En 2024 se rescataron más de 100 animales y la mayoría fueron pájaros
En todos los casos se trasladaron al Centro de Conservación de Vida Silvestre para su tratamiento, recuperación y liberación. El primero del año fueron dos polluelos de ñandúes.
En Villa Mercedes, durante el 2024, la Policía Ambiental decomisó en total 106 aves, cuatro mamíferos y un reptil, que por diferentes situaciones se encontraban fuera de su lugar de pertenencia.
La veterinaria Andrea Gangone del Centro de Conservación de Vida Silvestre (CCVS), ubicado en la Reserva Floro Faunística de La Florida, brindó detalles a El Chorrillero sobre los casos, y explicó cómo es el procedimiento que se realiza desde que los animales son recuperados hasta que se liberan en la naturaleza.
Dijo que las aves canoras son las que más ingresan al establecimiento, ya que la mayoría de las veces son utilizadas para el tráfico y comercialización. También reinamora, cardenales, jilgueros, corbatitas, cabecita negra, vizcachita, vira vira, rey del huerto, pico de oro, monjita cabeza negra, cardenal rojo, pica huesos y caranchos.
En algunas situaciones fueron los vecinos de los infractores quienes denunciaron la tenencia de los pájaros en las viviendas, y otros se encontraron en operativos de rutina que se realizaron en la ruta.
Los mamíferos que llegaron desde Villa Mercedes fueron dos pumas que el 25 de enero del año pasado fueron rescatados de una vivienda. Los tenían encerrados en un gallinero y eran publicados en las redes sociales. Además, un zorro y su cría fueron encontrados en la ciudad y trasladados hacia La Florida.
En cuanto al reptil, se trató de una tortuga de agua que estaba en un domicilio particular.
Otro caso resonante fue el de pichones de lechuzas de campanarios, que también eran ofrecidos a la venta a través de Facebook.
Cuando toman conocimiento, el personal de la Policía Ambiental, en conjunto con el equipo de Fauna, que pertenece a la dirección de Biodiversidad de la secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, se dirigen a la vivienda denunciada para intentar que los animales sean entregados voluntariamente. Si hay resistencia se abre una investigación con la intervención de la Justicia, que termina normalmente con allanamientos que implican multas y se procede al secuestro de los animales.
Los animales se trasladan directamente al Centro de Conservación e ingresan a una cuarentena, que varía según el tamaño y la especie.
Los pajaritos, por ejemplo, los primeros días se mantienen en recintos chicos para poder ser monitoreados.
En el caso de los Pumas, permanecen solos un tiempo para que coman bien y se desarrollen adecuadamente.
“A medida que veamos que están bien, comiendo, regulando el peso o que terminan el tratamiento correspondiente, los pasamos a recintos más grandes, adaptados a cada especie”, señaló la profesional.
Los cóndores son ingresados a una voladora de 10 metros de largo por 17 de alto y 15 de profundidad, para corroborar que puedan volar libremente. Los pajaritos son enviados a espacios largos, pero que no superan los dos metros de altura, para poder manipularlos y prepararlos para su liberación.
Una vez que consiguen el alta, muchas veces son monitoreados por cámaras trampa: “Nosotros intentamos interactuar lo menos posible, les dejamos la comida, el agua, los miramos para asegurarnos de que estén comiendo, de que estén bien en general y después nos alejamos”.
Es casi imposible discriminar cuáles son las aves que se encontraron en Villa Mercedes que fueron liberadas, ya que los ingresos son continuos y las sueltas son grupales.
En total, el año pasado se soltaron 150 animales, de aproximadamente 500 que habían ingresado al lugar. Para este otoño, está previsto que más de 100 pájaros vuelvan a volar en la naturaleza.
En lo que va de 2025, se decomisaron en la ciudad dos polluelos de ñandú, que fueron encontrados a una semana de nacer. El padre, que es quien se encarga de incubarlos y criarlos, había sido cazado y estaba sin vida.
Actualmente los “charitos” están probando una alimentación variada, basada en brotes, insectos, pequeños anfibios y frutas.
“Estamos esperando que crezcan porque son muy chiquitos. A la noche se quedan con calefacción. Luego serán pasados a un recinto para que tengan más espacio y empiecen a buscar más comida”, contó Gangone.
A los seis meses llegarán a la edad de adultos y alcanzarán un tamaño que les permitirá defenderse en la naturaleza.
“Hay que tomar consciencia de que hay cosas de las que no se vuelve. A medida que perdemos biodiversidad, es muy difícil que otro lo reemplace como corresponde. Hay otras formas de disfrutarlos, no en una jaulita o teniéndolos dentro de la casa. Los apreciamos en su totalidad cuando están en la naturaleza”, transmitió.
En caso de tener conocimiento de un animal silvestre que represente un riesgo o que se sepa que es víctima del tráfico ilegal, se debe dar aviso al área Fauna de la secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable al teléfono 0266-4452000 interno 3372, o bien a la Policía Ambiental al 911.