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Historias de San Luis: enseñanzas del doctor Jesús Liberato Tobares

La dedicatoria de puño y letra del doctor Jesús Liberato Tobares remarca:” en el cogollo de la primavera de 1996”.

Foto ANSL
Jesús Liberato Tobares.

por Nino Romero

elchorrillero.com

Actualizada: 11/09/2021 21:17

Fue cuando tuvo la gentileza de entregarme un ejemplar del libro de su autoría: “Folklore Puntano”, que es como una biblia de nuestras tradiciones.

Tengo una profunda admiración por el doctor Jesús Liberato Tobares como ser humano y por su sabiduría.

Afortunadamente la vida me ha permitido compartir muchos encuentros con él en escenarios hogareños o públicos.

Hace un largo tiempo que no estoy frente a frente con él, y realmente lo lamento por mí, porque significa escuchar y aprender de un hombre de bien y notable sapiencia.

En alguna próxima oportunidad intentaré reflejar una parte de su monumental obra, escrita para el bien cultural de nuestra provincia y del país.

Sin lugar a dudas es un escritor e investigador trascendente de San Luis.

Pero vuelvo a esa “biblia” que es el libro Folklore Puntano, aclarando que estos conceptos no van en desmedro de ningún autor o autora de nuestra tierra que tienen obras notables.

Hoy hago referencia a este libro y a este autor.

Como reproduciré textos que se refieren al Cerro El Morro, aporto como anécdota que es uno de los lugares preferidos del actual Obispo de San Luis, monseñor Gabriel Bernardo Barba.

Cerro El Morro.

Ha contado públicamente que mucho antes de ser nombrado Obispo, venía a ese lugar junto a otros religiosos para descansar y meditar cuando tenía días de vacaciones. También celebraba misas en el lugar.

Según cuentan los vecinos, ya siendo Obispo, sigue yendo al lugar.

El doctor Tobares relata tradiciones populares que se relacionan con El Morro.

Escribe el autor: “seguramente la más antigua es aquella que le atribuye poderes sobrenaturales y la facultad de desconocer a las personas extrañas al lugar que pretenden internarse en sus dominios”.

“Entonces el cerro suelta su majada de nubes que envuelven al viajero en densa niebla y no le permite seguir adelante. Los lugareños conocen el cerro y saben el secreto para conjurar el enojo: se colocan una piedrita en la boca, y eso basta para calmar la furia de la pétrea mole que entonces abre sus celajes para que el caminante transite con libertad y sin peligro”.

“Una leyenda nacida en los tiempos en que los malones ranquelinos traían espanto y muerte, es aquella que le atribuye al cerro la facultad de anunciar el malón mediante fuertes ruidos subterráneos. Cuando en el sur aparecía la polvareda precursora de la horda salvaje, el cerro vigilante de día y de noche, dejaba oír su trueno de alarma y entonces los vecinos buscaban salvación en sus quebradas y escondites llevándose sus pertenencias. El Cerro era la salvación de los afligidos lugareños que veían en él a su protector”.

“Era el encargado de cumplir el mandato de la Pachamama: cuidar a los hijos nacidos de su vientre y salvarlos de los peligros y de la muerte”.

Gracias Doctor Jesús Liberato Tobares.

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