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Así es la brigada minera “en peligro de extinción” que sacará a Julen del pozo

La última fase para el rescate de Julen ha comenzado. La Brigada de Salvamento Minero ha iniciado en el mediodía de este jueves la operación en el pozo del Cerro de La Corona, en Totalán (Málaga).

Harán minivoladuras con microexplosivos que no rompe sino que fragmenta la roca.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 24/01/2019 14:26
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En turnos de 30/45 minutos, trabajando “de rodillas, tirados o como puedan”, los mineros trabajan de dos en dos. Se comunicarán entre ellos y con la superficie con interfonos. Harán minivoladuras con microexplosivos que no rompe sino que fragmenta la roca. Golpearán con un martillo de cuatro kilos de aire comprimido. En 24 horas como máximo. “Ya veremos lo que lleva hacer eso, aquí no hay planos ni coordenadas, van a ciegas”, dice Santiago Suárez, que dirigió la Brigada entre 2005 y 2009.

“Es todo una incógnita, a la gente le gusta saberlo todo, pero ahí abajo, dentro de la tierra, sabes muy poco. Eso sí, una vez empiecen no van a parar, la ventaja es que adentro siempre está oscuro, para nosotros no hay noche ni día”.

De quienes inicien las tareas, “el primero se quedará en el ascensor mientras el otro abre camino, y cuando tengan un poco de terreno ganado empezarán a postear, a colocar postes para sujetar arriba y que no se les caiga la tierra encima”, continúa Suárez. “Y, luego, bueno, yo no estoy seguro de esto, pero imagino que cuando estén a menos de un metro de donde se cree que está el crío abrirán un hueco pequeñito y meterán una camarita, a ver si está ahí”.

Quiénes son los mineros de la Brigada

Son apenas ocho “guajes”. Ocho chavales discretos, callados y “fuertes como toros”, que moran como fantasmas en un hotel de Rincón de la Victoria (Málaga) y que viven para enfrentarse a la muerte. La que se llevó a algunos de sus familiares -“varios de los que van a bajar tienen muertos en la mina”-, la que acecha al pequeño Julen -11 días sepultado bajo tierra-, e incluso la que quiere llevarse para siempre su oficio. Su mundo se muere, pero ellos prefieren salvar a un niño.

Porque menos de un mes después del cierre del 99% de minas de carbón en España, la casualidad (o no) ha querido que el país entero se vuelva hacia estos ocho mineros asturianos, depositarios de una cultura centenaria, y les implore que saquen al pequeño Julen Roselló, de dos añitos e incierto estado tras 11 días ahí enterrado, del agujero en que se halla, a 70 metros bajo tierra. Y ellos, como manda lo que han mamado, “bajan y lo van a sacar, claro que lo van a sacar, cómo no lo van a sacar”, dice Santiago Suárez. “Esté en la cota 70 o más abajo, que no se sabe muy bien dónde está”, desliza.

Creada en 1912 y puede que herida de muerte con el cierre de las minas a las que durante décadas miles de hombres entraron a trabajar con una bota de vino colgada del hombro -“pero hace mucho ya que no, ¿eh?”-, la Brigada, una leyenda de entrega y sacrificio para cualquiera que haya puesto un pie en las Cuencas Mineras asturianas, se prepara para prestar el que será, quizás, su último servicio.

“Sería triste que todo esto se perdiera”, dice Santiago, y le tiembla la voz. “Esto”, más allá del acervo técnico al que se refiera este minero de 54 años, se resume fácilmente: en este mundo de Internet, big data e inteligencia artificial, para sacar a Julen “sólo vale una cosa, ¿oíste? Pico y pala, como hace un siglo. Unos chavales que confían a ciegas unos en otros, y que pim-pim-pim van pico y pala a sacar al chaval. Aquí ni tecnología ni leches. Es el hombre contra la piedra, y ayudado por otros hombres. A muerte. Porque la piedra va a estar dura, eso ya te lo digo yo, que por eso ha costado estos días llegar hasta ahí”.

Qué equipo utilizan los mineros

Al final, estos súperhombres capaces de vivir cuatro horas casi sin oxígeno, cavando tumbados a medio kilómetro bajo tierra, y de cruzar un tubo de 50 centímetros de ancho y tres metros de largo con un equipo de 15 kilos a la espalda (uno de sus ejercicios más exigentes), cuentan con el arma “más potente de todas” al decir de Santiago: el “compañerismo, confiar a ciegas en el otro, saber que pase lo que pase te va a sacar de ahí”, dice en pleno escalofrío.

Y casi sugiere una memoria genética que pasa de abuelos a padres y de padres a hijos, en un bucle tal vez condenado por los tiempos y por el carbón polaco -más barato y más fácil de extraer que el español desde hace 40 años-. “Si el trabajo de minero es durísimo, la Brigada lo es casi más”, se atreve Santiago, con cierto embarazo. “Un minero sabe que su compañero va a hacer lo imposible por sacarle de allí, pero cuando todo falla, cuando hay que salir corriendo y se llega más allá de lo imposible, ahí aparece la Brigada”.

La dureza del trabajo de estos muchachos, que “acaban formando un núcleo tan cerrado como una familia de lo mucho que dependen unos de otros ahí abajo”, se ilustra bien con el que es su otro compañero ahí abajo, esta vez técnico: los Equipos de Respiración Autónoma que usarán para llegar a Julen, un “trasto” de casi 15 kilos y que “no pueden manejarlo ni los bomberos”, dice Santiago.

Mientras los dispositivos usados en la lucha contra el fuego tienen una autonomía de respiración de 30 minutos con sus equipaciones, el “trasto” de la Brigada, que ha impartido seminarios sobre su uso “por todo el mundo”, llega a las cuatro horas con un mecanismo tan complejo como abrasador: los mineros respiran oxígeno puro, “medicinal”, de su botella, y ahí mismo lo devuelven, pasándolo por un cartucho de cal que retira el anhídrido carbónico. En suma, respiran su propio oxígeno durante cuatro horas, pero a unas temperaturas insoportables por mor del proceso químico. “La gente no lo aguanta… Pero estos chavales, con años de entrenamiento… Pues sí”, remata.

Junto con todo eso, nervios de acero, cuenta Celso González, 58 años, en la Brigada de 1992 a 2003: “Ahí abajo lo que no puedes ye ponerte nerviosu. Tienes que ser extremadamente tranquilo, porque la vida de tu compañero depende de ti… Por eso ves a los chavales entrar a la mina muy alegres, animados… Pero una vez dentro… Ay, amigo! La mina déjate muy templao”, zanja, por toda explicación.

La Brigada, con base en lo que queda del pozo Fondón, en Sama de Langreo(Asturias), trabaja también mucho “el paleo, hacen ejercicios constantes con la pala, que al final es la herramienta que van a usar para cavar lo más rápido posible”.

En definitiva, una labor de una delicadeza extrema para hombres habituados, recuerda Celso González, a enfrentar barbaridades como “tres meses de incendio bajo tierra, como vivimos en el Pozu Pumarabule”, también conocido como Pozu La Muerte. ¿Qué será lo más duro a lo que se tengan que enfrentar los chavales en Málaga? Celso no duda: “Cuando encuentren al crío. Eso va a ser lo más difícil seguro. No sé cómo estará, pero eso va a ser lo más complicado. Seguro”.

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