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Mauricio Macri vuelve desde San Martín de los Andes para despedir a su padre

El Presidente estaba con su familia en el Sur al momento de la muerte de su papá. El empresario tenía 88 años.

La muerte se produjo el sábado por la noche, en momentos en que el jefe de Estado estaba descansando en el Sur del país junto a su esposa.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 03/03/2019 10:40
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Mauricio Macri viaja desde San Martín de los Andes a Buenos Aires para despedir a su padre, Franco Macri, que murió a los 88 años. El empresario sufría problemas de salud que se agravaron en los últimos meses.

La muerte se produjo el sábado por la noche, en momentos en que el jefe de Estado estaba descansando en el Sur del país junto a su esposa, Juliana Awada, y su hija Antonia, después de la apertura del 137° período de sesiones ordinarias del Congreso.

Semanas atrás, el propio mandatario se había referido al estado de su padre en una entrevista con su asesor y filósofo Alejandro Rozitchner, cuando cumplió 60 años. “Hace más de un año está postrado ahí y si tiene algún momento de lucidez, la debe pasar muy mal”, dijo en ese entonces el Presidente.

El padre del mandatario había nacido en Roma, Italia, en 1930 y llegó a la Argentina cuando era adolescente. Después de trabajar como asistente de un ingeniero civil fundó una empresa constructora y con el paso de los años lideró el Grupo Macri-Socma, uno de los más poderosos de la Argentina. También incursionó en la industria automotriz (Sevel), sistemas de cobros (Pago Fácil) y la recolección de basura (Manliba), entre otros.

Como empresario construyó un emporio que abarcó desde la construcción de represas hasta la fabricación de autos y lo llevó a ser un referente del establishment nacional. Por su parte, los medios siguieron con interés su vida privada, sus romances y, también, la relación con su hijo Mauricio.

Su infancia estuvo marcada por la separación de sus padres y por la distante relación con su mamá. Macri solía decir que su vínculo con ella lo afectó para siempre. “Las heridas que dejó en mí la aparente facilidad con que mi madre me abandonó, primero en un colegio donde estuve pupilo, luego en la vida de Roma en época de guerra, no habían cicatrizado”, confesó en su autobiografía.

En su llegada al país lo acompañaron su hermano Tonino, de 14 años, y su pequeña hermana María Pía. Lo esperaba su papá Giorgio, que ya había empezado su camino en los negocios. Giorgio era accionista de SADOP (Sociedad Anónima de Dragado y Obras Portuarias) y había fundado, en 1955, la constructora Vimac. Así como el trato con su madre le dejó una cicatriz, el trabajo con su padre marcaría a fuego lo que sería su futuro como empresario.

Parejas y amores

Franco Macri siempre estuvo fuertemente vinculado con la dirección de compañías pero las revistas del corazón no dejaron pasar por alto sus romances. Sus amores empezaron, sin embargo, mucho antes de que los medios le pusieran el ojo encima, cuando no era una cara conocida del jet set argentino.

En 1959, después de haber abandonado la carrera de Ingeniería -solo hizo dos años- fundó Demaco, su primera empresa constructora, enfocada en casas baratas. Franco había obtenido la concesión de la obra civil que acompañaba al tendido del gasoducto de AGIP, la empresa italiana ligada al ENI (Ente Nazionale de Idrocarburi).

El empresario junto a Flavia Palmiero, una de sus parejas, en 1998.

En uno de los viajes de negocios a Tandil conoció a Alicia Blanco Villegas, con quien se casó. Tuvieron cuatro hijos: Mauricio, Sandra, Gianfranco y Mariano. Pero tal como confesaría años después, la distante relación con su madre pesaría en su vida privada. “Si bien no estoy seguro de cómo afectó mi relación con las mujeres, no tengo duda de que lo hizo”, supo afirmar.

Más tarde se casó con la psicóloga Cristina Cressier, con quien tuvo a Florencia. Aunque, otra vez, las cosas no funcionaron, y se separaron. Luego, Macri estuvo en pareja una y otra vez. Entre 1985 y 1989 su relación con Clara Bordeu ocupó las tapas de las revistas; más tarde, entre 1990 y 1997 salió con Evangelina Bomparola.

Franco y Mauricio Macri en el 2001, en el museo de Boca.

A continuación viviría uno de sus romances más resonantes, con la modelo y conductora Flavia Palmiero. Con ella convivió entre 1997 y 2000. La última pareja que se le conoció fue Nuria Quintela y, en los últimos años, no se mostró en público con nadie más. “Un hombre, sin una mujer al lado, no es nada. Hoy estoy solo y no me siento pleno”, dijo en febrero de 2009.

Los negocios y el poder

Macri fue afortunado en los negocios pero desafortunado en el amor. Porque mientras sus relaciones no avanzaban, sus compañías prosperaban.

Uno de sus grandes logros empresariales fue vincularse con Fiat a través de una subsidiaria, Impresit, dedicada a construir obras civiles. Su trayectoria en esa firma -de la que era socio minoritario- fue de menor a mayor. En cinco años pasó a ser Impresit-Sideco (Silos Demaco Compañías) y 15 años más tarde Macri era el dueño del paquete accionario de Impresit-Sideco y del 85% de las acciones de Fiat Sevel Argentina, que sería el alma de su emporio económico y empresarial. Se forjaba así el nombre de un hombre que, de solo nombrarlo, era sinónimo del management nacional.

Con los años, Macri fue diversificando su cartera de negocios. En 1979, con la economía en manos de José Alfredo Martínez de Hoz, compró el Banco de Italia, del que fue presidente del directorio en 1980. Al año siguiente, vendió sus acciones. Aquella época le traería un dolor de cabeza: toda la gestión fue denunciada en 1987 por el Banco Central e investigada por la Justicia. Al recordarlo, Macri no dudaba en catalogarlo como uno de los errores más grandes de su vida.

Por encima de todo, como un gran paraguas empresarial, estaba SOCMA (Sociedad Macri). Franco había creado esa firma en 1976 como un gran holding que contuviera todos sus proyectos. Desde allí manejaba todas sus firmas y, ni más ni menos, una facturación de US$ 100 millones anuales.

En el portfolio de inversiones de SOCMA hubo negocios como la construcción de la represa de Yacyretá, el puente Misiones-Encarnación, la central termoeléctrica de Río Tercero y de Luján de Cuyo y la recolección de residuos de la Capital Federal a través de la empresa Manliba (Mantenga Limpia a Buenos Aires).

Su carrera empresarial era imparable. Para entender el fenómeno basta con saber que, para 1983, tenía 47 empresas, entre ellas Sevel Argentina (automotriz), Sideco Americana (construcciones), Socma Corp (financiera), Manliba (recolección de residuos), Itron (electrónica), Solvencia de Seguros (aseguradora), Prourban (inmobiliaria), Iecsa (instalaciones mecánicas, Perfomar (perforación petrolera), y fabricación y venta de autos Fiat y Peugeot. Estas últimas firmas lo coronarían, en la Argentina de la hiperinflación, las devaluaciones y la inestabilidad económica, como el rey de la industria automotriz. Incluso, llegó a presidir en los 90 de la convertibilidad la Asociación de Fábricas de Automotores de la Argentina (Adefa).

Sus compañías, sin embargo, no quedaron atadas al sector privado. Además de las licitaciones de obra pública ganadas por SOCMA, Macri hizo negocios con el Estado durante los gobiernos de Carlos Menem y Néstor Kirchner.

En los ’90 recibió la concesión del Correo, que prestaba Encotesa, y que en manos de Franco pasó a ser Correo Argentino. Luego, Kirchner rescindió ese contrato y el Correo volvió a manos del Estado. El empresario se había presentado en concurso preventivo de acreedores en septiembre de 2001, durante la crisis del gobierno de Fernando De la Rúa.

Su paso por el Correo fue, al igual que el Banco de Italia, un trago amargo. “Tengo confianza en la verdad y (espero) que la razón finalmente se imponga. No estoy buscando que me devuelvan el Correo, sino que se cierre esta pesadilla con la Justicia”, afirmó sobre el tema en su autobiografía.

Una voz controversial

“Los empresarios argentinos son una bolsa de gatos” o “la Argentina es un país anti industrial” llevaron a Macri a la tapa de todos los diarios. Su lengua filosa, como su habilidad para los negocios, era incontrolable. Si lo pensaba, lo decía. Tenía la experiencia y la trayectoria para resistir los embates mediáticos.

Y los temas sobre los que opinaba no se limitaban al ámbito empresarial. En 2009, mientras su hijo soñaba una carrera política a lo grande, su padre fue determinante: “Mauricio no debe postularse para Presidente”. En ese entonces, Cristina gobernaba y el mayor del clan Macri quería sucederla. Pero esas declaraciones eran, ni más ni menos, un balde de agua fría al fuego del poder. “Hay que apoyar a los Gobiernos para que tengan éxito y el kirchnerismo no es la excepción”, agregó en aquellos años.

Luego de dos años de mandato de su hijo en la Presidencia, Franco cambió su postura frente a la gestión de los Kirchner: “La gente se da cuenta de que hay que dejar atrás un pasado desastroso”.

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