, es que en el límite sur y este se puede divisar fácilmente una arboleda de eucaliptus, que fueron plantados para formar una “barrera natural” y que pudiera “frenar” el viento Chorrillero.

Al transitar las calles, se percibe la tranquilidad. Incluso, sus propios vecinos lo definen como “un barrio de personas adultas”.

A pesar de los años, algunas viviendas todavía se mantienen intactas desde su época. Son bastantes amplias y cómodas. Tienen entre uno y tres dormitorios, living, comedor, cocina y los terrenos poseen aproximadamente 15 metros de frente por 35 de largo.

La edificación estuvo a cargo de las empresas constructoras Ucciardello y Klusch y se destacan por tener un estilo “chalet californiano”, una arquitectura característica de los proyectos habitacionales del Gobierno peronista. En este caso, se construyeron durante el segundo mandato de Juan Domingo Perón.

Las viviendas se caracterizan por tener un estilo “chalet californiano”.

Víctor Calderón, a quienes todos lo conocen como “Baby” habita en el barrio desde hace casi 30 años y poco tiempo después de su llegada integró la comisión vecinal. “Desde que llegué me invitaron a formar parte de las reuniones y acepté”, le contó al equipo de El Chorrillero y la Gente.

Entre sus legados, contiene un libro de actas con toda la documentación “del Sosa Loyola” y una de ellas en particular establece la fecha en que fueron entregadas las viviendas en 1952.

Según Calderón, el primer presidente de la comisión vecinal fue Faustino Mendoza, quien luego fue sucedido por su hijo. Las primeras reuniones, se realizaron en una casa frente de la plaza donde existía un consultorio de odontología pediátrica.

“Esta gente trabajó muy bien, hizo junto a la Municipalidad el asfalto de todas las calles y la iluminación. Fueron importantes para la vida del barrio porque es gente que se preocupó mucho”.

Luego, por aportes del Gobierno nacional se construyó un salón comunitario, que integraba a tres barrios colindantes. Pero actualmente permanece cerrado.

Desde la comisión, se mantenía una vida activa y se organizaban desfiles y actos en las fechas patrias que se desarrollaban en la Plaza 9 de Julio.

Calderón relató que cuando se construyó el complejo y, de acuerdo a las actas, “se aportó una cuota de más para la construcción de una sala de primeros auxilios y un destacamento policial”.

Para “Baby”, el lugar que eligió para vivir junto a su esposa Nélida “significa todo”. “Es un barrio de gente mayor, tenemos vecinos muy solidarios y vivimos con suma tranquilidad a pesar de los peligros de estos tiempos”, aseguró.

“Me parece que representa un poco la vida de San Luis, que impera la historia de la ciudad, por ser el primer barrio”, consideró.

Sus propios vecinos lo definen como el primer barrio obrero que se hizo en San Luis.

Al hacer referencia a las casas comentó que “realmente permanecen en condiciones porque están hechas con un material bárbaro, todo de primera”.

Sobre la plaza la definió como “importantísima” porque genera cierta identidad al lugar. “Nos hemos preocupado mucho para mantenerla. Es hermosa, inmensa. Con la comisión le hemos hecho bancos e iluminación. Desde que se diagramó tuvo siempre su lugar”, agregó.

Elisa Valdéz de Correa es una de las primeras vecinas ya que habita allí desde hace 62 años. En 1955 se casó con el hombre con el que iba a pasar el resto de su vida y con quien tuvo dos hijos. Desde ese año, es que vive en el barrio.

La mujer rememoró en pocas palabras lo que fueron los primeros años: “Había poca gente, era un potrero y fue progresando hasta que llegó a lo que es ahora. Actualmente está viviendo la segunda generación casi. No es lo mismo, pero es un lugar hermoso”.

También definió la relación que tiene con el resto de los vecinos: “Es buena porque es una familia el barrio. Nunca hubo líos, la gente es toda trabajadora”.

Elisa que con sus 84 años no pierde su sonrisa y sus ganas de seguir progresando, tiene un pequeño kiosco en su casa el cual atiende desde la ventana. Todos la reconocen como “doña Correa”. Con una simpatía pícara recordó que en los primeros años, las calles eran de tierras, no había gas ni iluminación, pero que con el paso de los años, los servicios fueron llegando poco a poco.

Fiel a su devoción por la Virgen de Fátima, en breves palabras dijo que colocaron su imagen en la esquina de Justo Daract y Maestro González y luego construyeron la Iglesia que lleva ese nombre.

Las viviendas tienen entre uno y tres dormitorios, living, comedor, cocina y los terrenos poseen aproximadamente 15 metros de frente por 35 de largo.

La mujer no dudó al decir que el barrio es su vida: “Acá me casé y progresé con mis hijos y marido. Además, somos una gran familia entre los vecinos, porque todos nos conocemos”.

Por su parte, David Ojeda, que habita desde hace 20 años aproximadamente contó que la barriada no ha cambiado mucho desde su llegada: “Sigue siendo muy tranquilo porque toda la gente que vive acá es grande”. Y remarcó que con el paso de los años, fueron “llegando nuevos vecinos”.

Además destacó que por ese motivo “se descansa bien y se vive tranquilo, no hay mucho ruido de música”.

“La relación con ellos es buena, son todos muy buenos y serviciales. Es como una comunidad muy linda”, explicó.

Sobre las avenidas Justo Daract y Centenario que determinan el límite oeste y norte del Gilberto Sosa Loyola, está la zona que se caracteriza por emplazar mayormente los locales comerciales de diferentes rubros como ferreterías, negocios, rotiserías y casas de repuestos para automóviles.

Dante, de 50 años y oriundo de Mendoza es propietarios de uno de ellos. Eligió vivir en San Luis para “probar suerte” y habita en el barrio hace más de 20 años. Constituyó el local “Kiosco 6/33”, nombre en referencia a la dirección del comercio.

Primero comenzó como una simple despensa, pero hoy ya tiene un comercio polirubro que abarca desde la venta de útiles escolares, bijouterie, artículos de limpieza y librería hasta accesorios para celulares.

Mientras atendía a sus clientes, Dante contó: “El barrio es hermoso, me encanta, no voy a mudarme de acá, es muy tranquilo”.

Sobre el avance en la urbanización, desde el momento en que llegó sostuvo que “fue impresionante”.

A partir de su experiencia hace siete años que trajo a sus padres, Hilda y Armando, desde Mendoza, para que vivieran con él.

La Parroquia que congrega a fieles de toda la ciudad

La Iglesia Nuestra Señora de Fátima fue inaugurada el 30 de abril de 1976 por monseñor Juan Rodolfo Laise y se construyó a base de donaciones de fieles que a través de su fe colaboraron para levantar el templo.

La Plaza 9 de Julio, un emblema para el “Sosa Loyola”.

Allí se encuentra la imagen peregrina de Fátima, traída por monseñor Emilio Di Pasquo. La Santa patrona tiene su fiesta tradicional el 13 de octubre y se conmemora todos los años con una tradicional procesión, que congrega a fieles de toda la ciudad.

En la parroquia funcionan diferentes instituciones: el comedor infantil “Nuestra Señora de Fátima”; la Biblioteca Popular “Juan Pablo II”; Acción Católica Argentina (ACA); Camino Neocatecumenal; Cáritas Parroquial; Consejo Económico; Equipo de Liturgia; Renovación Carismática Católica y cuenta con seis aulas donde se dictan las clases de catecismo.

Además presenta la fundación Fundaguad; Grávida (servicio para madres solteras); los grupos de ministros Extraordinarios de la Eucaristía, de Música, de Oración del Padre Pío y Scout “Nuestra Señora de Fátima”; la Legión de María; y los grupos de misioneros del Divino Niño Jesús, de la Divina Misericordia, de San Expedito, como también el movimiento “Hogares Nuevos”.

Actualmente, el padre David Specchiale es el responsable de la parroquia y de brindar las misas diarias.

Un barrio de obreros

Juan Manuel Gutiérrez vive desde 1968 en el Sosa Loyola y trabajó como empleado de la fábrica SCAC, ubicada en avenida Centenario y Justo Daract.

Un lugar de esparcimiento.

Si bien la explanta no está emplazada en el complejo habitacional sino en frente, muchos de los obreros que trabajaron allí “vivían en este barrio”.

En esa época, el tren todavía funcionaba en San Luis y su llegada a la ciudad se convertía en un espectáculo. Era como un ritual verlo arribar a la planta para dejar sus vagones, cargarlos nuevamente y luego marcharse a “paso lento” para llevar los productos a otras provincias.

“Vivir en esos años fue muy grato. Nuestros hijos eran chicos que jugaban en las calles de tierras. No había riesgo, ni inseguridad, se vivía de otra manera”, recordó.

En coincidencia con las palabras que expresaron los otros vecinos afirmó: “El barrio es todo para mí”. Y puntualizó que la relación que mantiene con todos “es espectacular”.

Hoy, en la vivienda que habita Juan Manuel, su hijo fundó hace 18 años el taller “Génesis”, el único en la zona, que se dedica a la electricidad del automotor.

Lo cierto, es que a través de sus calles, el barrio cuenta la historia de generaciones pasadas, que a pesar del avance en la urbanización, en la actualidad sigue manteniendo la esencia tradicional de otra época.

Informe: Néstor Miranda y Antonella Camargo; Producción: Catalina Ysaguirre; Video: Víctor Albornoz; Edición: Nicolás Miano; Fotografía:  Marcos Verdullo

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