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24 días después de que pidió un hisopado para su madre la llamaron para hacerlo, pero ya había muerto

María del Carmen Montenegro volvió a exponer las falencias en el sistema de salud provincial. Esperas para acceder a una cama, dormir días en una silla, estar aislada en el Hospital y la pérdida de quien le dio la vida, fue lo que debió atravesar en el último mes.

La madre murió el 29 de octubre.
Redacción de El Chorrillero
Actualizada: 06/11/2020 13:00
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“Señor gobernador su estatus sanitario es una mentira o está rodeado de inútiles”, fueron las palabras elegidas por María del Carmen Montenegro para volver a dirigirle un mensaje a Alberto Rodríguez Saá.

A lo largo de varios posteos en Facebook dio cuenta de las falencias que advirtió en el sistema de salud público, previo y luego de que su madre fuera diagnosticada de coronavirus.

Ayer la contactaron desde el ministerio de Salud para hacerle un hisopado, pero lamentablemente murió una semana atrás.

El calvario de Montenegro comenzó el 12 de octubre, cuando la mujer de 75 años presentó los primeros síntomas de Covid-19. Como tenía dolores de garganta y de cuerpo, y era posible contacto de un caso positivo decidieron llamar al 107 para someterla al análisis.

Un día más tarde se sumó la diarrea y por eso recurrieron al sistema privado. Pese a estudios y medicación la situación no mejoró. Por eso optaron por hacerle un PCR en un laboratorio particular, que tuvo resultado positivo para la enfermedad.

“Avisamos al Comité de Crisis. Va la ambulancia del Sempro y nos informan que tenía principio de neumonía”, recordó en declaraciones a El Chorrillero sobre la noche del lunes 19.

Después de eso, la trasladaron al Hospital de San Luis, donde debieron aguardar cuatro horas para internarla porque “no había camas”.

“El martes logré comunicarme con la doctora Belén Navarro. Me dijo que un familiar tenía que aislarse porque mi mamá no podía moverse y no había personal. Tomé la decisión de ir”, puntualizó.

Montenegro señaló que recién la habilitaron a ingresar el jueves porque los profesionales estaban analizando trasladarla a la zona de terapia intensiva.

Al reencontrarse con su madre la preocupación se agravó: “Se había caído en el baño y golpeado la cabeza. Estaba atada de manos porque supuestamente se sacaba el oxígeno. Tenía la materia fecal sin cambiarse, sin pañales. Era un abandono total”.

El panorama no prosperó y tuvo que insistir por varios días para que le hicieran una tomografía, donde también constataron que contrajo “una neumonía intrahospitalaria”.  Mientras tanto y durante ocho días durmiendo en una silla, presenció la realidad que atravesaban los internados en la zona de Clínica 2.

“Los enfermeros desde la puerta dan directivas. Yo les tenía que alcanzar la medicación a otros pacientes porque no ingresan a la sala. Por las noches los acompañantes salíamos a aplaudir para que los médicos fueran a asistir a las personas que se caían o estaban mal”, recordó.

El día en que su madre estaba muriendo pidió a gritos asistencia de algún profesional, pero cuando acudieron estaba sin vida. Luego tuvo que esperar varias horas para que le permitieran trasladarse a su casa para continuar con el aislamiento.

“Más dolor seguimos sintiendo como familia. No quiero que otra familia pase la misma situación que nosotros”, finalizó.

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