X

“Es tremendo concebir que mi padre murió y que no le haya podido dar un abrazo a mis hermanos, a mi madre”

Victoria Garay habló por primera vez, tres días después de ingresar a San Luis. Junto a su hermana y su sobrino están haciendo una cuarentena obligatoria en las residencias de la Universidad de La Punta, que se extenderá hasta el miércoles. Los únicos deseos son llegar a Quines y hacer el duelo en familia.

Victoria y Antonela Garay.
por Catalina Ysaguirre / San Luis
Actualizada: 31/08/2020 20:44
PUBLICIDAD 2020
PUBLICIDAD

Para las hermanas Garay, todos los permisos y las disposiciones judiciales llegaron tarde. El Gobierno de San Luis les permitió el ingreso el mismo día que las fuerzas de su padre se acabaron para siempre, en la medianoche del lunes 24 de agosto. La noticia la recibieron en pleno viaje, a mitad de la noche. Devastadas y con más de 3 mil kilómetros por delante decidieron continuar y poder abrazar a su madre.

Desde el miércoles por la noche están en cuarentena, tal como lo dispuso el Comité de Crisis de San Luis, y un día después también la Justicia de Río Grande (Tierra del Fuego), donde residen actualmente.

“Hoy por hoy nos llenamos de interrogantes, porque ayer el Municipio de Quines sacó un comunicado diciendo que las personas del gran San Luis tienen prohibido el ingreso al pueblo”, dijo Victoria en una entrevista exclusiva que este sábado le brindó a El Chorrillero.

Mientras las horas pasan creen que con una cuarentena hecha y el hisopado negativo, “no habría ningún problema” para que puedan llegar a la localidad del norte y reunirse con la familia: “No creo que nos sometan a siete días más de aislamiento”.

Viajaron durante tres días por las rutas de la Patagonia y llegaron al puesto limítrofe de Casimiro Gómez, en las últimas horas del miércoles 26:“Los policías nos trataron muy bien, nos dijeron que teníamos que hacer la cuarentena obligatoria en la ULP por 7 días, y firmamos las declaraciones juradas”.

“Nos escoltaron patrulleros y llegamos acá a la madrugada, como a las 2 del jueves. La gente de la ULP nos estaba esperando, las instalaciones son lindas, cómodas, pero queremos irnos a casa. Estoy en la misma habitación con mi hermana y sobrino”, relató en diálogo con este medio. Y contó cómo fue el paso a paso de los 10 pedidos de permiso que el Gobierno de San Luis les rechazó para despedir al padre que agonizaba por un cáncer de pulmón.

Nunca se negaron a realizar la cuarentena ni ir en contra de los protocolos sanitarios de la provincia: plantearon poder llegar a Quines donde Victoria tiene su propia casa (al lado de la de sus padres) y donde hoy vive su hermano. “Habíamos hablado de que él se iba a la casa de mi cuñada un tiempo para que nosotras podamos hacer la cuarentena ahí”, contó. Sin embargo eso no pasó. La urgencia era despedir a papá, darle el último beso. Nadie escuchó.

“Me respondían que no teníamos domicilio en la provincia y la vía por la cual estaba solicitando el ingreso era propio de las personas que residían habitualmente o tenían domicilio en San Luis. Como que en ningún momento se sentaron a analizar por qué yo era tan insistente, con tantas solicitudes. Los rechazos fueron sistemáticos, y siempre el mismo argumento: no posee domicilio, no es la vía que corresponde”. De ese modo comenzó relatando el inicio de un proceso angustiante.

Recordó que mandó mensajes consultando “sobre qué documentación tenía que adjuntar, los formularios que debía completar”.

“Quería saber qué es lo que me solicitaban y que no estaba cumpliendo para ingresar a la provincia. Al principio era muy formal cómo yo me comunicaba y al final era un ‘por favor’, les suplicaba que me dijeran qué debía presentar y no tenía ningún número para comunicarnos, todo era vía web”, agregó.

Dijo que el primer contacto con una persona lo consiguió el jueves 20 de agosto: “Gustavo, un integrante del Comité, me dijo que podíamos entrar a la provincia pero teníamos que hacer cuarentena obligatoria en el Hotel Aiello. Le manifesté que no teníamos dinero. No estábamos en condiciones y teníamos que solventar un gasto de 3500 km, con combustible”.

También expuso que en la cuarta solicitud “algo les tendría que haber hecho ruido, de por qué necesitaba entrar realmente”.

“Nunca nadie se sentó a ver lo que quería. Yo les mandé una foto de mi padre agonizando porque pensaba que no me creían, pero tampoco tuve respuestas”, se quejó.

Después siguieron pasando los días y el permiso se concretó luego que el caso lo hiciera público El Chorrillero. La historia trascendió a nivel nacional unos días después del fallecimiento de Solange Musse, quien padecía cáncer y que no pudo despedirse de su padre, porque no dejaron entrar a Córdoba.

Ya pasaron tres días desde que llegaron a tierras sanluiseñas, y cinco desde que Martín Garay falleció. No han podido abrazar a su madre, y lo único que pudieron hacer es una videollamada.

“Estar encerrada acá es bastante triste, a veces no encontramos consuelo, pero tratamos de pasar el tiempo tolerando esto, aunque nos atendieron muy bien. Queremos ver a mi madre, a mis hermanos. Cuando lleguemos a casa podremos tomar consciencia de que papá no nos va a esperar, que no nos va a recibir, aunque uno sigue pensando que está. No asimilamos que se fue”, contó.

También reflexionó que si la situación de su padre y todo lo que tuvieron que vivir sirve para otras personas, “bienvenido sea”. Opinó que “siempre tiene que haber un antecedente de una situación para poder mejorar”.

“Estamos viviendo una situación extraordinaria que nos excede a todos, pero hay situaciones excepcionales que entiendo deberían ser más flexibles”, pidió.

“Hoy nos pasó a nosotros. Pero la semana que viene le puede pasar a alguien más. Mucha gente de otras provincias me escribió que están pasando por una situación familiar similar. Estos días vi un caso en que la hija está internada en salta, el hombre en Jujuy, y con un PCR negativo pudo ir a verla a una clínica, y yo no pude entrar para ver a mi papá en casa”, agregó.

Antonela y Victoria junto a su sobrino. Los tres están haciendo cuarentena en la ULP.

“Con mi hermana lloramos de impotencia, de bronca por no poder ir a despedir a nuestro padre”, dijo, sin embargo en medio del dolor piensan en la posibilidad de que los protocolos se modifiquen: “Sería ideal que se flexibilicen, que se tomen en cuenta estas situaciones particulares, que pongan al frente del Comité de Crisis personas idóneas que puedan analizar la situación, que sean más resolutivos, no que pongan trabas”.

“Que estemos en pandemia no significa que tengamos que aniquilar derechos, resignarnos a no despedirnos de nuestras familias, a no estar en estos momentos difíciles. Es tremendo, no puedo concebir la idea de que mi padre se haya muerto y que no le haya podido dar un abrazo a mis hermanos, a mi madre. Que el Gobierno flexibilice, no digo que abran las fronteras, pero que pongan soluciones. Seamos más empáticos y pongámonos en el lugar de otro”, fundamentó.

También consideró: “Si hubieran tenido predisposición, quizás hubiéramos visto a papá aunque sea un poquito. Por más que no estábamos autorizadas, decidimos emprender igual el viaje a San Luis”.

La Justicia también fue lenta para resolver. Un día después del entierro de Martín Garay, la jueza federal Mariel Ester Borruto autorizó (el 26 de agosto) a las hermanas a asistir al velorio del padre: “Ya había sido enterrado y velado, algo ilógico, sumamente tarde todo”.

Por estos días, las mujeres recibieron algunos llamados de legisladores, pero no han mantenido contactos con autoridades del Gobierno provincial.

“Me duele mucho que se haya expuesto mi historia familiar. Particularmente no expongo mi vida personal en las redes, pero lo vimos necesario realmente porque estábamos desbordadas, sentíamos que la injusticia era tremenda, teníamos que viajar”, dijo para contar por qué quiso que el caso trascendiera.

Victoria cumplió años este viernes, sin felicidad y con la única necesidad de estar cerca de sus afectos que la esperan en Quines.

Entrevista: Néstor Miranda.

PUBLICIDAD

EN PORTADA EL CHORRILLERO

SUBIR