X

Amenazas, droga y la moto; más testigos pasaron por el juicio de Romina Aguilar

En una nueva audiencia del debate oral declararon los dueños del taller donde la Policía realizó un allanamiento. Querían dar con el rodado que habrían usado los asesinos. Los tres imputados tienen intenciones de declarar en forma presencial.

Nueva audiencia por el juicio de Romina Aguilar.
Actualizada: 23/06/2020 22:32
PUBLICIDAD

A más de seis meses del inicio, sigue el juicio por el crimen de Romina Aguilar. Este martes se desarrolló una nueva audiencia que tuvo tres testimoniales. Héctor Heredia, Manuel Mitchell Puebla y Gastón Nadalini. También concurrió Ariel Hauría, quien se desempaña en el área de vigilancia y cámaras de seguridad del ministerio de Ciencia y Tecnología.

La entonces pareja de Aguilar y ex intendente de La Calera, Diego Lorenzetti está acusado de ser el autor intelectual del crimen. Leandro Vílchez y Edivaldo de Oliveira Pereira son los sospechosos de haber concretado el homicidio. Los tres siguen las instancias desde el Penal, mediante videoconferencia.

En el Poder Judicial estuvieron los integrantes de la Cámara de Apelaciones Nº1, José Luis Flores, Silvia Inés Aispeolea y Jorge Sabaini, y los defensores de los tres imputados.

Más testigos pasaron por el juicio de Romina Aguilar.

Las declaraciones claves de la mañana fueron las de Mitchell Puebla y Nadalini, conocidos por los apodos “Rubio” y “Chuky” respectivamente. Eran propietarios de un taller donde el 29 de febrero del 2016 la Policía secuestró la moto que habrían utilizado Vílchez y Oliveira Pereira para perpetrar el crimen. El rodado, una Yamaha Crypton, pertenecía a este último, a quien lo reconocían como “Brasil”.

Mitchell Puebla recordó que la pareja de Edivaldo, Sandra Becerra le había pedido que fuera a buscar el vehículo porque “no andaba”, aunque se encontraba como nueva. Explicó que a la mujer la conocía “de toda la vida” porque vivían en el mismo barrio.

“No sabía ella que le había pasado a la moto. Tenía una válvula doblada y estaba pinchada. No arrancaba directamente”, detalló. Meses antes ya la había arreglado tras ser retirada del Juzgado Federal, según dijo.

Más testigos pasaron por el juicio de Romina Aguilar.

Señaló que el día del procedimiento policial se encontraba en el negocio porque estaba viviendo ahí. “Golpearon, me dijeron que tenían una orden de allanamiento, andaban buscando una Yamaha Crypton y los hice pasar. Habrán sido siete u ocho oficiales”, contó.

Dijo que ocurrió cuando estaba durmiendo alrededor de las dos de la madrugada o “un poquito antes”. Y agregó que a los dos días hubo otra inspección en su domicilio de donde se llevaron celulares de sus familiares y que ninguno pertenecía a él porque “no tenía”.

Respecto a las características del rodado precisó que los espejos “combinaban con las calcos que eran las originales”.

El joven indicó que en el secuestro del rodado no le pidieron información sobre a quién pertenecía, pero sí lo hicieron más tarde cuando tuvo que declarar ante la Justicia.

Más testigos pasaron por el juicio de Romina Aguilar.

Puntualizó que al día siguiente fue hasta la casa de Becerra para avisarle lo que había ocurrido.

Mitchell Puebla, aseguró que sólo conocía a Oliveira Pereira por los arreglos a las motos y negó otra relación de tipo “comercial”.

Por su lado, Nadalini sostuvo que tenía un vínculo con Vílchez por el barrio donde vivían: “Éramos amigos pero no de juntarnos seguido”. Mientras que “Brasil” era cliente de Mitchell Puebla y se veían a menudo: “Iba seguido al taller a la siesta. Estaba con Franco”.

Sobre la moto incautada por la Policía rememoró que estaba en el taller desde hacía unas dos semanas y que le habían realizado un “service” y “cambio de batería luego de estar parada en el Juzgado”.

Además relató que al otro día del secuestro, Oliveira Pereira fue hasta su casa, lo atendió por la ventaba y le contó lo que había ocurrido. “Estaba muy asustado. Él ahí nomás agarró y se fue. No lo volví a ver”, especificó.

Nadalini también habló sobre Rodolfo Mattuz (hermano de Aguilar) a quien conocía porque “salía con una tía de él”. Días antes del allanamiento el hombre fue hasta el local para llevar un vehículo a arreglar. “Era un cliente habitual aunque hace mucho no lo veía”, refirió.

Más testigos pasaron por el juicio de Romina Aguilar.

“Le dije que lamentaba lo que había pasado y que se quedara tranquilo. Él estaba apurado. No me acuerdo más”, añadió.

Transmitió que en ese momento le dijo al hermano de la víctima las versiones que había escuchado de que Oliveira Pereira estaba involucrado en el asesinato.

Días más tarde habría tenido una discusión porque Mattuz “quería que le saliera como testigo”. “Yo le dije que no y que no me molestara más”, advirtió.

En medio de la declaración, el brasilero levantó la mano porque tenía inconvenientes de audición y en referencia al testigo dijo: “Parece que tiene miedo de hablar por eso no se escucha”. Además, se contactó por teléfono con sus defensores, Olga Allende e Iván Coria.

Minutos más tarde, Nadalini reconoció que tiene un hermano en la fuerza de seguridad y que tenía una relación con Oliveira Pereira vinculada a la droga.

Explicó que le compraba marihuana al detenido, aunque “no era frecuente” sino que “lo hacía cuando tenía que trabajar”. Negó deberle dinero por eso.

Si bien aseguró que Mitchell Puebla era quien “llamaba a Edivaldo para que trajera droga”, se hizo responsable de escuchas en donde se trataban con el brasilero de “hermano” o “brother”.

Más testigos pasaron por el juicio de Romina Aguilar.

Nadalini también reveló que tras el secuestro de la moto recibió amenazas telefónicas y algunas provenían desde el Servicio Penitenciario. Y justificó la negativa de declarar para Mattuz en que “tenía miedo”.

“Además asesinaron a una mujer inocente. Me puse mal. No me daba para ser testigo. Estuve tres años cambiándome de casas. Me trataron de botón. En todo este tiempo si duermo cuatro horas es mucho”, subrayó.

El supuesto vínculo entre Lorenzetti y Vílchez

La tercera testimonial de la audiencia fue la de Heredia, quien había sido marcado como presunto eslabón entre el ex intendente y “Boconeta”. Su esposa fallecida era prima de Lorenzetti, mientras que él es primo hermano de Vílchez.

Argumentó que tras el crimen de Aguilar se presentó a la Justicia de forma voluntaria tras ser mencionado en medios de comunicación como “partícipe” del hecho. “Me señalaban en una causa donde no tengo nada que ver”, insistió.

Precisó que “hace bastante que no lo veía” a Leandro y que nunca tuvieron una relación cercana. “Inclusive él estuvo detenido muchos años. Hasta el día de hoy solo lo vi por los diarios o la tele. Nunca he tenido trato”, remarcó.

Más testigos pasaron por el juicio de Romina Aguilar.

En cuanto a Lorenzetti, dijo que le había pedido trabajo y que se desempeñó en la empresa de mantenimiento y también repartía hielo. “Nos veíamos de vez en cuando. Cuando había cumpleaños o fiestas”, agregó.

Al mismo tiempo, resaltó que, tras la muerte de su esposa, Aguilar “se apegó” a sus hijas. “Se acercaban siempre. Me ayudaban para el cumpleaños. Romina le regaló el vestido. Era todo familiar”, detalló.

El hombre, que se encuentra con prisión domiciliaria por tenencia y consumo de drogas, recordó que hicieron un allanamiento en su vivienda.

Consideró que la relación entre Lorenzetti y Aguilar “era buena”. “Ayudaban a muchas personas. Entre ellos nunca vi ninguna discordia o pelea”, señaló.

La intención de declarar de los imputados y las restricciones por la pandemia

En medio de la audiencia, el juez Flores leyó la respuesta del Comité de Crisis respecto a la posibilidad de trasladar a los imputados hasta Tribunales para que declaren.

En la nota con fecha de ayer, la presidenta del organismo, María José Zanglá hizo énfasis en la importancia de “evitar el contagio” de coronavirus y por eso recomendó que el debate oral “se continúe realizando bajo la modalidad virtual”. Planteó la necesidad de ser “cautelosos” aunque la Provincia ya se encuentre en fase de distanciamiento.

A raíz de ello, el abogado de Lorenzetti resaltó que la ampliación de la testimonial “indefectiblemente debe ser de forma presencial”.

“Esa recomendación no puede ir en contra de los principios constitucionales”, fundamentó, y propuso que en el caso de no poder gestionar el traslado, sean las defensas quienes acudan hasta el Penal.

Allende, Coria y Jorge Sosa (representante de Vílchez) estuvieron de acuerdo con la moción y justificaron la presencia de los imputados en Tribunales en la relevancia de declarar y la posibilidad de escuchar preguntas para los testigos.

Ante ello, Flores expuso que la intención de la Cámara es la finalización del debate aunque deben tener “responsabilidad en la salud de todos los que comparten la cárcel”.

“Hay que ser razonable en cómo se va a emplear”, sostuvo.

Oliveira Pereira y Vílchez quieren declarar una vez que finalice la ronda de testimoniales. Lorenzetti quiere hacerlo “lo más rápido posible” a fin de “aclarar aspectos fundamentales”, aunque no tiene problemas en “aguardar hasta que lo hagan todos”.

Por otro lado, Allende requirió la reproducción de escuchas vinculadas a la causa en la Sala porque “no hay pericias de voz” y detectó “confusiones”. El Tribunal accedió al pedido en casos puntuales y no de todo el material disponible.

También fue citado a la audiencia, Ariel Hauría quien cumple tareas en el ministerio de Ciencia y Tecnología vinculadas a las cámaras de seguridad que hay en la provincia. El motivo de la presencia fue que las partes tuvieron inconvenientes para visualizar las pruebas tecnológicas.

Los magistrados exhibieron el material original que ahora quedará bajo custodia con constancia para que los defensores puedan coordinar con el funcionario la posibilidad de verlos y que sean explicados.

El proceso oral continuará este miércoles a las 8:30.

PUBLICIDAD

EN PORTADA EL CHORRILLERO

SUBIR