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El fugitivo Jesse Pinkman se dedica a sobrevivir en El Camino, la secuela de Breaking Bad

La serie terminó en 2013, después de cinco temporadas. Pero los fans siguieron muy atentos los anuncios de esta secuela con formato película. Un divertido ejercicio de nostalgia que funciona (menos) como película aislada.

El Camino recapitula el origen de este escape y las circunstancias del duro encierro de Jesse.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 11/10/2019 22:02
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Dos hombres de ropa oscura, parados frente a la inmensidad de un paisaje seco, semi desértico, discuten las opciones para iniciar una nueva vida. Son dos personajes icónicos para los seguidores de Breaking Bad: Jesse y el veterano Mike. Desde la primera escena, El Camino señala la dirección de lo que se verá en las siguientes dos horas. Una huida hacia adelante, una crónica de fuga, porque el querible Jesse Pinkman, el chico que se convirtió en socio de Walter White (Bryan Cranston) en la venta de metanfetamina, sigue dedicándose a sobrevivir.

Escrita y dirigida por Vince Gilligan (Breaking Bad, Better Call Saul), El Camino recapitula el origen de este escape y las circunstancias del duro encierro de Jesse. Una de las varias concesiones al formato original, porque El Camino es una especie de híbrido, una película que no se concibe en total independencia de la serie. Vienen bien, los datos de lo que pasó, para los desmemoriados, que al fin y al cabo pasaron ya varios años desde el cierre de BB.

Con un guión concebido como un largo flashback, algo delirado y confuso, con largas secuencias que parecen quedarse a vivir en situaciones de puro homenaje al original. Muy seguro de satisfacer las ganas de seguir viendo a Pinkman (y sí), y desde ese lugar, con una convicción notable y contagiosa. Por cierto, un tono irregular, que cruza el ritmo de thriller y el suspenso con esa estructura de largas secuencias, que fue marca de Breaking Bad, y aquí continúa.

Con mucho humor negro y algunos momentos realmente divertidos y hasta hilarantes, con diálogos brillantes (hay que ver a los amigos reencontrados de Jesse, en el principio, o al imprevisible Todd que compone el colorado Jesse Plemons). Y un despliegue formal generoso. Desde juegos casi excesivos con los encuadres, tomas al revés y ángulos de cámara, al regodeo con la fotogenia de las locaciones, esas de seca belleza natural y aquellas de casas y edificios de mala calidad. Con una fotografía lucida, que vuelve a abrevar en el cómic y el western, al servicio de la aventura del protagonista. Un muy buen Aaron Paul a cargo de un Jesse roto, magullado hasta el alma, que todo el tiempo está al borde del colapso emocional. Pero que encarna el peligro -y el coraje-, de quien no tiene nada que perder. Mientras, en su huida, va encontrándose con las noticias, y la radio, y la tv, siempre hablan de él.

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