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Murió la actriz Silvia Montanari

Estaba internada hacía varios días en el Sanatorio Providencia por un tumor.

Estaba internada desde hacía varios días en el Sanatorio de La Providencia por un tumor.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 26/10/2019 10:24
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La actriz Silvia Montanari falleció en la madrugada de este sábado a los 76 años. Estaba internada desde hacía varios días en el Sanatorio de La Providencia por un tumor.

Sus restos serán velados esta tarde en la Cochería de Avenida Córdoba y Thames en Palermo, desde las 16.
La acompañaba su hijo Rodrigo Aragón, actor y cantante, que vive en Miami y viajó especialmente a Buenos Aires para estar con su madre.

Una de las últimas apariciones públicas de Silvia se había producido en marzo, durante la entrega de los Premios Podestá, organizado por la Asociación Argentina de Actores. La ceremonia se llevó a cabo en el Palacio San Miguel y hubo cerca de mil actores.

El año pasado, Montanari había protagonizado la obra Mujeres de Ceniza, junto a Luisa Albinoni, Zulma Faiad y Liliana Pécora.

Y estaba entusiasmada con un proyecto teatral: un unipersonal sobre su vida con el que pensaba recorrer el país.

El teatro la mantenía activa. Pero se había alejado de la televisión. “Brujas, Tengamos el sexo en paz, Hollywood allá voy… No he parado de trabajar. ¡Pero necesito revancha en la tele”, decía la actriz, que había llegado a su pico de popularidad con Son de diez, en 1992.

Y agregaba: “Me da pena pensar que puedan pasar los años y los productores nuevos se pierdan de trabajar conmigo. Puedo vivir sin la televisión, pero la extraño. Me da felicidad. Me pone joven”.

Entre otros trabajos en la TV, Montanari también se destacó en programas como Alta comedia, La banda del Golden Rocket, Gasoleros, Provócame, Mujeres asesinas y Ciega a citas.

En cine, a su vez, se lució en películas como La gran ruta, El Pibe Cabeza, Todo o nada y El Boquete, entre otras.

Y en teatro también formó parte de Brujas, El Enterrador y Los Corruptelli.

Su debut había sido en Canal 7, en Lux busca una estrella. “Recité una poesía”, recordaba Silvia. “Y al salir, un asistente detuvo a mi papá y le dijo: ‘Ibáñez Menta está al teléfono’. Yo pensé que era una broma. Narciso pidió que esperáramos a su hijo, que tenía un programa que se llamaba Cuentos para mayores. A la semana me convertí en la protagonista. Sí, podría decirse que Narciso fue mi padrino”.

Rápidamente, Silvia se convirtió en figura. “A los 21 años me casé con Abel Santa Cruz y el matrimonio duró un año. ¿Quién no iba a creer que me casaba para que me diera trabajo? Yo quería decirle a la gente que no lo necesitaba como autor”, comentaba la actriz.

A esa relación la siguió el casamiento con el padre de su hijo y, años después, una historia que fue muy comentada, el romance con Darío Grandinetti, a quien le llevaba más de una década. “Fue un amor que va a estar siempre en mi corazón”, señalaba.

Sobre la diferencia de edad entre ambos, profundizaba: “A Susana Giménez, cuando salía con Ricardo Darín, se lo permitieron, porque ella es una comediante. Lo de Luisina Brando con Carlín Calvo tampoco fue un escándalo. A mí, que venía del drama, no me lo perdonaron. Pero fue tan hermoso…”.

En su vida, Silvia tuvo buenas y malas, momentos felices y amargos. En los últimos tiempos estaba triste por la muerte de su hermana.

“Hace dos años perdí a Marilyn, pero sé que está bien”, contó en una entrevista con La Nación. “Sé que me cuida y se pone feliz cuando el teléfono suena y hay proyectos… Estaba conmigo en casa y muy bien. Al otro día se fue a Panamá, donde vivió toda su vida. Al día siguiente de viajar me llamó para comentarme que tenía cuarenta grados de fiebre. A los dos meses y medio se murió por algo que afectó el líquido raquídeo. Fue muy duro, terrible y lo sigue siendo. A veces pienso: “La tengo que ir a buscar a Ezeiza”.

Muy creyente, a Silvia le gustaba decir que se refugiaba en Dios. “Lo tengo a él, qué suerte que creo, estoy tan contenta. El es mi Señor, mi hombre”, señalaba.

Y avanzaba: “Hace ya casi veinte años que Dios es todo. Nunca más miré a un hombre. No lo digo mucho porque hay gente que se puede reír. No es para todo el mundo, pero confío en Dios, es suficiente”.

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