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Mundial ´74: Holanda destrozó a un Brasil sin brillo

Por Héctor Suárez especial para www.elchorrillero.com

Cruyff celebra su gol. Fue el segundo de Holanda que brilló ante Brasil
Redacción de El Chorrillero
Actualizada: 23/05/2018 18:18
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Brasil venía de ganar tres de los últimos cuatro Mundiales (1958,1962 y 1970) y pese a no tener a Pelé, era favorita para alzar la copa. El juego de los sudamericanos había perdido brillo y poco tenía que ver  con el equipo de México ´70 que barrió a todos sus rivales hasta la final con Italia. Esta nueva versión del scratch, huérfano de Pelé, dejó en claro que podía ganar a cualquiera pero el juego sería mas equilibrado.

Empate sin goles en el partido apertura con Yugoslavia El mismo resultado con Escocia mostró un equipo poco inspirado y no había marcado ni un solo gol frente a rivales a priori asequibles. Las alarmas empezaron a sonar.

La victoria holgada ante la débil Zaire permitió respirar y recuperar la fe en los hinchas brasileños. Aquel 3-0 ante los africanos fue un oasis en el desierto. Jairzinho, Rivelino y Valdomiro hacían recobrar con sus goles el orgullo y la esperanza a una torcida que miraba con decepción pese a pasar el grupo atrás de  Yugoslavia. La siguiente liguilla sería brutal: Alemania Oriental, Argentina,Brasil y Holanda.

Holanda sonaba con fuerza en aquel Mundial. Su juego era desbordante, alegre y se postulaba como una de las favoritas al título. No solo ganaba sino que maravillaba con su juego. La selección naranja le quitó el corsé al fútbol. Se movía por el césped como un enjambre de abejas enfurecidas.

Parecía caótica por momentos en su juego, pero nada más lejos de la realidad. Tenían muy claro quien era la “abeja reina” del equipo, pero los zánganos y las obreras se intercambian de función, logrando el mayor beneficio para el conjunto. Johan Cruyff comandaba a aquella Holanda genial que mostraba al Mundo una nueva visión de este deporte. Era el llamado “Fútbol Total”.

La selección de Holanda fue la gran protagonista. Se la llamó la Naranja Mecánica.

El juego de Brasil aquel 3 de Julio de 1974 fue todo menos “jogo bonito”. Patadas, agresiones y pelotazos largos al veloz Valdomiro fueron los recursos permanentes de los brasileños. Pelé observaba desde la grada aquel barco sin timón que deambulaba por el césped vistiendo la casaca de Brasil. Un conjunto tricampeón mundial, sin los recursos futbolísticos exhibidos en su rica historia. Era un equipo pequeño que salió a destruir.

La primera parte fue un empate sin goles. La posesión había sido holandesa pero las ocasiones de gol se habían repartido. En la segunda mitad arreció el dominio de la Naranja Mecánica y rápidamente un centro de Cruyff lo aprovechó Neeskens para rematar con precisión y establecer el uno a cero. A partir de allí Holanda bailó a  Brasil. La respuesta fue el juego violento. El segundo gol lo hizo Cruyff  y marcó el final de un Brasil legendario que tardó 24 años en volver a ganar un Mundial.

Holanda llegaba a la final con la vitola de favorito. En frente Alemania, con su fútbol que no era vistoso, pero eficiente. Una victoria naranja hubiese sido quizá, el comienzo de una nueva era del fútbol mundial. La soberbia por sentirse superiores lo terminaron pagando caro.

Jairzinho intenta frenar a Cruyff. El holandés fue la figura excluyente de aquella Holanda que se quedó en la final. Merecia ser campeón.

El relevo del “jogo bonito” se quedó sin Mundial. Tiempo después Beckenbauer diría: “Cruyff era mejor,pero yo gané la Copa”.

Aquel 1974 sería el primero de los tres palos que se llevaría Holanda a lo largo de su historia en los mundiales.

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