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Ahora Francisco dice que hay que ayudar a Mauricio Macri

El Papa apoya el diálogo que el Gobierno impulsa con la oposición como en su momento manifestó, en privado, su respaldo a la entonces presidenta Cristina Kirchner.

El papa Francisco dice que hay que ayudar a Mauricio Macri.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 12/05/2019 17:30
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La crisis económica que comenzó en abril del año pasado con la trepada del dólar, potenciada por la creciente tensión política ante las cruciales elecciones presidenciales de octubre, provocó en las últimas semanas un significativo acercamiento entre el Gobierno y la Iglesia –con el aval del Papa detrás- tras los roces que tuvieron luego de que el presidente Mauricio Macri habilitara en febrero de 2018 el debate en el Congreso sobre la legalización del aborto, rechazada meses después en el Senado.

La decisión de la Casa Rosada de convocar –inicialmente a los principales dirigentes políticos de la oposición- para buscar acuerdos básicos, particularmente en materia económica, que permitan estabilizar los mercados, temerosos de un triunfo de Cristina Kirchner, mereció un decidido respaldo de la Conferencia Episcopal, si bien puso un par de condiciones, pero para darle una mayor envergadura a la sorpresiva propuesta del oficialismo.

En respuesta a la carta que le envió el Presidente –como a los demás actores-, los obispos pidieron que la convocatoria sea lo más amplia posible: que incluya a otros sectores de la vida nacional -como los empresarios y los sindicalistas- y que los temas sean acordados entre todos e incluyan cuestiones como el combate a la pobreza. A la vez que expresaron su anhelo de que el “diálogo sea fructífero”, es decir, que tenga resultados concretos.

Más allá de que el Gobierno pareció hacerse eco inmediatamente de las sugerencias de los obispos, el apoyo de la Iglesia es importante porque la iniciativa de la Casa Rosada fue criticada, no sin razón, por tardía y más que ardua de cara a su concreción en momentos en que comienzan los aprestos para la campaña electoral y los futuros candidatos de la oposición toman distancia del Gobierno, sobre todo ante su caída en las preferencias del electorado publicó TN.

Tras algún sonoro rechazo, las respuestas –con matices- fueron favorables. Cabría preguntarse cuánto ayudó la posición de la Iglesia. Salvo la indefinición de la muy probable candidata presidencial que optó (tal vez para escaparse “por arriba”) por doblar la apuesta y reclamar un “contrato social”, que implica –dijo- un compromiso de los empresarios de cumplir con concesiones como no subir los precios.

La reacción de la Iglesia es coherente con su posición histórica. Desde la crisis de 2001, cuando logró la conformación de una Mesa de Diálogo que resultó socialmente muy contenedora, los obispos vienen reclamando la búsqueda de consensos en torno a políticas de Estado en cuestiones como la lucha contra la pobreza, la inclusión y calidad educativas, la reforma política y la consolidación de la independencia judicial.

La concreción del anhelo de la Iglesia se complicó en la última década al compás de la profundización de la grieta política que divide a buena parte de los argentinos, especialmente fomentada por el kirchnerismo en el gobierno bajo la consigna de dividir para reinar. Y sostenida por el macrismo en el poder, convencido que la polarización con el kirchnerismo facilita sus chances electorales.

Pese a ello el Episcopado sigue con su prédica, que cuenta con el decidido apoyo del Papa Francisco, como se vio claramente en los encuentros que tuvo recientemente con los obispos argentinos que le realizaron la tradicional visita “ad limina”, al deslizar su preocupación por la polarización que lastima al país y la necesidad de avanzar en la “cultura del encuentro”.

Así las cosas, Francisco termina respaldando una iniciativa a la que el Gobierno se aferra para sortear la tormenta económica. Acaso pasó del “hay que ayudar a Cristina” al “hay que ayudar a Mauricio”. Aunque, parafraseando a Jorge Luis Borges, no parece moverlo el “amor” a uno u otro presidente, sino el espanto ante el futuro de su país.

Claro que ello implica gestos de grandeza de los dirigentes, más allá de los evidentes errores del oficialismo. Sea como fuere, el país no puede estar en “modo pausa” hasta que asuma el nuevo Gobierno. El sufrimiento de muchos argentinos interpela a la dirigencia.

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