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La droga se adueñó de Fraga, “se está comiendo a los jóvenes” y el pueblo sangra

Es concreto y es real: los jóvenes están sufriendo las consecuencias de las adicciones porque la venta de estupefacientes crece sin control. Todos lo ven, pero nadie puede hacer nada. Hay miedo y mucho dolor.

Fraga, donde la droga se instaló sin control. Así lo expusieron los propios vecinos.
por Catalina Ysaguirre / San Luis
Actualizada: 06/03/2019 20:03
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Las muertes de dos jóvenes fueron un cachetazo para una comunidad que decidió no callar más.

Los habitantes del pueblo salieron a la calle para clamar por ayuda porque “la droga se está comiendo a los jóvenes”. Así el problema se expuso como nunca antes. Exigieron a las autoridades que “reaccionaran” porque ya no pueden perderse más vidas.

Unas horas después de una asamblea que se sintió con fuerza, la localidad se llenó de funcionarios con las promesas de que pondrán en marcha un operativo de prevención sobre adicciones; pero antes tuvieron que morir dos chicos de 17 años.

El Chorrillero visitó la localidad y fue testigo de una realidad que alarma en las entrañas de un poblado donde el progreso parece haberse estancado. De la droga hablan todos, en cada esquina, pero lo hacen con miedo.

Los chicos fuman marihuana “como si fuera un cigarrillo”, es el primer dato que se animan a decir. Pero el drama es más profundo y cuando las voces salen, coinciden en lo mismo: “Los jóvenes no tienen nada para hacer”, sin embargo a la droga la tienen a la vuelta de la esquina y allí se refugian. Ven pasar los días lejos de los estímulos que les permitan creer en un futuro mejor.

Los vecinos ven “falta de progreso” y de políticas de “educación y trabajo”.

No se sabe por qué pero no hay políticas que fomenten el estudio (los chicos dejan la escuela entre los 12 y los 15 años); no hay actividades culturales ni deportivas. Hay una biblioteca que no funciona y no se pudo indagar qué pasa con ese edificio pintado de multicolor. El Centro Educativo N° 22 “Historiador Urbano J. Núñez” tiene alrededor de 100 alumnos en el nivel secundario, y la deserción es una realidad.

De vez en cuando hay algún baile que organiza la Municipalidad; de lo contrario los que quieren divertirse viajan hasta Villa Mercedes desafiando el peligro que se enciende cuando emprenden el regreso a casa después de una noche de boliche.

Dicen que los chicos “no hacen nada” porque no tienen a su alcance un pasatiempo mejor que los capture de la calle. Solo hay un club de fútbol que subsiste a las sombras de la gestión municipal. Esa perece ser la única luz que brilla para un grupo de 50 jóvenes, aunque el lugar donde entrenen sea un potrero abandonado.

El potrero, donde se practica el único deporte del pueblo.

A las 9:30 de cualquier mañana, el pueblo todavía duerme. Está a un costado de la Autopista de las Serranías Puntana, entre San Luis capital y Villa Mercedes. Es chico pero esconde secretos a voces. Se calcula que viven allí unas 1800 personas.

Uno detrás del otro, dos amigos decidieron quitarse la vida y hoy el drama los alcanza a todos. Los suicidios cavaron hondo; sonó una alarma que nunca antes se había escuchado y sacudió al Gobierno que no miraba. Los chicos formaban parte de un grupo que hoy mantiene a los vecinos en la misma línea de preocupación.

Recién ahora la noticia son los talleres de prevención de droga y de suicidios, y también lo es la decisión política de atender de una manera más coordinada (con seguridad y educación) un flagelo que a todos se les escapó de las manos hace tiempo.

La plaza principal.

Este medio habló con un grupo importante de vecinos para confirmar que la droga no era una sensación y que como en otros pequeños poblados de la provincia, las sustancias prohibidas están haciendo estragos con los jóvenes.

Todos se conocen entre todos, eso es suficiente para explicar el temor a la hora de hablar. Sin embargo fue posible recolectar algunos datos que estaban ocultos y que nunca fueron más allá de las pocas cuadras que rodean a Fraga.

Así se pudo reconstruir que los habitantes, inclusive las autoridades conocen cuáles son las viviendas que funcionan como “kioscos”. También es “vox populi” quiénes son las personas responsables de la comercialización; y cómo ingresa a la comunidad: “hasta el color del auto que la trae”.

¿Si todos saben, por qué nadie hace nada? ¿Por qué el pueblo tuvo que sangrar para que llegaran las acciones? ¿Por qué la División de Lucha contra el Narcotráfico no actuó de inmediato las veces que el pueblo acusó a los transas? ¿Por qué los vecinos tienen que vivir con miedo mientras alrededor sus hijos y sus nietos se están aferrando a un mundo que les roba las ganas de vivir?

El Chorrillero fue testigo del miedo y también del malestar hacia la gestión de la intendenta Antonella Gil. Cuestionaron las pocas expectativas de progreso que muestra el pueblo (la falta de obras) y hasta “el apriete” que sufren los empleados o beneficiarios de alguna ayuda social, si tienen algún contacto “con la oposición”. Además “la falta de políticas” que ofrezcan un horizonte de más educación y oportunidades de un trabajo digno.

 

La Intendencia.

El Chorrillero intentó hablar con la jefa comunal, pero justo ese día no se encontraba en el edificio; primero su secretaria informó que estaba en el médico, en Villa Mercedes, y después que otro trámite la tenía retenida en Dosep. Quedaron así pendientes todos los interrogantes.

“Acá está la droga está”

María Orellana es madre y abuela. Uno de sus nietos tiene problemas de adicción y vive el dolor en carne propia. “En este lugar está la droga, la Policía sabe y nadie se preocupa. Uno de esos chicos era mi sobrino”, fue la frase más contundente que dijo.

Su casita está en una de las esquinas de la plaza principal y es muy conocida porque vende pan casero. Está sobre un terreno propio y la edificó con su esposo. Habló con firmeza y como uno de esos padres “que se está ahogando en el dolor”.

María Orellana.

“La preocupación que tenemos son los jóvenes, y pedimos que nos ayuden porque los padres no sabemos cómo hacerlo. La Policía, la Municipalidad y la escuela, todos tenemos que unirnos. Es un pueblo tan chico que quedamos dolidos, son como nuestros hijos los que se fueron de nuestro lado”, aseguró la mujer en referencia a los jóvenes que se suicidaron.

“Está la droga pero no lo podemos decir porque sabemos que corremos peligro, que estamos amenazados. Que la Policía investigue. Le pedimos a la intendenta que nos ayuda también”, dijo Orellana.

Ella cree que “nadie los escuchó” y que por eso llegaron a este momento (siguen pensando en cortar la Autopista de las Serranías Puntanas si las cosas no cambian). “Ya se venía avisando de esto que hacían los jóvenes, pero hoy es más profundo el problema. Hoy no se los puede controlar como antes”, añadió la mujer.

“Sí se habla el tema droga, y también hay una depresión generalizada en los jóvenes, desde hace mucho tiempo que se habla pero nadie se hace eco”, dijo por su parte otra vecina, Mariela Ghibaudo.

“El problema evolucionó en los últimos dos o tres años; se hizo más masivo, no hay control”, añadió en declaraciones a este medio.

Se quejó porque se observa que “los jóvenes están a la deriva” y que “no tienen contención”.

Mariela Ghibaudo.

“La preocupación es que esto no sea colectivo, hay temor porque hay núcleo de amigos; sus familias y todos los vecinos estamos preocupados. El pedido fue la contención urgente”, aseguró Ghibaudo.

José Lucero, también habitante de la localidad describió que el mayor problema son las drogas y el alcohol, y que hay “una desprotección”.

José Lucero.

“Los chicos terminan el primario y abandonan la escuela”, aseguró, inclusive hizo hincapié en la falta de políticas deportivas que contribuyan y contengan en este momento: “Hay jóvenes que necesitan ayuda, que no pueden con este tema, estamos pidiendo colaboración”.

Lucero es una de las personas que integra el Club Sportivo Fraga que participará en los campeonatos de la Liga Sanluiseña de Fútbol después de algún tiempo. “Hay un grupo de 50 chicos, estamos entrenando en una cancha, pero cuando empezamos nos cortaron el agua”, dijo y se lo atribuyó a las diferencias ideológicas entre la intendencia y quienes trabajan para sostener el equipo.

Centro de Salud.

Los dos chicos que el pueblo llora tenían problemas con la droga, los datos que reunió este medio así lo confirmaron. Vivían tal vez situaciones diferentes, pero estaban unidos por el mismo flagelo.

Ahora el área de salud, según pudo confirmar El Chorrillero, se está ocupando de otros dos casos complicados: dos amigos que padecen de adición y también la tristeza de pasar los días sin esos compañeros que prefirieron poner fin a sus vidas.

La Policía local actuó en ambas muertes y realizó las actuaciones que estos casos requieren. Reconstruyó así las horas previas de los chicos (de quienes este medio reservará las identidades) que se suicidaron.

La Subcomisaría.

Se sabe que cuando “explotó” todo los policías de Narcotráfico de la provincia empezaron a mostrarse con los controles en el pueblo. No fue posible conocer si se está haciendo una investigación profunda a partir de la denuncia pública y las certezas que plantearon los mismos lugareños.

Lo único que se sabe es que el ministerio de Seguridad dio la orden para que se ponga una cámara de seguridad y dispuso que se sumaran dos efectivos más a las guardias de la Subcomisaría.

Todas estas se asoman como acciones precipitadas por un Estado que estaba ausente. El pueblo se desgarró por la muerte de dos jóvenes y por primera vez se reveló ante las autoridades. Ahora esperan.

Pero no solo a Fraga se le vino la droga encima. Los datos revelan que el panorama es el mismo en muchas otras ciudades que se mantienen mudas.

Equipo periodístico: Catalina Ysaguirre (texto); Antonella Camargo (entrevistas); Marcos Verdullo (fotos); Víctor Albornoz (videos); Nicolás Miano (edición)

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