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La ejemplaridad, un espejo que interpela a la dirigencia política

Opinión.
Por Francisco César Guiñazú

Francisco Guiñazù.
Actualizada: 28/02/2021 21:43
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La “ejemplaridad” es fundamental para la regeneración moral de la argentina y ello tiene como actores protagónicos a los dirigentes políticos y funcionarios que con sus comportamientos y actitudes, ejercen una influencia notoria en la ciudadanía.

Si bien vivimos en una red de ejemplos mutuos, pues todo/as en algún momento somos modelos para los demás, en nuestra familia, profesión etc, quienes tienen responsabilidades públicas o aspiran a las mismas, tienen un mayor compromiso, pues de ellos no se espera únicamente la estricta observancia de la ley positiva, sino también y fundamentalmente, la práctica de valores tales como: honradez, respeto al ciudadano, humildad, solidaridad, equidad, lealtad con su comunidad y centralmente, la anteposición del interés general por encima del propio, a lo que agrego probidad en el servicio público que ejercen o desean cumplir.

La ejemplaridad de los políticos da el tono a la sociedad que gobiernan, crea pautas de comportamiento, define el dominio de lo permitido y no permitido y, sobre todo, fortalece valores o costumbres cívicas y morales a seguir.

Pues bien, cuando observamos que la enorme crisis social y económica, no afectó ni afecta a los funcionarios públicos o que algunos dirigentes concentraron su energía en conseguir cargos a cambio de facilitar normas que necesitaba el poder, como ocurrió en el Concejo Deliberante de la ciudad de San Luis, u otro/as que se vacunaron antes que el resto de los ciudadanos de riesgo, por citar algunos casos, ponen de relieve la ausencia de ejemplaridad.

Dichos dirigentes que debieran dar el ejemplo, priorizaron su propio interés y se exhiben como una “casta privilegiada” que expresa una ejemplaridad “negativa”, ocasionando un daño gigante a la ciudadanía en su conjunto, que ni siquiera puede recurrir al Defensor del Pueblo en defensa de sus derechos ciudadanos, pues hasta ello se nos priva con la complacencia de los poderes públicos conformado por dirigentes políticos y magistrados judiciales.

En síntesis, creo que la ejemplaridad es fuente de moralidad y, la ejemplaridad pública es fuente de la moralidad pública.

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