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“Dios mío, que se le terminen las municiones”, el relato de los sobrevivientes de la masacre de Nueva Zelanda

Decenas de personas esperaban el comienzo de uno de los sermones en la mezquita Al Noor cuando Brenton Tarrant entró y empezó a disparar.

Con la ropa ensangrentada, un sobreviviente cuenta cómo fue el ataque.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 15/03/2019 21:15
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“Rezábamos y se desató el infierno”. Expuesto, desesperado y buscando no llamar la atención durante minutos interminables, Ramzan Ali solo podía esperar. En esos infernales minutos, como testigo de la matanza de la mezquita de Al Noor de Hagley Park, atacada por el asesino Brenton Tarrant, Ali estaba recostado debajo del banco de la sala principal donde se encontraban los fieles aterrorizados. Sus piernas sobresalían por uno de los costados.

Levantando apenas la mirada, Ali vio a su primo herido en una pierna y a otro hombre muerto. La sangre brotaba a su lado y los disparos lo rozaban por todas partes. Cuando el atacante entró al lugar, decenas de personas comenzaban una plegaria: el silencio cubría todo, de manera “pacífica, tranquila y silenciosa”, dijo otro testigo. “Cuando empiezan los sermones hay mucho silencio, podés escuchar si un alfiler se cae al suelo”, agregó. En ese instante se desató la matanza.

La mezquita Al Noor, escenario de un tiroteo perpetrado este viernes en Christchurch, Nueva Zelanda

“Escuchamos los disparos y los gritos de la gente presa del pánico”, recordó Nour Tavis, que también estaba en el lugar. “Pensé: como hago para salir de acá”, continuó. En ese entonces Tavis vio a una persona que abría una ventana y escapaba al exterior. “Era la única vía de escape. Lo seguí y logré también ponerme a resguardo”. Tavis corrió, saltó una valla de un metro y medio y golpeó la puerta de una casa cercana. Le abrieron y lo dejaron entrar.

Cuando el asesino se fue, Tavis regresó y vio a la gente tirada en el piso, tanto dentro como fuera del lugar: muchos estaban muertos y otros, heridos. “Había personas que se estaban desangrando, muriendo. Fue terrible”, le dijo a ANSA.

Mahmood Nazeer también logró escapar de la mezquita. Cuando escuchó disparos, se dio cuenta de que tenía pocos instantes para lograr sobrevivir: entonces salió por una puerta secundaria y se escondió abajo de uno de los autos en el estacionamiento.

Médicos trasladan a un herido hacia el hospital.

Al igual que Nazeer, varios entendieron inmediatamente lo que pasaba y lograron ponerse a salvo en el estacionamiento. Pero todo fue muy diferente para Ramzan Ali, de 62 años, de Fiji: el hombre estaba atrapado adentro de la mezquita. El atacante entró y comenzó a disparar. “No lo vi directamente”, porque al no tener tiempo ni espacio para escapar, solo tuvo la opción de acostarse debajo de un banco. “Estaba allí y pensaba: si me levanto, me matará”. Ahí esperó. “La sangre de otra persona me salpicó. No sabía por cuánto tiempo más iba a estar vivo”, relató Ali.

Sacar de allí a 300 personas no fue fácil, porque el atacante había entrado por la puerta principal y solo hay dos puertas más a cada lado de la mezquita. Mientras tanto, Tarrant disparaba innumerables veces, recargaba, disparaba y luego salió de la habitación, disparó nuevamente, recargó y regresó. “Tarde o temprano los disparos deben terminar, pensé, y recé: ‘Dios mío, por favor, que terminen los tiros'”, detalló Ali.

Una persona que estaba sentada a su lado le dijo que no se moviera y en ese momento, el asesino lo vio. “Lo mató disparándole directamente en el pecho”, contó Ali.

“Mi primo, que estaba sentado a mi lado, recibió una bala en la pierna”. El agresor disparó entonces repetidamente contra los cuerpos amontonados, para que nadie pudiera escapar. Pero al final, Ali sobrevivió, ileso: “Fui el último hombre en salir con vida. Puedo decir que fui un milagro. Tuve suerte, Dios me ayudó”.

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