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Una mutación del COVID-19 podría hacerlo más contagioso y esquivar la inmunidad

El descubrimiento podría tener implicaciones para la formulación de vacunas, según un virólogo estadounidense, asesor principal de Anthony Fauci.

El descubrimiento podría tener implicaciones para la formulación de vacunas.
Redacción de El Chorrillero
Actualizada: 24/09/2020 19:00
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Científicos de Houston, Estados Unidos, secuenciaron más de 5.000 cepas del COVID-19 y revelaron una acumulación continua de mutaciones del virus, entre ellas una que puede haberlo hecho más contagioso, según publicaron este miércoles.

Los especialistas del hospital Houston Methodist secuenciaron el genoma de 30.000 caracteres del coronavirus desde principios de marzo, momento en que creen que el virus llegó por primera vez al área metropolitana de Texas, de siete millones de habitantes.

El documento, que fue publicado en el servidor de preimpresión MedRxiv y fue difundido por el diario norteamericano The Washington Post, documenta 5.085 secuencias que muestran que el virus se diseminó por los barrios en dos oleadas.

La primera afectó a personas mayores y de zonas con un buen pasar económico. La segunda, se extendió a personas más jóvenes y de barrios de bajos recursos, lo que afectó a gran cantidad de residentes latinos. Pero, al parecer, no era el mismo tipo de virus el que atacó en las dos oportunidades.

Los datos genéticos mostraron que el 71 por ciento de los casos de virus que llegaron inicialmente se caracterizaron por una mutación llamada técnicamente D614G, que ahora es más reconocida y que los científicos sospechan que puede dar al virus una “ventaja biológica en la forma en que se propaga”.

Para la segunda ola del brote, el estudio halló que esta variante había aumentado al 99,9 por ciento de prevalencia y que las personas infectadas con esta nueva cepa tenían “mayores cargas de virus en sus vías respiratorias superiores”, lo que supone un factor potencial para hacer que se propague de manera más efectiva.

La mutación D614G hace referencia a la sustitución del aminoácido 614 de “D” (ácido aspártico) a “G” (glicina). Este pequeño cambio, que afecta a tres cadenas de aminoácidos idénticas, podría mejorar la transmisibilidad del virus, según describe el diario.

“Con la transmisión tan extendida en los Estados Unidos, que continúa viendo decenas de miles de nuevas infecciones confirmadas diariamente, el virus tuvo abundantes oportunidades de cambiar, potencialmente con consecuencias problemáticas”, aseguró James Musser, autor del estudio al diario norteamericano, que además puntualizó que el caso científico “no está cerrado”.

El virólogo David Morens, del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés), revisó el estudio e indicó que los hallazgos apuntan a la “gran posibilidad” de que el virus, a medida que fue circulando a través de la población, se haya vuelto más transmisible, y dijo que esto: “Puede y tiene implicaciones para nuestra capacidad de controlarlo”.

Si bien Morens señaló que se trata de un solo estudio y que “no desea sobreinterpretar lo que esto significa”, cree que el virus podría estar respondiendo “a través de mutaciones aleatorias a intervenciones como el uso de barbijos y el distanciamiento social”.

“Usar barbijos, lavarnos las manos y todas esas cosas son barreras para evitar la transmisibilidad, pero a medida que el virus se vuelve más contagioso, estadísticamente es mejor para sortear esas barreras”, advirtió el asesor principal de Anthony S. Fauci, director de NIAID, según The Washington Post.

Siguiendo la declaración del especialista estadounidense, esto tendría “implicaciones para la formulación de vacunas”, porque a medida que las personas adquieren inmunidad, ya sea a través de infecciones o por un antídoto, el virus “podría estar bajo presión selectiva para evadir la respuesta inmune humana”.

“Aunque aún no lo sabemos, es muy probable que, cuando nuestra inmunidad a nivel de población sea lo suficientemente alta, este coronavirus encuentre una manera de sortearla”, reflexiona Morens. “Si eso sucediera, estaríamos en la misma situación que con la gripe. Tendremos que perseguir el virus y, a medida que muta, tendremos que jugar con nuestra vacuna”, vaticina.

Por otro lado, Kistian Andersen, inmunóloga del Instituto de Investigación Scripps en California, que no participó en la nueva investigación pero sí la revisó punto por punto, minimizó la importancia de los hallazgos.

“Simplemente, confirma lo que ya se había descripto: el aminoácido G aumentó en frecuencia con el tiempo”, explicó, según informa el Post. Y también se refirió a las otras mutaciones que encuentra el estudio: “Solo las catalogan, pero no sabemos si alguna de ellas tiene alguna relevancia funcional”.

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