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¿Qué tienen los pobres en la cabeza?: la charla viral de una joven sobre los prejuicios de la pobreza

Mayra Arena dio una charla TED contando su experiencia de vivir en un barrio humilde. Escuchá la entrevista que le hizo Emiliano Pascuarelli.

Mayra Arena dialogó con Emiliano Pascuarelli por FM La Bomba.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 09/09/2018 21:08
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Describe como una coleccionista todos los prejuicios sobre  los”pobres”: es hija de madre soltera, no conoce a su padre, tiene muchos hermanos que no tienen padre, dejó la escuela a los 13 años y a los 14 fue madre.

“Si puedo cambiar la visión (sobre la pobreza) de una sola persona me doy por satisfecha”, en declaraciones que formuló al programa Mejor que Nunca que conduce Emiliano Pascuarelli por Fm La Bomba.

“¿Qué tienen los pobres en la cabeza?”

La historia de Mayra Arena se hizo conocida luego de que a fines de agosto diera una charla TED en Bahía Blanca, en la que habló de la pobreza desde una mirada diferente.

“¿Qué tienen los pobres en la cabeza? Seguro se lo escucharon a alguna vez a alguien preguntárselo. Se lo preguntan cuando nos ven tener muchos hijos, cuando nos ven ser violentos, cuando nos ven usar unas zapatillas traídas de otro planeta, pero sobre todas las cosas cuando ven que los pobres seguimos siendo pobres”, dice Arena en el comienzo de su charla que se volvió viral en pocos días y ya había alcanzado el medio millón de reproducciones en el momento de la publicación de este artículo.

Mayra Arena reflexiona sobre los prejuicios desde los que suele mirarse a la pobreza y comparte su propia experiencia de haber crecido en Villa Caracol, uno de los barrios más humildes de Bahía Blanca, y cómo pudo salir de esa realidad.

“Uno se empieza a dar cuenta de que es pobre cuando entra en el sistema escolar. Y la violencia empieza a ser una forma de vengarse de los demás por todo eso que ellos tienen y uno no”, describe Arena en la charla.

“Incorporamos erróneamente la idea de que cuando somos violentos nos tienen otro respeto. Porque cuando uno empieza a ser violento, te dejan de preguntar por qué tienes las zapatillas rotas, por qué tu mochila es tan vieja, por qué nunca traes lo que pide la seño (maestra)…”, manifiesta.

La historia de Mayra Arena ya se había hecho conocida en una carta que publicó en Facebook en marzo pasado bajo el título “El beneficio de ser pobre”en Argentina, que tuvo 72.000 reacciones y se compartió más de 57.000 veces.

Allí la joven relata su infancia en la villa en medio de la pobreza y la marginalidad.

“De pibas, mi vieja marginal nos mandaba a pedir todos los días. Íbamos a las panaderías porque son los que mejores cosas dan, y con lo que volvíamos se cenaba”, recordó.

“Cuando no nos daban las del barrio, nos íbamos abriendo cada vez más hasta llegar a las del centro. Por eso nunca compartí la filosofía de no darle monedita al nene que pide: lo único que logras es que tenga que caminar más, porque ese pibe no va a volver a la casa con las manos vacías”, agrega.

Rememoró que la pobreza comenzó a percibirla más evidente cuando fue a la escuela, todos tenían útiles y ella iba con los que daba el Estado. “Mis compañeros me veían con una cartuchera del Hombre Araña y una carpeta con motos y me decían que eran cosas de varones”, recordó. Después de mentirles que los llevaba porque le encantaban, agarraba de los pelos a quien le hacía ese comentario.

“La violencia empieza a ser una forma de vengarse de los demás por todo lo que tienen y vos no. Así incorporamos la idea de que nos tienen respeto porque somos violentos”, dijo.

“Desclasada”

En la actualidad, Arena, que es estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Tres de Febrero de Buenos Aires, se define como “desclasada”.

“Yo no estoy en ningún lado. Nunca voy a ser de clase media por mi origen y yo me siento de clase baja. Pero en un sentido no soy de clase baja porque accedí a la educación universitaria y a un montón de otras cosas que en la clase baja están mucho más relegadas”, dijo.

Para Arena, lo más fácil para aquellos que son pobres es acumular resentimiento.

“Yo tuve gente que me abrió las puertas de su casa y gracias a eso me di cuenta que era pobre y lo que yo estaba viviendo no estaba bueno”, dice.

“Entonces en lugar de guardar resentimiento por la gente que tenía más que yo, me parece que tengo que depositar esa energía en concientizarde que nadie elige donde nacer”, asegura.

Según la joven, la solución al problema de la pobreza no es solo una responsabilidad del Estado sino que tiene que surgir de cada rincón de la sociedad.

“La sociedad tiene que mirar al pobre con menos desprecio, porque si lo mira con menos desprecio ese pobre va a ser menos resentido”, reflexiona.

“Si estoy donde estoy hoy es gracias a solidaridad de mis vecinos y de mucha gente que me dio oportunidades. Me gustaría que existan muchos más vecinos como los míos”, concluye.

 

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