NUEVA ESCOCIA
Enviaron a la cárcel a una pareja que habría sido mandada por un abogado a secuestrar al puestero de un campo para usurparlo
Yanina Soria y Gonzalo Guevara estarán presos cuatros meses. El fiscal Leandro Estrada los imputó por “usurpación”, "privación ilegítima de la libertad” y "portación ilegal de arma". Aunque no le formuló cargos, señaló que el autor intelectual sería un abogado y escribano de Villa Mercedes que “insiste con que ese campo es suyo”. Subrayó que fue un “hecho gravísimo” y que es la segunda vez en un año que sucede.
Gonzalo Gustavo Guevara se agarró la cabeza. A su derecha, a su pareja Yanina Belén Soria se le caían las lágrimas cuando la jueza de Villa Mercedes, Natalia Pereyra Cardini aceptó las imputaciones en su contra por tres delitos y también el pedido de prisión preventiva que hizo el fiscal, por los siguientes cuatro meses.
En la sala de audiencias, Guevara y Soria parecían inofensivos, una pareja normal que se apoya el uno al otro. Pero las pruebas le indican al fiscal instructor 4, Leandro Estrada que están muy lejos de ser eso y hasta dio a entender que, en la audiencia, ambos mintieron olímpicamente cuando dieron su versión de lo que pasó la madrugada del sábado.
El funcionario dijo que ese día, junto a otros dos delincuentes secuestraron al puestero de un campo de Nueva Escocia. Apuntándole todo el tiempo con un arma de fuego lo subieron a un auto, lo dejaron en la Terminal de Ómnibus y lo obligaron a tomarse un micro hacia la ciudad de San Luis. Todo eso lo hicieron, de acuerdo con la hipótesis de la Fiscalía, porque un abogado y escribano los envió. No solo eso, es la segunda vez en un año que sucede lo mismo, porque el presunto autor intelectual asegura que ese establecimiento rural le pertenece, y que se se lo usurparon.
Antes de que la jueza de Garantías tomara su decisión, Víctor Villegas, el defensor de la pareja insistió con que, al menos, a la mujer le permitan la prisión domiciliaria, en vista de que es madre de dos nenas. “Una de dos años y medio y otra de seis años”, precisó con la voz quebrada el imputado de 31 años. Los acusados se abrazaban y lloraban, como si nunca hubieran tenido problemas con la Justicia Penal.
Guevara dijo que era empleado rural, pero lo cierto es que hasta el año pasado estuvo preso por un robo. Logró salir porque acordó pagarle a la víctima una suma de dinero, para cerrar la causa a través de una recomposición económica, un tipo de acuerdo que prevé el nuevo sistema procesal. También tiene un antecedente por evasión. “Es decir que estuvo detenido y se escapó”, resumió Estrada.
Soria tampoco desconoce las rejas. El 3 de julio fue condenada a un año y ocho meses por golpear a una mujer policía. No la enviaron a la cárcel porque el tiempo de encierro era muy poco, pero la Justicia le advirtió que si cometía otro delito le revocarían esa prisión en suspenso y la trasladarían al Servicio Penitenciario. Y, como si fuera poco, en las horas que estuvo alojada en la Comisaría de Justo Daract violentó las rejas de un calabozo, en un intento por fugarse.
El fiscal de instrucción los imputó por “usurpación”, “privación ilegítima de la libertad calificada por la violencia, el uso de un arma y amenazas” y “portación ilegal de un arma de fuego civil”. Mencionó que continúa la búsqueda de los otros dos hombres que secuestraron a Domingo Blanco. Uno ya fue identificado, adelantó, el otro todavía no.
Este martes les formularon los cargos en la Segunda Circunscripción Judicial.
El funcionario público, en varios momentos de su exposición, remarcó que lo que sucedió el sábado fue “un hecho muy grave”. Hasta dijo sentirse agradecido de que la víctima tuviera un carácter tranquilo, porque lo que vivió fue terrible. Pudo sufrir desde un ataque cardíaco o hasta reaccionar violentamente, si tuviera otra personalidad. Por eso también subrayó que era necesario actuar porque ya son dos las veces que ocurre lo mismo en ese lugar, en una tercera oportunidad el desenlace podría ser fatal, advirtió. “Todos saben que la gente de campo tiene armas, para matar a los pumas” y sería natural pensar que la próxima vez la víctima pueda intentar defenderse a los tiros, manifestó.
Repasó que el sábado pasado, entre la una y la una y media, cuando Blanco dormía fue sorprendido por un grupo de personas. No pudo ver sus rostros, porque lo encandilaron con la luz de una linterna. Pero sí pudo distinguir que eran cuatro, por sus voces detectó a tres hombres y una mujer. “Lo sacaron así como estaba, en calzoncillos, le pusieron una boina en la cabeza y lo amenazaron”, relató. Todo el tiempo sintió en un costado de su cabeza “el caño” de un arma de fuego.
Refirió que era un caño y parecía ser corto porque podía sentir uno de los dedos del delincuente que la empuñaba. La descripción coincide con el revólver, calibre 22, casi impecable que le secuestraron a Guevara de la guantera de su auto. Cuando el imputado tuvo la chance de hablar aclaró que esa arma, en realidad, no era de él, sino que se la había prestado un amigo porque tenía miedo. Dijo eso, pero no pudo ni especificar el momento en que le pidió el revólver porque tanto él como su pareja no saben mucho de “horas y días”.
––¿Dónde fuiste a buscar el arma?––preguntó el fiscal.
––A mi casa––respondió.
––¿No dijiste que te la había prestado un amigo? ––repreguntó Estrada.
––Sí, me la dio en mi casa––aseguró Guevara.
––¿Qué amigo, cómo se llama?––pidió precisiones el funcionario.
––No sé cómo se llama––balbuceó y se tomó unos segundos para pensar––El cascarudo, le dicen, es un chico limpiavidrios––contestó.
––¿Un chico limpiavidrios que no sabes cómo se llama te dio un revólver que está impecable? Se ve como nuevo, las tachas, todo––puso en duda el fiscal instructor.
Estrada continuó su relato. Sostuvo que los cuatro secuestradores estaban por subir a un auto al puestero así, casi desnudo como estaba, cuando la única mujer presente les solicitó que le permitieran vestirse dado el frío que hacía.
“Lo subieron a un auto, lo llevaron a la terminal y lo hicieron irse a San Luis en un colectivo”, dijo el representante del Ministerio Público Fiscal (MPF). Señaló que frenaron detrás de la estación, pensando que allí, no había cámaras de video. “Se equivocaron. Siete cámaras grabaron el recorrido que hicieron desde el campo hasta la terminal”, aclaró.
Trasladaron a la víctima en un auto hasta Villa Mercedes.
Blanco efectivamente tomó un colectivo hacia San Luis. Una vez allí, ya más calmo, se comunicó con un vecino y, a través de él, con el dueño del establecimento rural, Silvio Lorenzetti. El propietario llamó, de inmediato, a la Policía. Al mismo tiempo, alrededor de las 5:30, el número “de la Policía, el 911, recibe una serie de llamados” de parte de una persona que aseguraba que alguien en una camioneta intentaba robarle el ganado de una estancia. Ese hombre no era un delincuente, era Lorenzetti, en su Toyota Hilux, aseveró el funcionario.
Los policías arribaron durante la mañana. “Guevara les afirmó que él era el cuidador”, contó Estrada. Uno de los efectivos se percató de que la cadena de la tranquera estaba cortada, el imputado advirtió esa observación del agente y rápidamente reaccionó. “Dijo que se la habían cortado antes, por eso la sacó y la guardó en su Peugeot”, narró. De hecho, en un momento, el acusado llegó a referirle que conocía al fiscal y hasta le mostró que tenía su número de teléfono. “Me invocó a mí en una cosa, como dicen los chicos, totalmente random, de engañar a la Policía. No voy a permitir que me invoque a mí. Además de que mi número lo tiene todo el mundo”, manifestó Estrada.
Aparte del testimonio de Blanco, los videos de las cámaras, la Fiscalía también cuenta como prueba la declaración de Lorenzetti. El propietario de “Don Jorge” les relató que unos días antes, el 15 de julio, unas personas habían ido en un Peugeot 208, gris y simularon ser empleados de la fiscalía de Estrada, por “una supuesta inspección ambiental”, repasó. Lorenzetti, por supuesto, que no les permitió hacer tal requisa porque esos extraños no llevaban una orden judicial.
Guevara y Soria pidieron hablar. El hombre contó que él es empleado del abogado y escribano, que el fiscal presume es la mente maestra de todo. “Yo trabajo para él los viernes, sábados y domingos, pero no me quedo ahí”, dijo no muy seguro.
“¿Hace cuánto que trabajas ahí?”, le preguntó Estrada. “Unos cuatro meses”, le respondió más inseguro todavía.
El fiscal le consultó, entonces, quién o quiénes trabajaban de lunes a viernes. “No sé, yo no los conozco”, contestó. Relató que él y su familia llegaron al campo el viernes alrededor de las 19, vieron que las ovejas estaban sueltas y comenzaron a contarlas. Como empezó a llover, decidieron quedarse allí y no volver a la ciudad. “Tipo una (del sábado) cae este chico (Blanco) con un olor a alcohol”, aseguró. “Llevame, hermano”, le insistió, según él, para que lo acercara hasta la terminal de micros. “¿A dónde? Yo no te voy a llevar, pero empezó a discutir y se puso nervioso”, afirmó.
Contó que lo hizo, más que nada, porque tenía a su familia allí y no quería problemas. “Es más, mi señora le dio unos veinte mil pesos para que se tomara un colectivo”, detalló. Dijo que lo acercó hasta la estación de ómnibus, se bajó y hasta lo ayudó con los bolsos. Después, según él, trató de comunicarse con su patrón, el abogado y escribano, para avisarle lo que había pasado, pero que jamás le contestó.
Mencionó que se fue a su casa, a buscar ropa, y regresó al campo. Vio “a las ovejas sueltas, una camioneta que rondaba y después se escucharon unos tiros”. Fue ahí cuando él y su pareja llamaron a la Policía.
Soria fue todavía menos clara en su versión. No pudo ni decir cuándo se les apareció Blanco, que primero dijeron no conocer, pero que luego identificaron como otro empleado que tiene la estancia.
Según su testimonio, llegaron al campo el sábado, a las 18 o 19 y que “el problema” lo tuvieron del sábado para el domingo. “Al chico alcoholizado lo vimos el domingo”, señaló, cuando Guevara había dicho que todo ocurrió la madrugada del sábado. En un momento la mujer llegó a decir que “a las nueve de la tarde” la Policía arribó al campo, después de estar llamándola toda la noche. “Mucho de horarios no tenemos conocimiento nosotros. Pero nos culpan de algo que no hicimos”, expresó Soria.
El revólver fue hallado en la guantera del auto.
Ambos quedaron detenidos cuando fueron hasta la Comisaría 29°, a dar aviso de que alguien merodeaba el establecimiento rural en una camioneta. En la casa de la estancia, los efectivos secuestraron después el Peugeot 208 de Guevara. Dentro del auto encontraron una linterna y un revólver.
No es la primera vez que el abogado y escribano (señalado como responsable) hace algo por el estilo, según Estrada. Primero hizo lo mismo con un chico de 17 años, a quien hizo pasar por puestero del campo y que trabajaba para él supuestamente desde hacía diez años.
El fiscal resaltó otra vez que Lorenzetti es el poseedor de esa estancia, antes llamada “El Retiro”. La obtuvo a través de una concesión de poseedores. A su vez, el dueño trabaja con Federico Giraudi, quien es el empleador de Blanco. El puestero controla a los animales, que son muchos, explicó.
Víctor Villegas, el defensor, a su turno, dijo que no correspondía tratar en el fuero penal la supuesta usurpación. Señaló que eso debe ser ventilado en el fuero civil y que sus clientes no tienen nada que ver con eso.
Por otro lado, indicó que tampoco pueden endilgarle los otros delitos porque ellos trabajaban para ese abogado y escribano, que tiene alrededor de 250 vacunos en ese lugar. Por todo eso, requirió la absolución de la pareja.
“Yo sabía que había un conflicto con ese campo, pero no que era de esa manera”, manifestó Guevara, que luego reconoció haberse cruzado más de una vez con Lorenzetti. “Era como una cosa de choque, no nos mirábamos”, dijo tratando de aclarar algo, pero que, de cierta forma, demostraba que sabía más de lo que había dicho antes.