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SU PARTICIPACIÓN EN EL NEGOCIO AGRÍCOLA

El Estado, ese socio indeseable

La fuerte presión impositiva que hay en la Argentina se trasluce en un dato: el gobierno nacional, más los provinciales y municipales se quedan con $61,30 de cada $100 netos que ganan los chacareros. Los productores puntanos la sufren mes a mes en los tres niveles.

El gobierno nacional, más los provinciales y municipales se quedan con $61,30 de cada $100 netos que ganan los chacareros.
Actualizada: 02/11/2022 09:01
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En un país como la Argentina, en el cual la presión impositiva es casi insoportable, siempre es útil consultar el índice que publica la Fundación para el Desarrollo de la Argentina (FADA), que mide cuál es la participación del Estado en la renta agrícola. En palabras más simples: cuánto se lleva el socio más indeseado que tienen los productores, ya que no aporta nada, no es solidario ante las malas campañas y siempre muestra voracidad fiscal.

El número de octubre estuvo en línea con lo que viene ocurriendo en los últimos años, ya que arrojó que los estados, tanto nacional, como provinciales y municipales, se quedan con el 61,3% para el promedio ponderado de los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol, que son los más
importantes. Es decir, que de cada $100 de renta (que está compuesta por el valor de la producción menos los costos) que genera una hectárea agrícola,  $61,30 se van en impuestos de los tres niveles.

Claro, no todas las provincias tienen producción agrícola, por lo que FADA eligió medir qué pasa en las más importantes, las que ocupan el centro y el este del país. Entre las seis consideradas, San Luis ocupa el cuarto puesto, peleando palmo a palmo el último escalón del podio con La Pampa en cuanto a presión fiscal a los contribuyentes del campo. Aquí el Estado se embolsa el 60,3% de la renta agrícola, en un ranking que lideran Entre Ríos (62,6%), Córdoba (61,6%) y La Pampa (60,5%).

Menos impuestos cobran Buenos Aires (59,8%) y Santa Fe (59,4%). En San Luis tiene mucho peso el impuesto a los Ingresos Brutos, con una tasa superior a la mayoría de las provincias. Pero también la distancia que la separa de los puertos de exportación encarece los costos de los productores, sobre todo en materia de fletes.

La “parte del león” se la lleva claramente el Estado nacional, ya que el 66,8% son impuestos propios no coparticipables. Un 28,2% los reparte entre las provincias, que a su vez imponen el 4,6% de los tributos, mientras que los municipios recaudan un 0,4% del total.

El costo de la soja

El cultivo más castigado es la soja, por la que hay que dejar en las arcas el 67,7% de lo obtenido, algo que se explica porque tiene derechos de exportación más altos (33%) que el resto. Le siguen el maíz con 53,4%, el trigo con 50,9% y finalmente el girasol con el 49,9% de participación estatal.

El índice de octubre es 0,2 puntos porcentuales más bajo que el de junio, ya que hubo una tracción mayor de los rindes esperados en soja para la campaña 22/23, en base a las primeras estimaciones de la campaña gruesa.

Si bien la participación porcentual de impuestos en la renta bajó, la cantidad de impuestos en pesos que pagó una hectárea promedio entre la estimación de junio y la de octubre se incrementó. En el caso de soja, los impuestos nacionales que paga una hectárea pasaron de $89.986 a  $104.056, en maíz de $54.480 a $69.264, en trigo de $38.069 a $41.527 y en girasol bajó de  $42.693 a $34.357. Queda claro que una mejora de precios o en los rindes enseguida se traduce en un mayor nivel de recaudación fiscal, principalmente de impuestos  nacionales como
derechos de exportación e impuesto a las ganancias, que tiene una correlación directa con los ingresos y la rentabilidad.

Un problema habitual que tienen los productos es el atraso del tipo de cambio respecto a la inflación, lo que incrementa los  costos de producción al medirlos en dólares, configurando un escenario desalentador para cualquier actividad  exportadora. Por ejemplo, el costo de la siembra se encareció un 66% en dólares en los últimos dos años,  mientras que los fletes subieron 88% en la moneda norteamericana.

Entonces, con atraso cambiario, los costos en pesos  comienzan a encarecerse al medirlos en dólares. Y para peor, está el efecto del cepo a las importaciones, que  encarece el precio interno de los productos que vienen de afuera. Las restricciones que impuso el kirchnerismo tienen impacto directo sobre insumos clave para labores y fletes como neumáticos, repuestos y en el precio de los camiones y las maquinarias.

En cuanto a los costos de insumos, los fertilizantes registraron fuertes subas en dólares desde principios de 2021. La urea, y los nitrogenados en general, crecieron 84,9% en dólares respecto a septiembre de 2021. Los fosfatados, en tanto, muestran una suba del 44,6% en dólares.

Si bien en los últimos dos años hubo una mejora sustancial de precios internacionales, impulsada por la política monetaria de Estados Unidos y por la invasión rusa a Ucrania, sobre todo en trigo y girasol; a la vez se dio una baja abrupta del tipo de cambio oficial real en la Argentina, lo que afecta la competitividad cambiaria de la producción agrícola.

Para 2022 se esperaba que el tipo de cambio siguiera más  de cerca a la inflación, pero la tasa mensual de inflación también saltó para ubicarse en un nuevo  escalón, por lo que el tipo de cambio continúa evolucionando por debajo.

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