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Se entregó un remisero señalado por descuartizar a una docente a pedido de un amigo

Marcelo F. relató que esa madrugada estaba muy borracho y que la discusión escaló de tal modo que la mujer tomó un cuchillo. Entonces el reaccionó tomándola del cuello.

María Isabel Ruglio (73), la docente jubilada asesinada y descuartizada en Rosario.
Actualizada: 10/09/2021 19:44
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El 11 de febrero de 2020, dos hombres que pescaban a la vera del Arroyo Saladillo, en zona de parque Sur, en Rosario, se toparon con una bolsa de nylon negra con un macabro contenido: un brazo humano.

Rápidamente, los rastrillajes en la zona fueron recuperando varios bultos similares y, semanas después, la persona desmembrada fue identificada como María Isabel Ruglio, una docente jubilada que vivía en la zona sur. Por ese crimen dos personas fueron acusadas, una pareja que vivía con ella desde hacía un tiempo.

Pero, esta semana, hubo un inesperado giro en la causa, uno de los acusados, Marcelo Alberto F. confesó que él era el único responsable del crimen, que su mujer, Josefa R., no había tenido nada que ver y que un remisero amigo suyo fue quien se ocupó de desaparecer el cuerpo. Este jueves, ese hombre se presentó espontáneamente en la Fiscalía y quedó detenido.

En marzo del 2020, el fiscal Adrián Spelta acusó formalmente al matrimonio de haber asesinado a María Isabel Ruglio y de haberla descuartizado en la pileta que estaba en el fondo de la casa. Según la teoría acusatoria, el móvil del crimen era quedarse con la propiedad.

Según reseño el diario La Capital, Marcelo F. relató que esa madrugada estaba muy borracho y que la discusión escaló de tal modo que la mujer tomó un cuchillo. Entonces el reaccionó tomándola del cuello. “Yo la agarré borracho, la agarré del cuello y se me fue la mano. Nunca la quise matar, nunca quise hacer nada, nunca quise quedarme con la casa ni nada de eso. Ella me quería prestar plata, me quería prestar una moto y yo nunca quería”.

Según el relato de Marcelo F., la casualidad fue parte del giro en esta historia. Y es que, a poco de darse cuenta de que Marisa había muerto entre sus manos, llegó a la casa un amigo suyo que solía visitarlo a menudo.

Un remisero que pasó por allí y se detuvo al ver que estaban las luces prendidas. Entonces decidió contarle lo que había ocurrido y el hombre le propuso ayudarlo y deshacerse del cuerpo a cambio del departamento que era de su propiedad y que estaba a la venta. El imputado accedió y le entregó las llaves en ese mismo momento. Y también aseguró no haber visto el desmembramiento del cuerpo ni haber estado presente en el momento en que su amigo se lo llevó de la casa.

 

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