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Historias de San Luis: ya cumplí la promesa

El pasado martes estaba trabajando por la mañana en radio Dimensión, cuando por el frente vidriado que tenemos en el estudio mayor lo vi mirando hacia adentro: era mi amigo Ramón Cruz Orozco, que el próximo 3 de mayo estará festejando sus 84 años.

Cristo de la Quebrada.

por Nino Romero

elchorrillero.com

Actualizada: 01/05/2021 23:18

En el acto salí a saludarlo, y de paso preguntarle si necesitaba algo.

Don Cruz, como le gusta que le diga desde siempre, estaba con su barbijo, sombrero, su pilcha de gaucho y calzado con unas flamantes alpargatas negras.

“Las estoy estrenando”, me dijo sonriéndose.

La historia tiene que ver con las festividades del Cristo de la Quebrada y de Nuestro Señor de Renca que estamos recordando en estos días.

El 3 de mayo es el día de la festividad central.

El amigo Orozco se llama Cruz en honor a estas fiestas religiosas y cumple años el 3 de mayo. Tengo dos ejemplos en mi familia nacidos ese día, y a los dos les pusieron de nombre Cruz: mi padre, Juan Cruz y mi tía, María de la Cruz.

Pero volviendo a mi ilustre visitante en la radio, el motivo era contarme que había cumplido su promesa de ir al Cristo de la Quebrada caminando. Como lo viene haciendo desde hace 60 años.

Ramón Cruz Orozco no es ajeno a la pandemia. Sabe lo que está pasando. Por eso se cuida, usa barbijo, no anda a los abrazos y le escapa a los amontamientos, me cuenta.

“Si sabré lo de este bicho maldito que a fines del año pasado se llevó a mi viejita”, refiriéndose a su esposa.

Tenían 20 años cuando se casaron, y de ese amor nació el único hijo que se llama José, quién también siguiendo el almanaque, ligó su nombre por haber nacido un 1 de mayo, día de San José.

“Yo le esquivé el bulto a esa porquería, pero la Martita no y se me murió”, cuenta con lágrimas en los ojos.

“No entiendo mucho. Porque a ella sí y a mí no si estamos juntos, o porque no nos llevó a los dos y listo”, rezonga Don Cruz.

Y me cuenta que la última vez fue caminando por tramos y cumplió la promesa en varios días. Esto sucedió hace tres años.

Cuando apareció el coronavirus decidió cambiar el recorrido para cumplir su promesa, y así lo hizo el año pasado y este también.

Sale de su casa en el barrio Rawson hasta la iglesia del barrio San Martín, dónde descansa un ratito. De allí a la capilla de la Santa Cruz en la avenida Lafinur cerca de calle Junín y después derecho a la Iglesia Catedral “donde no pude entrar esta vez”.

Y allí termina el primer día de peregrinación.

Al día siguiente, siempre acompañado por la atenta mirada de su hijo José y familia que van en un auto y uno de los nietos caminando, la peregrinación comienza en la “iglesia dónde está la Virgen Grande”. Se refiere a la Parroquia de la Medalla Milagrosa en la calle Sarmiento cuyo párroco es el padre Omar Britos.

“Y de allí de un tirón me voy hasta la cruz del Cristo Grande en la avenida Centenario, dónde antes comenzaban las procesiones”.

“Me quedo un buen rato hablando con el Cristo, como si estuviera en la Quebrada, dándole gracias y mirando la estampita que siempre llevo en la billetera”.

“Sé que a la Quebrada no puedo ir por culpa de este bicho que anda matando gente, pero acordate Nino. El Santito de la Quebrada todo lo puede. Rezale mucho” me recomienda.

Y esta devoción de Don Cruz, como la de miles, nace de algún “milagro” pedido al Cristo.

Cuando tenían 22 años con su esposa, quedaron embarazados de José. Y los médicos le dijeron que la cosa venía mal y que corrían riesgos las dos vidas. Y esto fue hace un poco más de 60 años. Otro mundo. Otra medicina. Y Don Cruz se fue a la Iglesia Santo Domingo a pedirle al Cristo de la Quebrada que los salvara a los dos y que le prometía ayudar a su devoción e ir caminando todos los años.

Y allí está José con su hermosa familia acompañando a su Papá. Se salvaron los dos “por el Cristo de la Quebrada”, me recuerda don Cruz.

Y su visita termina pidiéndome que le dedique una tonada y la cueca del “Cascarudo” Ricardo Domínguez Arancibia “Hay que cumplir la promesa”.

“Para recordar los viejos tiempos que van a volver Cabecita” me grita desde el auto que lo espera.

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