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Donald Trump y Joe Biden en el último debate presidencial: fuertes cruces por la pandemia y acusaciones de corrupción

En Nashville, el candidato demócrata responsabilizó a su rival en las urnas por las muertes a causa del coronavirus. El Presidente se enorgulleció de su gestión y dijo que tendrá lista una vacuna “en cuestión de semanas”.

En el debate, las interrupciones volvieron a estar a la orden del día y hubo fuertes cruces por la administración de la pandemia del coronavirus.
Redacción de El Chorrillero
Actualizada: 23/10/2020 00:42
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El segundo y último debate entre el presidente de EEUU, Donald Trump, y su rival demócrata, Joe Biden, se llevó a cabo este jueves en la ciudad de Nashville, Tennessee. A pesar de la decisión de los organizadores de apagar los micrófonos cuando los participantes no estuvieran dando respuestas, las interrupciones volvieron a estar a la orden del día y hubo fuertes cruces por la administración de la pandemia del coronavirus.

Durante el primer segmento del encuentro, destinado a la lucha contra el COVID-19, Biden no tardó en condenar la gestión del jefe de Estado y puso especial énfasis en las 222.220 víctimas fatales que el país registra desde el comienzo de la pandemia.

“Cualquiera que sea responsable de tantas muertes no debería seguir siendo presidente de Estados Unidos”, sentenció el demócrata. También dijo que Trump no tiene un plan para combatir al coronavirus y advirtió a los estadounidense que se preparen para vivir un invierno “oscuro” en relación con la enfermedad.

En tanto, el actual mandatario mantuvo una postura relajada en relación con esta problemática y sostuvo que queda poco tiempo para que la pandemia termine. Además, insistió en que habrá una vacuna contra el coronavirus “en cuestión de semanas” y que la misma tendrá una rápida distribución entre la población.

Otro momento tenso del debate se dio durante el segmento sobre seguridad nacional. Entonces, Biden acusó a Rudolph Giulani, el abogado de Trump, de haber recibido información de Rusia y de difundirla en los medios para intentar evitar su victoria electoral.

No obstante, Trump redobló la apuesta y trató al exvicepresidente de corrupto, al afirmar que recibió una cuantiosa suma de dinero de ese país. “Joe consiguió U$S3,5 millones de Rusia y vinieron de (Vladímir) Putin”, expresó.

No obstante, el candidato demócrata a la presidencia negó la acusación de forma rotunda. “Nunca he recibido ni un centavo del extranjero en toda mi vida”, aseguró.

Más tarde, la temperatura volvió a subir cuando Biden consideró que Trump llevó a cabo una política “criminal” al separar a chicos inmigrantes de sus padres, una estrategia que el mandatario usó en 2018, pero tuvo que suspender ante una ola de indignación.

“Esos chicos están solos, sin ningún lugar a donde ir. Eso es criminal”, dijo el exvicepresidente. Sin embargo, el mandatario republicano defendió la política de “tolerancia cero” a la inmigración y afirmó que los chicos habían sido llevados a la frontera de Estados Unidos por “coyotes” y por “mala gente”.

“Ahora tenemos la frontera más sólida que hemos tenido”, afirmó con orgullo el jefe de Estado, que nuevamente atacó a Biden al señalar que las jaulas con chicos en su interior que conmocionaron al mundo habían sido construidas por su predecesor demócrata, Barack Obama.

Los protocolos del debate

Antes del inicio de la contienda, la campaña demócrata y la Casa Blanca informaron que tanto Trump como Biden se sometieron a una prueba de coronavirus con resultado negativo, en cumplimiento de los protocolos que el jefe de Estado violó en el primer encuentro.

Una vez informado el resultado de los test, los candidatos se trasladaron un auditorio de la Universidad de Belmont, en Nashville, donde debatieron sobre seis segmentos de quince minutos cada uno. El evento transcurrió durante una hora y media y estuvo moderado por Kristen Welker, periodista de NBC News.

A diferencia del primer encuentro, la Comisión de Debates Presidenciales -la cargo de la organización- decidió silenciar los micrófonos de los candidatos en determinadas partes para evitar el caos que especialmente Trump causó en la edición anterior en Cleveland. No obstante, lo cierto es que, una vez más, la discusión estuvo plagada de interrupciones del jefe de Estado tanto a su rival como a la moderadora.

Es que, si bien al inicio de cada uno de los seis segmentos los organizadores dieron dos minutos a cada candidato para exponer sin interrupciones sus argumentos, el tiempo restante se desarrolló con ambos micrófonos abiertos, lo que derivó en un escenario análogo al del primer debate.

Para muchos analistas políticos, el encuentro de este jueves puede haber sido la última oportunidad de Trump para darle un golpe de efecto a su campaña presidencial, ya que todas las encuestas juegan en su contra y que más de 47 millones de estadounidenses ya depositaron su voto.

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