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Un ingeniero de la UNSL participó en la construcción del satélite SAOCOM 1A

Se trata de Gabriel Alejandro Chaves, graduado de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas y Naturales.

UNSL
El aparato conforma un sistema de dos satélites de observación terrestre proyectado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 21/09/2018 14:51
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El ingeniero en electrónica, Gabriel Alejandro Chaves, se desempeña hace cuatro (4) años en la empresa INVAP, una compañía pública especializada en tecnologías de punta que tiene una de sus sedes en la ciudad de Bariloche.

Participó activamente en la construcción del satélite argentino que será lanzado al espacio entre el 7 y el 9 de octubre.

El SAOCOM 1A de observación de la tierra ya se encuentra en la cofia del lanzador Falcon 9, en las facilidades que dispone la empresa SpaceX en la Base Vandenberg en California, Estados Unidos.

Más de 600 personas trabajaron en su construcción. (UNSL)

Allí esperan su lanzamiento para el mes próximo. El aparato conforma un sistema de dos satélites de observación terrestre proyectado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Durante los últimos años el satélite fue desarrollado por INVAP y trabajaron más de 600 personas en su construcción.

A continuación la entrevista publicada por el sitio oficial de la Universidad Nacional de San Luis.

-¿Qué significa ser parte de la construcción del SAOCOM 1A?

-Por un lado, es un privilegio participar de un proyecto de gran magnitud. Se trata de uno de los proyectos más desafiantes para la empresa. Por otro lado, es un continuo desafío estar preparado tanto en capacidades de gestión como tecnológicas, para resolver los problemas del día a día. Las soluciones no se piensan iguales si se está en un proyecto satelital, en uno nuclear o en uno de radares, aunque a todos los atraviesan la seguridad y confiabilidad de los sistemas.

Para ejemplificar, en lo satelital es sumamente importante la confiabilidad de los sistemas (no se pueden reparar una vez lanzados), el consumo de potencia (la batería es limitada) y el peso (puede llegar a costar alrededor de 20 mil dólares poner un kilogramo en el espacio). Sin embargo, en lo nuclear reina la seguridad y también la confiabilidad de los sistemas. En los proyectos de radares terrestres se utilizan tecnologías de última generación y se enfoca en un equipo que además de ser confiable, sea rápidamente reparable en campo. En este sector el desafío de los diseños electrónicos es obtener la mayor performance del mercado.

El proyecto comenzó en el año 2000. (UNSL)

Hay gente que no sabe, y otras que no creen, que estas cosas se desarrollen en Argentina. Creen que es una exageración decir que hay un gran cuarto limpio parecido al de la NASA en nuestro país. También hay gente que considera un malgasto de dinero invertir en ciencia y tecnología.

Pienso que los países primermundistas son desarrollados, porque invierten, entre otras cosas, en ciencia y tecnología, alrededor del 3% o más de sus PBI. Para tener una referencia, Argentina llegó a invertir un 0,63% de su PBI en CyT en el 2015. En una economía del conocimiento, donde éste es un recurso que no se agota, sino que hay más mientras más se lo explota, los países que lo aprovechan mejoran las calidades de vida de sus sociedades y generan más puestos de trabajo; y el Estado brinda las condiciones de contexto para que eso fluya.

Einstein lo expresaba hace más de medio siglo: “todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento, y solamente serán exitosos los pueblos que entiendan cómo generar conocimientos y cómo protegerlos; cómo buscar a los jóvenes que tengan la capacidad para hacerlo y asegurarse que se queden en el país”.

Entonces, que haya una empresa de la magnitud de INVAP y que siga apostando por la ciencia y la tecnología después de 40 años de trayectoria, con lo que esto implica en las idas y vueltas de Argentina, creo que se trata de un orgullo nacional.

-¿Cuál es su rol en INVAP?

-La estructura organizacional de la empresa es de tipo matricial. En las filas tenemos a los diferentes servicios como electrónica, software, mecánica, modelística, control térmico, harness (cableado), entre otros, y en las columnas se encuentran los proyectos que contratan a los servicios. Estos proyectos forman parte de las líneas de negocios de la empresa, como lo es nuclear, defensa, satelital, entre otras.

En  la actualidad, pertenezco al servicio de electrónica y me desempeño como responsable de subsistema. Esto significa gestionar todas las tareas que implican contar con un subsistema que cumpla los requerimientos solicitados por algún proyecto. Es un rol donde hay que empujar mucho, hay que hacer que las cosas sucedan. Justamente, al tener una estructura matricial, uno cuenta con la flexibilidad de poder migrar de un proyecto a otro según las necesidades que surjan.

El satélite arrojará datos relacionados a la observación terrestre. (UNSL)

En mi caso, comencé en el área satelital con Saocom y pasé por diferentes estadíos del proyecto. Luego migré hacia el área de radares, con una participación muy activa en los radares meteorológicos (proyecto SINARAME). La complejidad de los proyectos y el interés por el sector de alta tecnología me llevó a realizar una Maestría en Ciencia, Tecnología e Innovación con una fuerte orientación en management tecnológico. Esto me ha aportado herramientas variadas y la capacidad de desarrollar criterio en la gestión de los recursos y tomas de decisiones en este rol.

-¿Cuánto tiempo llevó el trabajo? ¿En qué etapa intervino?

-Generalmente, un proyecto satelital lleva unos cinco (5) años su ejecución. En particular, el Saocom llevó más tiempo principalmente debido a la complejidad del mismo (tecnológicamente es un satélite del mayor nivel). Al ingresar a INVAP en el 2014, estuve trabajando un buen tiempo en el modelo de ingeniería de la electrónica central del SAR (radar de apertura sintética), principalmente en los subsistemas de memoria de almacenamiento de datos y en la computadora de control.

Para que se entienda la dimensión, un proyecto satelital suele tener al menos tres (3) tipos de modelos. El primero, un modelo estructural, que sirve para ensayar y validar la estructura mecánica del satélite. Allí, los ingenieros electrónicos no tenemos incumbencia.

En paralelo está el modelo de ingeniería. Aquí entramos con todo. Implica el diseño y fabricación de todo el hardware y la interacción con las áreas de software, control térmico, EMI/EMC, modelística, etc. En otras palabras, se trata de un modelo que tiene la misma funcionalidad que un modelo de vuelo, sólo que se fabrica con componentes comerciales.

Se lo utiliza para verificar los diseños de ingeniería, asegurando así el diseño final que se usará en la construcción final del modelo de vuelo, con componentes esta vez calificados para el uso espacial y que pasan un proceso de test muy riguroso que le otorga a cada pieza una confiabilidad muy alta, por ende el costo de estas partes es superior al de las partes comerciales. Yo participé en el modelo de vuelo, en el subsistema de memoria de almacenamiento de la telemetría de la Plataforma de Servicio del satélite.

He pasado por la campaña de ensayos ambientales que garantiza que el subsistema cumpla con los requerimientos para ser montado al satélite. Los ensayos implicaron Shaker (vibraciones), que consistió en sacudir, vibrar la caja en sus tres (3) ejes y a diferentes frecuencias e intensidades, simulando la energía mecánica que va a recibir del lanzador; Termovacío, que replica el espacio, es decir, el vacío y con ciclados térmicos, a fin de probar que todo el hardware pueda funcionar a temperaturas muy bajas (bajo cero) y muy altas; y EMI-EMC, que garantiza la compatibilidad electromagnética del subsistema, tanto conducida (por cable) como radiada, transmitida y recibida.

Son ensayos exigentes, pero certifican que cada subsistema pueda resistir las condiciones del lanzador y su ciclo de vida en el espacio. La confiabilidad del sistema lo es todo. No se puede ir a repararlo una vez en el espacio, por eso casi todos los subsistemas del Saocom están redundados. A nivel satélite, se realizan ensayos similares, pero en equipos más grandes y, además, se suman los ensayos acústicos, debido al estruendo que provocan los propulsores del lanzador.

-¿Qué características tiene el satélite?

SAOCOM 1A se desarrolla en el marco del Plan Espacial Nacional, en la que INVAP es el principal contratista de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) para el diseño, fabricación, integración y ensayos del satélite. Se trata de un satélite de órbita baja (LEO) con una trayectoria de tipo heliosincrónica ubicada a una distancia de 620 km de la tierra.

Se dice que es heliosincrónica porque, por un lado, la tierra es el centro de la órbita (órbita geocéntrica) y por otro lado, el satélite gira en un plano sincronizado con el sol. Esto le permite al satélite estar iluminando la tierra y tener sus paneles solares apuntando al sol en todo momento, mientras da una vuelta completa a la tierra cada 90 minutos. En palabras más simples, si dejáramos la tierra quieta, la franja de observación sería equivalente a pelar una naranja sin quitar el cuchillo, de principio a fin.

La principal carga útil del Saocom es un radar de apertura sintética (SAR) de banda L polarimétrico (vertical y horizontal). Se dice SAR porque permite emitir haces móviles pese a tener una antena fija y, mediante algoritmos de procesamiento, se busca combinar la información obtenida en varios barridos de la antena para recrear un solo barrido virtual, como si la antena se hubiera movido en azimuth y elevación, pero en realidad fueron barridos desplazados electrónicamente.

Esta antena compuesta de siete (7) paneles, mide 10×3.5 metros y pesa alrededor de 1.5 toneladas. Aclaro que la antena fue desarrollada en Córdoba, en las instalaciones de la CONAE, mientras que la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) realizó los paneles solares en las instalaciones de Buenos Aires y, en la Sede Central de INVAP en Bariloche, se desarrolló la electrónica central, encargada de comandar el SAR, junto con la plataforma de servicio del satélite.

Todo esto hace que el satélite, en su totalidad, tenga un peso cercano a las tres (3) toneladas, el cuál será lanzado por la empresa líder Space X, de ElonMusk (también dueño de Tesla) en el Falcon 9, entre el 7 y el 9 de octubre.

-Cuando se lance el satélite, ¿qué tipo de datos aportará sobre la tierra?

-Los datos principales que arrojará el Saocom 1A son los relacionados a la observación terrestre, puntualmente, la medición de la humedad del suelo y aplicaciones en emergencias, tales como detección de derrames de hidrocarburos en el mar, seguimiento de la cobertura de agua durante inundaciones, incendios, volcanes y terremotos.

-¿El año que viene está previsto lanzar otro satélite con las mismas características?

-En principio está previsto lanzar el Saocom 1B en el segundo semestre del año próximo. El mismo se encuentra hoy en día en integración, pronto a realizarse los ensayos ambientales.

-Un sueño que esperó 18 años…

El proyecto Saocom, desarrollado por la CONAE comenzó en el 2000 y luego de 18 años de arduo trabajo, con la participación de diversos organismos y cientos de personas involucradas, se transformó en un sueño hecho realidad.

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