FEMICIDIO EN VILLA MERCEDES
El fiscal pidió reclusión perpetua para el acusado de matar por venganza, de 25 puñaladas, a la hija de su ex
Amado Raimundo Díaz ya sabe cuál es la pena que podría afrontar si un Tribunal lo declara culpable de asesinar a Anahí Robledo Yuvero, de tan solo 17 años, la máxima pena estipulada por el Código Penal Argentino: la reclusión perpetua. El juicio podría ser este año.
El fiscal instructor 2 de Villa Mercedes, Leandro Estrada, quien investigó el crimen de Anahí Micaela Robledo Yuvero, no anduvo con medias tintas la mañana de este jueves, cuando formalizó la acusación contra Amado Raimundo Díaz: pidió la elevación a juicio cuanto antes de esa causa y también la pena que considera debe recibir, si el Tribunal que lo juzgue coincide con él y lo declare culpable: reclusión perpetua.
Esa es la máxima pena prevista por el Código Penal Argentino y no debe ser confundida con la prisión perpetua. El representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) ratificó su acusación por “homicidio triplemente calificado, por alevosía, ensañamiento y venganza transversal” contra el hombre que, según la evidencia que recolectó él y su equipo, hace poco más de un año asesinó de 25 de puñaladas a la adolescente, hija de su expareja.
La teoría de la Fiscalía es que Isabel Elisa Yuvero le había puesto punto final a su relación con Díaz y eso, de alguna forma, lo obsesionó. Él, que encima era vecino suyo, no quería aceptar esa separación. Por eso se la pasaba vigilando los movimientos de la mujer, la seguía en su auto, merodeaba su trabajo y los lugares que frecuentaba para saber dónde estaba. La acechaba. Esa locura llegó a su punto máximo la madrugada del 23 de mayo del año pasado. Cuando el acusado, siempre de acuerdo con la hipótesis fiscal, entró a lo de su ex y tuvo la fuerza, el coraje y la frialdad suficiente para hundir un cuchillo 25 veces en el cuerpo de la chica de 17 años, para darle así, de algún modo, a su ex donde más le dolía y matarla en vida.
El fiscal Leandro Estrada pidió la reclusión perpetua para Amado Raimundo Díaz.
Si bien la reclusión perpetua no es lo mismo que la prisión perpetua, su implementación en los últimos años ha caído en desuso y rara vez es propuesta como pena. La razón recae, en algunos casos, en sus criterios de aplicación, pues para algunos la reclusión no permite ningún tipo de beneficio, como las salidas transitorias, y pueden durar un tiempo indefinido, que va más allá de los 35 años. El caso más emblemático fue el de Robledo Puch, el llamado “Ángel de la muerte”, quien estuvo más de 50 años preso por cometer 11 homicidios.
Obsesión, crimen y sus pruebas
En la audiencia presidida por el juez de Garantías 1, Alfredo Cuello, Estrada afirmó que el día del femicidio el acusado, que ahora tiene 59 años, entró a la casa 23, de la manzana 6050, del barrio Jardín del Sur, ubicada en la calle Marcelino Guiñazú, donde vivía la víctima y su madre, y la asesinó. Fue a traición, cuando estaba indefensa, mientras dormía esa fría mañana de otoño.
Estimó casi con precisión, según las pruebas fílmicas y el mismo resultado de la autopsia, que el asesinato ocurrió entre las 6:44 y las 6:54 de ese jueves. No tuvo piedad. Pero, aunque le produjo 25 lesiones en el cuerpo y la cabeza, solo dos de ellas resultaron mortales. La forense determinó que le provocaron un shock hipovolémico, es decir, una pérdida incontrolable de sangre, que se cobra la vida de una persona en apenas minutos.
Para fundamentar su teoría, el fiscal de instrucción enumeró las pruebas en cuatro grupos. El primero de ese conjunto de elementos probatorios fue el que puso a Díaz en el lugar y el momento del femicidio. “Lo ubicamos ahí en función de las cámaras de seguridad”. Indicó.
Refirió que el hombre habitaba a media cuadra de Anahí, por la misma calle, en la manzana 6032. Le alquilaba un departamento, el número 2, a un hombre que tenía un complejo de apartamentos y también un par de comercios en la planta baja de ese pequeño edificio.
Estrada refrescó que Díaz había mantenido una relación sentimental con la madre de la víctima. Aunque no lo dijo en la audiencia de este jueves, en entrevistas anteriores, había dicho que era “una relación de idas y vueltas”. Sin embargo, ese vínculo parecía estar del todo roto por el lado de la mujer y era el hombre quien buscaba constantemente regresar y, lograr en lo posible, una reconciliación.
Relató que el dueño del complejo de departamentos había instalado unas cámaras de video en la planta baja del edificio. Fueron esos aparatos los que registraron la salida del acusado en varias oportunidades la mañana del crimen, incluso antes de las 5 de la madrugada partió en su auto.
Fue hasta Ardiles y Mitre, en cercanías del gimnasio donde trabajaba Isabel. De hecho, la mujer, otros empleados del lugar y hasta algunos clientes lo vieron merodear en su Peugeot 206. Hasta las cámaras de videovigilancia del SISPRO (Sistema Inteligente de Seguridad Provincial (SISPRO) captaron los movimientos de su vehículo.
En su relato, dio a entender que el presunto femicida dejó su coche allí y regresó caminando a su barrio, específicamente fue hasta la casa de Anahí. “Permaneció unos minutos dentro del inmueble, entre diez y once minutos, y se retiró”, contó. Dijo que salió con una bolsa y con otro pantalón y otras zapatillas, pero con la misma campera azul petróleo.
“A criterio del Ministerio Público Fiscal en esa bolsa llevaba un jogging, que nunca apareció y fue con el que se lo vio inicialmente cuando se retiró a las cinco de la madrugada y volvió caminando a lo de Anahí. En la bolsa también estaba el elemento punzocortante que usó para cometer el hecho”, aseguró.
Eso, aclaró Estrada, descarta de plano que los homicidas pudieran ser los padres de la joven. “La madre, y hay testigos que lo afirman, estaba trabajando en ese momento y el padre de la chica, Javier Abel Robledo, también se encontraba en su puesto de trabajo en Diaser.
El segundo grupo de pruebas, prosiguió el funcionario, lo constituye el contexto del hallazgo del cadáver. El cuerpo fue descubierto por la madre de la chica el mismo día del crimen, a las 15. “La mujer había dejado a su hija sola la noche anterior porque tenía a su padre internado en el Sanatorio Mitre y lo estaba cuidando”, recordó. Cuando Isabel regresó esa tarde a su domicilio notó que la mochila y las llaves de su hija estaban donde las había dejado, en la mesa del living. “Eso quiere decir que quien ingresó, el asesino, lo hizo con una llave porque la víctima no se levantó a abrirle”, explicó.
La puerta principal de la casa no estaba violentada y quien cometió el homicidio tampoco entró por la puerta balcón, que la vivienda tiene en el patio trasero. Consciente de que allí estaba la mascota de la casa, un perro de grandes dimensiones, que ladra y se torna agresivo ante un extraño o alguien de quien desconfía.
El funcionario contó que esa madrugada la adolescente se había comunicado con sus padres vía WhatsApp, para anticiparles que no iba a ir a la escuela porque no se sentía bien, le dolía la cabeza. Les había dicho lo mismo la noche anterior a unos compañeros. Pero “a las 6:44 ya no contestó más los mensajes, el horario probable del crimen, según la autopsia”, recalcó.
El tercer grupo de evidencia lo conforman las 25 lesiones de arma blanca. Dijo que, en su mayoría, en un 90%, la chica las tenía en el lado derecho del cuerpo y también en el rostro. Estaba en posición fetal, de costado izquierdo, como durmió esa noche y la encontraron debajo del sillón futón donde se había acostado. “Las heridas en su costado derecho indica que quien se las infringió usaba la mano contraria”, señaló.
Describió que el asesino tuvo que ubicarse por encima del cuerpo de la adolescente. El hecho de que todas las estocadas se las haya provocado en el lado derecho de Anahí refiere que el homicida era hábil con su mano izquierda. Esa característica particular de ser zurdo también fue registrada por las cámaras de seguridad de la comisaría, cuando lo grabaron al firmar un escrito y manipular utensilios para comer con su mano izquierda, agregó.
El último grupo de elementos probatorios que terminan de complicar a Díaz, según la hipótesis fiscal, son los resultados de ADN hechos a la campera azul petróleo oscuro, de la que el hombre nunca se deshizo. Es más, la dejó sobre una silla de su departamento y luego salió de su casa con una bolsa.
En una primera requisa que los policías del Departamento de Homicidios hicieron la noche del 23 de mayo de 2024, supervisados por Estrada, no advirtieron las manchas de sangre en la campera por su color oscuro. Pudieron visualizarlas en un allanamiento posterior, en el que la secuestraron. “Las manchas estaban en la parte anterior de la prenda”, precisó Estrada.
Los análisis practicados en los Laboratorios Puntanos revelaron que esos rastros de sangre eran del grupo sanguíneo de Anahí, que había heredado de su padre. “Otra prueba efectuada sobre las uñas de la víctima y del acusado confirmaron la presencia de un 99,99 por ciento de ADN de la adolescente en las muestras”, remarcó. Todo eso ubica al acusado en el lugar del femicidio, como autor del mismo.
Además de todo eso, indicó que hay evidencia que “da cuenta de la dinámica relacional entre la madre de la chica y el asesino”. Dijo que Elisa le contó de diversas conductas contra la perspectiva de género que tenía el hombre hacia ella. Hablaba de “celos, de que la seguía en el auto”, todo lo cual indica que previamente la mujer “sufrió una violencia psicológica de parte del acusado”, sostuvo.
Aunque el fiscal no lo mencionó en esta audiencia de apertura y elevación de juicio, en las anteriores exposiciones y hasta en entrevistas, reconoció que la primera persona a la cual recurrió Isabel cuando descubrió el cadáver de su hija fue a Díaz. El hombre respondió al llamado y fue hasta lo de su ex, pero, según subrayó Estrada, el presunto asesino no entró a la vivienda. “Entonces, no se entiende por qué tenía esas manchas de sangre en la campera”, planteó hacia el final de su exposición.
Laura Rodríguez, la abogada de la madre de la adolescente, adhirió a todo lo planteado por la Fiscalía. Bautista Rivadera, el defensor de Díaz, por su lado, no planteó objeciones, a todo lo expuesto por el fiscal. No obstante, y sin dar mayores explicaciones, sostuvo que su cliente es inocente y anticipó que eso quedará a la vista en el juicio.