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Historias de San Luis: otra dama de blanco

Por Nino Romero

Captura: Periodismo Urbano
Betty Schmid, fallecida en un accidente de tránsito sucedido en noviembre del año 1967.
Redacción de El Chorrillero
Actualizada: 10/01/2021 00:01
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La última historia publicada el primer domingo de este año se tituló “La Dama de Blanco”, haciendo referencia a la supuesta aparición de una joven vestida de blanco en la ex Casa de Gobierno y ahora actual sede del Superior Tribunal de Justicia de San Luis, que era vista en distintas dependencias y desaparecía misteriosamente.

Nunca agredió a nadie de quienes dicen haberla visto, pero los sustos eran importantes.

Calle 9 de Julio entre San Martín y Rivadavia en la ciudad de San Luis.

Ahora hemos titulado a esta historia “Otra Dama de Blanco”, porque esas son las características que le adjudican quienes dicen haberla visto en la Cuesta del Gato, que así se llama a una parte de la ruta ubicada entre las localidades de Cruz de Piedra y El Volcán en la provincia de San Luis.

La principal aseveración que se hace es que la aparente visión correspondería a la joven llamada Betty Schmid, quien falleciera en un accidente de tránsito sucedido en ese lugar en el mes de noviembre del año 1967.

La crónica policial de esa época cuenta que en un automóvil marca Torino color azul viajaban cuatro jóvenes menores de edad, y el rodado se desbarrancó provocando la muerte de Betty Schmid y heridas a sus tres acompañantes: Blas Ortiz Suárez, Elba Peralta y Juan Carlos Barbeito, quien conducía el rodado que era propiedad de su familia.

Curva donde desbarranco el rodado, en el momento del accidente era de tierra y doble mano.

Esta leyenda urbana tiene una fantástica cantidad de relatos de quienes aseguran haber visto a una figura humana vestida de blanco, y raudamente desaparecer.

Pero esos testimonios no son del pasado, cuando se comenzó a alimentar el mito, sino también de la actualidad.

En lo personal el hecho me conmovió porque era un niño, y mi padre una persona cercana a dos de las familias involucradas en la tragedia. Además, Betty vivía a pocas cuadras de mi hogar.

Hay que imaginarse los comentarios de la sociedad en esa época, ya que los dos jóvenes que viajaban en el auto siniestrado eran hijos de profesionales, el que conducía era menor de edad, y las dos adolescentes eran alumnas del Colegio Nacional “Juan Crisóstomo Lafinur”.

Amigos, amigas, familiares y gente piadosa comenzó a llevar flores y armaron un espacio para recordar la muerte de Betty, frente al lugar donde se desbarrancó el auto.

Y a partir de allí la historia fue creciendo.

Hay una lápida con la foto de la joven que murió, cruces y siempre flores, todo sobre una roca que oficia las veces de improvisado altar.

Muchos se persignan o hacen una reverencia al pasar por allí. Por supuesto otros son totalmente indiferentes.

Los relatos sobre su visión son variados. Supuestamente la han visto saludando en el lugar, otros apareados a su automóvil, los más osados cuentan que de golpe la observaron sentada en el asiento trasero del auto en el que viajaban.

En todos los casos apariciones fugaces de alguien aparentemente joven, vestida de blanco, pelo largo. La visión siempre desaparecía rápidamente.

También vecinos y vecinas de El Volcán cuentan sus historias, al igual que pescadores que han utilizado caminos de la zona para ir hasta el dique Cruz de Piedra.

Recibe muchos apelativos la supuesta aparición: “La Novia de la Cuesta del Gato”, “La Niña de la Cuesta del Gato”, “El Fantasma de la Cuesta del Gato” o “La Dama de Blanco de la Cuesta del Gato” etc.

Mucha gente se detiene en el lugar para ver de cerca la lápida, la foto de Betty, pero nunca esas personas han relatado haber observado algo extraño.

Todos los comentarios son de gente que pasó por el lugar, o ha estado realizando alguna filmación tratando de revivir esta historia.

Un colega periodista, de doble apellido, que además es escritor, director y actor de teatro de San Luis, vivió una experiencia que no le dejó dudas de la existencia de ese personaje.

Estaba en el lugar precisamente intentando recrear la historia de Betty Schmid.

Lamentablemente he perdido contacto con él para solicitarle su autorización y publicar su vivencia. Si logro ubicarlo y contar con su permiso, es para asombrarse lo que él cuenta que vivió.

ninoromero@gmail.com/info@elchorrillero.com

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