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“Gracias a ella llegó la justicia”, el dolor del padre de Brenda Arias al recordar a “Negrita”

De ese modo llamaban a Norma Garayalde, una madre que luchó hasta morir para que el crimen de su hija no quedara impune. Por eso cuando el miércoles pasado condenaron a 38 de prisión a Juan Murúa, su esposo solo pensó en ella.

Arias contó que cuando leyeron la sentencia se “quebró” y que solo pensó en “Negrita” porque por fin había “llegado la justicia”.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 19/11/2018 02:33
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Por la mente de Miguel Arias solo se cruzaron los 9 años de lucha incansable que llevó adelante su esposa; cerró los ojos y solo pensó en ella, se imaginó que de algún lado estaba viendo todo y conteniéndolo con un abrazo sin fin.

“Negrita” se fue de este mundo el 29 de octubre del año pasado. No falleció con la tristeza de su enfermedad, sino con el dolor de no saber si el hombre que habían detenido era el asesino de su hija.

La mañana del 10 de abril “Negrita” ya estaba enferma y a su marido le había sido bien clara: “Si no salgo a la calle a gritar no se hará Justicia”.

Ya no servía decirle que cuidara su salud, que la lucha y la angustia la habían arrastrado a su enfermedad, ella haría todo lo que estuviera a su alcance para que el asesino pagara ante la ley el haberle arrebatado a Brenda.

Hizo de todo, siempre fue el símbolo de esa lucha, encabezó marchas, no se detuvo nunca. Ese día y en pleno centro de San Luis se arrodilló ante el senador Adolfo Rodríguez Saá y le pidió que el caso de su hija tuviera una resolución. El encuentro fue de casualidad, pero cuando lo vio no dudó ni un instante en pedirle ayuda de manera desesperada. Su pedido fue desgarrador y el momento quedó grabado en un video que se hizo viral y que causó una gran sensibilidad.

Posiblemente esa imagen se recordará por mucho tiempo, sobre todo porque después de ello Murúa fue detenido el 3 de abril y después procesado por el delito de “homicidio agravado por el uso de armas de fuego”. Su aprensión se dio  24 días después del encuentro entre la madre y uno de los políticos más influyentes de la provincia.

“Se lo pido por favor doctor, no estoy pidiendo plata, le pido por el caso de mi hija, el más emblemático de San Luis”; así “Negrita” se desarmó diciéndole al cinco veces gobernador de San Luis.

“Le tengo que agradecer la firmeza que tuvo todos estos años y que no bajó los brazos; gracias a ella llegó la justicia y me hubiera gustado que ella estuviera”, reflexionó Miguel Arias.

“Sé que de algún lugar nos dio fuerzas, y esto fue un alivio más allá de que uno perdió. Mi señora luchó tantos años y en definitiva la vida hizo que no esté ahora con nosotros. Son dolores acumulados; ella siempre dijo que iba a pelear hasta último momento”, añadió horas después del desahogo que la condena de Murúa significó para toda la familia.

Arias contó que cuando leyeron la sentencia se “quebró” y que solo pensó en “Negrita” porque por fin había “llegado la justicia”, esa que ella siempre esperó y añoró hasta el lecho de su muerte: “Como creyente sé que ella nos vio desde algún lado y nos mandó sus fuerzas”.

“Cuando se empezó a enfermar yo bajé los brazos, diciéndole que no podía seguir apoyándola porque se estaba enfermando. El tiempo pasaba y no teníamos esperanza, así lo sentía”, explicó Arias durante la entrevista.

El padre de Brenda también contó lo que sintió al ver en el banquillo de los acusados al hombre que asesinó y después prendió fuego el cuerpo de su hija: “Lo miraba y me parecía increíble hasta dónde puede llegar una persona. No sé cómo explicarlo, parece una persona sin sentimientos”.

Este miércoles, el Tribunal de la Cámara de Apelaciones de Concarán que integraron Sandra Piguillem, Juan Saá Zarandón y José Sosa, condenó a Murúa a 38 años y 2 meses de prisión por “homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego”. Esa pena la tendrá que cumplir en la cárcel de La Botija.

El crimen ocurrió hace nueve años en Villa del Carmen.

Antes de quedar imputado en la causa, Murúa estaba alojado en la Unidad Penitenciaria N° 8 de Villa Dolores, desde febrero por intentar violar a una menor. Pero en sus antecedentes pesaban delitos por robo, amenazas calificadas, lesiones leves, coacción y privación ilegítima de la libertad calificada. Es el sospechoso de la desaparición de Marisol Reartes de 18 años y de su hija Luz Oliva de 2. Ambas fueron vistas por última vez en febrero del 2013 en Villa de las Rosas, Córdoba.

El 4 de abril el acusado fue indagado durante una hora y media por la jueza Patricia Besso. Allí Murúa reconoció que vio a la víctima el día de su muerte y que “planeaban reunirse en un bar” de Vila del Carmen. Sin embargo  se desvinculó del homicidio al decir que “finalmente” el 11 de julio, salió a cazar con un amigo y regresó temprano a dormir porque debía esperar el transporte que lo llevaría a su trabajo.

Ese 11 de julio de 2009 alrededor de las 21:30 Brenda salió de su casa. Iba hasta un bar para reunirse con Murúa y su novia, Carolina Pereyra.  Ese fue el último día que la vieron con vida.

El 27 de agosto, su cuerpo fue encontrado calcinado a 3 kilómetros de su vivienda.

Desde entonces la vida la “Negrita” se volvió un infierno.

“Si es Murúa me tendrán que traer pruebas e investigar a otros antes”, fue la frase más fuerte que dijo la mujer el 18 de abril en una conferencia de prensa.

Ese día le preguntaron si la detención del acusado tuvo que ver con el pedido que le hizo a Rodríguez Saá en la calle. “Sinceramente no lo había pensado de esa manera, pero todos me han hecho la misma pregunta y ahora me da qué pensar”, se expresó.

Y de ese momento también agregó: “Creo también que él (Rodríguez Saá) me tendría que haber llamado, porque yo no le falté el respeto, sólo le pedí por la justicia de mi hija. Me di cuenta que era un terco, que él me podía haber hablado de otra manera, o sea la simpatía y la manito al hom

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