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11 de septiembre: el día que cambió la forma de viajar para siempre

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, en los que murieron cerca de 3000 personas, cambiaron la forma de viajar y la seguridad en los aeropuertos de todo el mundo. ¿Qué tan efectivas y proactivas han sido las medidas adoptadas por la Administración de Seguridad de Transporte en Estados Unidos?

En esta foto de archivo tomada el 11 de septiembre de 2001, un avión comercial secuestrado se acerca a las torres gemelas del World Trade Center poco antes de estrellarse contra el emblemático rascacielos de Nueva York.
Actualizada: 11/09/2021 00:57
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Antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 viajar en avión en Estados Unidos y en el mundo era mucho más fácil. No se necesitaba identificación para pasar por seguridad en los aeropuertos, nadie se quitaba los zapatos, tampoco se separaban los objetos electrónicos y se podían llevar líquidos en el equipaje de mano.

La seguridad en las terminales aéreas estaba a cargo de contratistas privados con poco entrenamiento reclutado por las aerolíneas. No todo el equipaje de carga era revisado y las personas apenas pasaban por detectores de metales. Las familias acompañaban a los viajeros hasta la puerta de embarque y una vez en el avión, entrar a la cabina era común para que los niños y las familias se tomaran fotos con el piloto y la tripulación.

Todo esto cambió tras el 11-S y los pilotos tuvieron que encerrarse detrás de puertas blindadas con armas de fuego para defenderse de potenciales secuestradores de aviones como los que llevaron a cabo los ataques más letales en Estados Unidos.

Esa mañana, 19 militantes asociados al grupo terrorista islámico Al-Qaeda, originarios de Arabia Saudita en su mayoría, secuestraron cuatro aviones. El primero fue el vuelo 11 de American Airlines que golpeó la torre norte del World Trade Center en Nueva York a las 8:46 a.m. hora local. El segundo fue el vuelo 175 de United Airlines que también salió de Boston y estrelló la torre sur 17 minutos después.

Ilustración sobre los vuelos 11, de American Airlines, y 175, de United Airlines, en las rutas tomadas el 11 de septiembre de 2001.

«El hecho de que hayan orquestado el ataque con tres vuelos diferentes en tres lugares diferentes dejó en claro lo vulnerable que era Estados Unidos. Fue una verdadera bofetada. Nos recordó lo ingenuos que habíamos sido», dijo a ‘CNN’ Sean O’Keefe, profesor de la Universidad de Syracuse y exdirectivo de Airbus.

Volar en Estados Unidos y en el mundo cambió para siempre y a partir del 14 de septiembre, cuando la aviación comercial reinició en Estados Unidos, se distribuyeron hombres de la guardia nacional en los aeropuertos y los viajeros tuvieron que esperar largas filas mientras se adoptaban las nuevas medidas y sistemas de seguridad.

¿Cómo cambió la seguridad en los aeropuertos de Estados Unidos?

El 19 de noviembre de 2001 el Congreso aprobó la Ley de Seguridad de Aviación y de Transporte, creando así la Administración de Seguridad de Transporte (TSA). Esta agencia hace ahora parte del Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security) que fue creado un año después (2002) y se encarga de supervisar la seguridad en más de 400 aeropuertos del país, entre otras funciones.

El Aeropuerto Internacional Marshall de Baltimore-Washington fue el primero en tener un punto de seguridad administrado por la TSA en 2002 y marcó el inicio de casi dos décadas de procedimientos de seguridad que fueron evolucionando a medida que surgían nuevas amenazas.

En diciembre de 2001, apenas unos meses después del 11-S, el inglés Richard Reid, conocido como el “Shoe bomber”, escondió explosivos en sus zapatos y trató de detonarlos en la cabina del avión de American Airlines que viajaba de París a Miami. El accidente fue evitado por una auxiliar de vuelo y eventualmente llevó a que millones de viajeros en el mundo tuvieran que quitarse los zapatos y pasarlos por el escáner antes de montarse al avión.

Para fines de 2002, la Administración de Seguridad y Transporte de Estados Unidos logró el mandato clave de la ley creada después de los atentados, desplegando en todos los aeropuertos del país sistemas de detección de explosivos.

En el 2006, después de que la Policía británica descubriera un plan para detonar líquidos explosivos y tratar de derrumbar al menos siete aviones que viajaban de Inglaterra a Canadá y Estados Unidos, oficiales de la TSA prohibieron a los pasajeros llevar líquidos, geles y aerosoles en el equipaje de mano. Meses después relajarían la medida a envases menores a 100 mililitros transportados en bolsas plásticas transparentes.

Tres años después, el 25 de diciembre de 2009, Umar Farouk Abdulmutallab, un nigeriano entrenado en Yemen por Al-Qaeda trató de esconder explosivos en su ropa interior en un vuelo de Amsterdam a Detroit. En 2012 fue sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos y hoy se le conoce como ‘el bombardero de los calzoncillos’.

A partir del 2017 y tras los atentados frustrados desde Australia y Yemen usando objetos electrónicos y cartuchos de impresoras como explosivos, la TSA obligó a todas las personas a pasar por rayos X los objetos electrónicos más grandes que un celular.

¿Seguridad a qué precio?

En 2021 el presupuesto para la Administración de Seguridad de Transporte de Estados Unidos será de 8.240 millones de dólares y empleará cerca de 47.000 agentes de seguridad, oficiales de detección de comportamiento, especialistas en seguridad de transporte, alguaciles aéreos federales y otro personal de seguridad. Son 560 millones de dólares más en comparación con el año anterior.

Parte del presupuesto de esta agencia viene de una tarifa de 5,6 dólares por trayecto conocida como ‘cuota 9-11’ y se cobra por cada trayecto que se origina desde Estados Unidos.

Pero la agencia ha sido blanco de críticas recientes por los altos costos de mantenimiento y el ‘teatro de seguridad’ que, según algunos analistas, han montado en los aeropuertos. Un despliegue que da una falsa impresión de proteger al público, dicen incluso exfuncionarios de la propia agencia.

David Pekoske, administrador de la TSA, descarta las críticas al señalar la gran cantidad de armas incautadas en los puntos de control de los aeropuertos: más de 3.200 el año pasado y el 83% de ellas cargadas.

Sin embargo, en 2015 una investigación del inspector general del Departamento de Seguridad Nacional encontró que agentes encubiertos federales portando armas ilegales o bombas falsas lograron penetrar los puntos de seguridad de los aeropuertos en un 95% de los intentos. El reporte prendió las alarmas sobre la habilidad de la agencia de proteger el sistema de aviación en Estados Unidos.

“Sí, me siento más seguro viajando por EE. UU., pero las medidas de seguridad me evocan todas las potenciales amenazas. No creo que exista una manera en que puedan detectar todas las armas o detengan todos los ataques», dijo a France 24 Joseph Gentle, empresario audiovisual que vivió en Nueva York entre otras ciudades de Estados Unidos.

Gentle agrega que las autoridades responsables de la seguridad podrían ser más proactivas y no tan reactivas: “Hoy sus políticas son reaccionarias a los ataques del pasado y no nos protegen de los atentados futuros”.

Pekoske y otros expertos de seguridad resaltan que desde el 11 de septiembre de 2001 no se ha vuelto a presentar un ataque terrorista a la aviación estadounidense.(24France)

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