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Historias de San Luis: juegos prohibidos en Villa de la Quebrada y Renca

Ya culminadas nuestras mayores fiestas religiosas en Villa de la Quebrada y Renca, voy a contar algunas anécdotas.

por Nino Romero

elchorrillero.com

Actualizada: 06/05/2023 22:13

En nuestra última historia relaté, prohibiciones por parte de algunos Obispos, a lo que ellos consideraban muestras de paganismo o vulgaridad que alejaban el espíritu religioso de las fiestas, fundamentalmente en Villa de la Quebrada.

La razón es simple: se trata del lugar de mayor asistencia de gente.

Esto no significa desmerecer la gran concurrencia que siempre tiene Renca, pero son fiestas diferentes.

Por eso algún Obispo llegó a prohibir la festividad del Cristo de la Quebrada y recomendaba ir a Renca.

Todo está debidamente documentado en varios archivos que se pueden consultar.

Pero ese no es el tema.

Es inevitable que estas multitudinarias convocatorias generen la posibilidad de ganarse unos pesos con algún emprendimiento.

Hubo tiempos en que las promociones de escuelas que debían realizar el viaje de egresados, trataban de conseguir un kiosco de lata con el auspicio de alguna gaseosa, y el compromiso de la venta exclusiva de esa marca.

Le agregaban venta de café, pasteles, varios productos dulces, y lo mejor era tener el puesto bien cerca de la plaza.

O si no conseguían el kiosco, los padres y familiares de los jóvenes se encargaban de armar atractivos stands.

La década del 70 tuvo muchas iniciativas de este tipo.

Generalmente, si se obtenía alguna ganancia, era para ayudar a los que no podían pagarse el viaje, ya que lo recaudado jamás llegaba a grandes cifras.

Los bailes y las peñas eran escenarios a veces de graves incidentes entre algunos que se terminaban desconociendo, o eran descubiertos con compañías inapropiadas tanto él como ella.

A propósito de esto último, hace muchos años se detuvo a varias mujeres que ejercían "la profesión más antigua del mundo".

Lo hacían en casillas rodantes y trailers estratégicamente instalados.

No desarrollaré el tema de la higiene y enfermedades que se transmitían.

Pero sí lo que asombró en los titulares de las noticias era que el responsable de "estos encuentros de amor", era nada más y nada menos que el Jefe Policial del Operativo Villa de la Quebrada. El designado para cuidar el orden y las buenas costumbres era el que manejaba el negocio. ¿Qué tal?

Estaba de los dos lados del mostrador.

Era complicado detenerlo, pero algo pasó. Alguien lo delató, dicen las malas o buenas lenguas.

También llegaban al lugar muchos que se aprovechaban de la incredulidad de los asistentes, y los engañaban con juegos de adivinanzas de barajas, o de la moneda o pelotita escondida debajo de un vaso.

Esto se fue erradicando, ya que desplumaban a hombres y mujeres con burdas maniobras.

O el adivinarle la suerte con los más variados sistemas, aunque esto último persiste.

También desaparecieron los lugares dónde la gente iba a timbear. No había casinos autorizados, así que se improvisaban carpas o construcciones precarias para jugar al truco, siete y medio, póker, ruleta, dados, chin chon, la taba y la ruleta.

Por supuesto que en todos los juegos se hacían trampas.

Por ejemplo, las tabas eran modificadas puliendo algunas de sus caras, y cargándolas para que cayesen de una determinada forma.

Taba cargada. Los líos que se habrán armado.

Juego de las tabas.

Hace unos años en Villa de la Quebrada, un grupo de ciudadanos armó una cancha de taba en un terreno apropiado para esta práctica, y que estaba en las afueras del pueblo.

Se entera la policía, asiste al lugar y procede a la detención de los promotores, quienes buscaron un abogado que los defendiera.

Ese abogado consiguió la liberación de los demorados.

El letrado que intervino fue el doctor Jesús Liberato Tobares, además escritor, historiador e investigador de San Luis.

Su argumento principal fue que "la taba es un juego de habilidad y destreza criolla”.

Y lo desarrolló ampliamente en sus escritos.

La taba les cayó del lado de la suerte a los muchachos.

Dice la leyenda de este caso, que una vez liberados, estos amigos cuyanos se apersonaron ante el doctor Tobares para preguntarle por sus honorarios.

El abogado y escritor respondió que no había ninguna deuda, ya que utilizó en la defensa un trabajo ya escrito de su autoría sobre investigación y divulgación cultural, y fue lo que presentó para que liberaran a los imputados.

A los procesados y liberados no se les ocurrió mejor idea que regalarle al doctor Tobares la taba que tantos dolores de cabeza les había dado, y que supuestamente es conservada por el ya retirado magistrado, en su museo de la localidad de San Martín.

Y hablando del tema. Llevamos mucho tiempo con la taba cayendo siempre de ….

Es hora que tiremos "suerte". Ya cayó bastante del otro lado.

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