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Luchan por sobrevivir en dos parajes puntanos; la poca agua que tienen está podrida

Son las comunidades de Santa Rita y El Valle que están conformadas en su mayoría por jubilados que eligieron allí su lugar en el mundo; para vivir y también para morir.

por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 20/11/2018 01:21
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Están pasando por un momento desesperante porque el suministro se agotó y hasta las plantaciones de sus huertas se están perdiendo. Tienen que comprar el agua y pagar costosos traslados. Pero otra solución de supervivencia no tienen. Es eso o dejar que se muera todo; o renunciar al arraigo de su propia tierra.

Los parajes están ubicados al noroeste provincial, a la altura del kilómetro 906 de la Ruta Nacional Nº 147, y son parte del departamento Belgrano. Están unidos por un camino de tierra de seis kilómetros y alejados de la capital puntana por unos 110 kilómetros.

Son en total 15 las familias que no quieren “bajar los brazos ni darse por vencidos”; entonces decidieron salir a contar “la realidad” que están sufriendo. Necesitan que el agua también sea digna como esas familias que aman su tierra y el campo.

La verdad que expusieron es que “desde septiembre las represas se quedaron sin agua” y que por eso los animales “se están muriendo de sed”. Encima, la poca agua que queda y que llega a sus casas “está podrida”. Resulta hasta inexplicable entender cómo situados a unos 6 kilómetros de un dique no puedan acceder al servicio que se merecen.

Así es la vida que llevan justo en un contexto de promesas donde el gobernador Alberto Rodriguez Saá planteó homenajear a los parajes “olvidados”. Bueno, Santa Rita y El Valle no parecieran estar en una lista de esas prioridades.

“No es lo mismo vivir en la ciudad, con los servicios instalados en la casa, que en el campo. No tenemos luz eléctrica, sólo paneles solares y para realizar el lavado de ropa u otros trabajos hay que usar grupo electrógeno”, le contó una vecina a El Chorrillero.

Ella y el resto de los habitantes tienen un solo deseo: “una mejor calidad de vida”.

“Aspiramos a que nuestros abuelos puedan tener acceso al agua, y que el día de mañana los niños puedan quedarse y no tener que decidir irse porque en el campo no se puede vivir”, expresó la mujer.

En la región hay un total de 42 ciudadanos: 24 en El Valle y 18 en Santa Rita. La mayoría son personas mayores que han pasado toda su vida en el lugar.

“El pozo público está en reparación, pero el agua no basta y es de sabor salobre”, expusieron en una página de Facebook (El Valle y Santa Rita) que abrieron exclusivamente para que el tema llegue a donde tenga que llegar.

Como si todo eso fuera poco sus huertas “están secándose” y el sacrificio que hacen cada día que amanece es “muy grande”.

“Compramos viajes de agua para no ver morir a nuestros animales, pero no hay bolsillo que aguante”, transmitieron para que se tome dimensión de una angustia que no tiene fin.

Para el consumo personal y también para que sus ganados no se mueran de sed tienen que salir a comprar el agua y afrontar importantes costos.

Con cada uno de esos traslados abastecen de unos 7 mil litros de agua, y les cuesta $1.500. Otras familias, en cambio, “transportan el agua en sus propios vehículos”.

Pero hay otro problema: el camino por el que transitan es de tierra y encima “está en malas condiciones”. Los autos se rompen con frecuencia y deben invertir en los arreglos porque en época de altas temperaturas los viajes “son constantes”.

“Somos familias que amamos nuestra tierra, nuestro hogar y el campo; pero las lluvias no son como hace 20 años atrás, la sequía nos está dando batalla y la seguimos peleando”, trasmitieron desde la comunidad.

La misma cantidad de kilómetros que tienen con la Ruta Nacional N°147 (seis en total), es la que los separa del acueducto de Nogolí. “La distancia parecería ser tan poca, tan cerca a nuestros hogares pero a la vez tan lejos”, reflexionaron a través de Facebook.

“Cuando nos enteramos que estaría tan cerca estábamos felices porque pensábamos que nuestra larga lucha contra la sequía se terminaría, pero no fue así”, relataron.

Si bien, en varias oportunidades presentaron notas pidiendo que se haga la unión a ese acueducto, hasta el momento no logró concretarse.

Tampoco hubo comunicación con autoridades del Gobierno provincial ni con los municipios aledaños, pero sostienen que “sí están al tanto de la situación”. San Luis Agua les comunicó que inició un relevamiento.

Por todo ello plantearon que “el acceso al acueducto sería nuestra gran arma para lograr un gran cambio de vida para nuestros queridos abuelos”.

“Que llegue el suministro a sus casas sin tener que andar haciendo fuerza con pesadas bombas (…) o rogando que llueva para poder tomar un vaso de agua en los veranos abrazadores”, sostuvieron.

Están convencidos que “sin agua no hay vida, sin vida no hay nada”.

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