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Cómo funciona la cocina de una iglesia que da de comer a casi 300 personas

Subsiste con la ayuda exclusiva de las donaciones. Y los platos se elaboran no solo dependiendo de la comida que llega todos los días, sino a partir de una planificación y un trabajo motivado por la solidaridad hace ya muchos años.

Cocinar todos los días para hacer el bien.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 07/10/2019 09:27
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Nada sería posible sin los kilos de pan, los litros de leche y las mercaderías que donan algunas fábricas, comercios o particulares; ni tampoco sin el dinero que los fieles aportan mensualmente para que a diario se compren los kilos de carne, las verduras o las frutas.

La cocina es el corazón de la Parroquia San Roque, y su funcionamiento hace que la misión más importante se lleve adelante. Se hace mucho, pero todavía hay cosas que faltan por concretarse. Es un punto de referencia y un sitio adorado para las más de 40 familias que encuentran allí un plato de comida caliente.

De lunes a viernes en ese rectángulo, construido en el patio de la iglesia, acondicionado con hornos y frezzers se respiran olores a comida como hecha en casa, y también mucha esperanza. Pasan historias, pasan las realidades que no se cuentan con las noticias a diario.

San Roque no tiene espacio para que 260 personas coman dentro del edificio, por eso elabora la comida y las familias retiran sus porciones cada mediodía (de lunes a viernes y desde hace años), acompañadas por el pan y una fruta; inclusive (cuando hay) se agregan dos o tres litros de leche dependiendo de la cantidad de chicos que tenga cada madre.

La tarea comienza a las 8, todos los días en la cocina.

Los martes y los jueves, en el salón donde se dan clases de apoyo y un espacio de contención, los colaboradores sirven la merienda a los chicos (a través de los merenderos 22AG); y los sábados a ese mismo grupo (junto a las mamás) les preparan el almuerzo a 94 personas en total. La misión solidaria no duerme en Caritas Parroquial de esa parroquia.

Para repartir la comida durante los cinco días hábiles de la semana, los coordinadores llevan el control en un cuaderno donde registran cada vez que retiran; pero también es donde tienen una lista de personas en espera a las que van sumando cada semana de acuerdo a las prioridades y las necesidades que viven esas personas; por eso el número de las raciones crece constantemente. Son en su mayoría madres solteras, jefas de hogar que perciben la Asignación Universal por Hijo (AUH) o algún plan social. Son en total 76 familias (unas 272 personas). También hay ancianos que viven solos, que son jubilados, pensionados o que no tiene nada.

Las cocineras y una entrega diaria para hacer el bien.

Si bien las diócesis funcionan por jurisdicción, San Roque recibe personas que llegan hasta del Barrio Eva Perón, Ampya, Aeroferro o del 500 Viviendas Sur, o Padre Mujica, 9 de Julio y República. Además de eso, toda la zona que contiene la tradicional iglesia ubicada sobre avenida Justo Daract.

A mitad de la semana pasada, se preparó pollo con ensalada rusa. Fue el miércoles, y estaba frío. El Chorrillero conoció desde adentro cómo son las personas que le dan sentido a todo, cómo funciona la cadena solidaria que sostiene a cientos de personas con necesidades.

Dos cajas de pollo, 10 kilos de zanahoria, 40 kilos de papas y 60 huevos. La misión de Graciela, Gladys, Natalia y Noemí comienza alrededor de las 8. Años atrás (cuando algunas de ellas se sumaron a la tarea) todos eran voluntarios. La más antigua, Graciela, lleva cinco años haciendo lo mismo, y con sus compañeras pasan la mañana escuchando historias que están siempre llenas de necesidades: “Estoy acostumbrada a estar acá, es un bien para la gente lo que hacemos. Ellos nos cuentan lo que les pasa, los problemas”.

Ese día a las 10, las responsables de la cocina ya habían pelado todas las papas y las zanahorias, y estaban listas en cuadraditos para ser hervidas. Dentro del horno ya chirriaban los pollos a más de 30°C. Una hora después, cuando todo estaba casi listo comenzaron a llegar los primeros beneficiarios. A las 11:45 el plato estaba a punto para empezar a entregar. Ese día se completó la entrega con 40 kilos de pan, un poco más de un cajón de mandarinas y más de 30 litros de leche.

El pollo con la ensalada rusa.

“Nuestro objetivo es entregar antes del mediodía, para que los chicos coman antes de ir a la escuela. Viene gente constantemente, la anotamos y la sumamos a medida que se puede. Se entregan 260 viandas porque es la cantidad que alcanzamos a hacer con todas las donaciones. Cuando viene gente en situación de calle y nos quedó comida, la entregamos, pero no siempre nos sobra”, explicó Silvio, el coordinador de las tareas.

Contó que tienen el asesoramiento de una nutricionista, y que así logra armar una dieta equilibrada, con carnes y verduras. Son típicos los guisos de arroz con pollo, o de lenteja, los spaghetti a la bolognesa, fideos al pesto, los estofados y hasta los zapallitos rellenos, las milanesas de berenjena o las tortillas de acelga.

Hizo hincapié en la lista hay al menos 80 madres solteras, entre ellas muchas están sin trabajo y tienen más de tres hijos, y hasta cinco para darles de comer. “El hambre no tiene distinción, nosotros no preguntamos de qué parte de la ciudad vienen, o de qué religión. Cuando tenemos no decimos nunca que no; pero la realidad es que cocinamos siempre dependiendo de las donaciones que nos llegan”, añadió.

La solidaridad es tanta, que la iglesia ha podido montar un roperito y asiste todas las necesidades que se van presentando.

“La parroquia es un cuerpo con dos corazones, este es el que bombea todo el amor solidario”, sintetizó el padre Alan Sosa Tello, cuando empezó a contar cómo trabaja esa cocina que no conoce de descansos.

“Son muchas las familias que se van adhiriendo día a día, y hay que contemplar las situaciones, elegir entre el que necesita y el que más está necesitando. Y en eso la prioridad la tienen las mamás solas, y los niños por sobre todas las cosas, también los ancianos”, explicó el sacerdote a cargo de la iglesia.

Desde diferentes puntos llegan las familias a buscar sus platos de comida.

“Lo que nos falta es llegar a la realidad de cada uno de ellos, ese es mi sueño, poder lograr un proyecto de vinculación sociocomunitaria. Siempre hay cosas por lograr y trabajar mancomunadamente con los diferentes actores de la sociedad”, indicó el padre.

En la Parroquia San Roque lo más necesario es la verdura y la carne. A veces se hacen milagros para comprar lo justo y ofrecer una alimentación equilibrada. Por eso lo que llega se recibe como una bendición. Para ayudar solo hay que acercarse a la Secretaría en horario de comercio.

Y los que tienen poco o casi nada valoran que eso exista porque tiene donde buscar un plato de comida para llevar a casa.

Los que hacen posible que todo funcione en la cocina de la Parroquia San Roque.

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