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Pelea por una planta de marihuana: un juez les había dado la prisión domiciliaria, ahora un Tribunal se las revocó y los mandó al penal

Franco Daniel Páez y su sobrino César están imputados por intentar matar a tiros a un vecino, en un enfrentamiento entre dos familias, en el que el detonante pareció ser una planta de marihuana. Luciano Mercau, quien resultó baleado, y sus parientes afirmaban que los otros les habían robado la planta. Aunque un fiscal pidió la prisión preventiva, un juez les otorgó el encarcelamiento domiciliario. Pero ese beneficio solo les duró diez días.

Foto Periódico Judicial
Fueron enviados al Servicio Penitenciario Provincial.
Actualizada: 06/10/2025 23:53
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Fue lindo mientras duró, pero solo fue por diez días. Un Tribunal de Impugnación revisó la resolución a través de la cual el juez de Garantías 1 de Villa Mercedes, Alfredo Cuello, les dictó la prisión domiciliaria a Franco Daniel Páez y su sobrino César, ambos imputados por intentar asesinar a tiros a un vecino, Luciano Mercau. Luego de analizar el caso, a pedido de un planteo de la Fiscalía de Instrucción 3, sin dar mayores fundamentos, los jueces Hernán Herrera, María Monserrath Bocca y Marcelo Bustamante Marone resolvieron revocar “la prisión domiciliaria y ordenar el encarcelamiento preventivo” de los hombres por los siguientes cuatro meses.

Los Páez están acusados de “homicidio calificado por cometerse con el empleo de arma de fuego y el concurso premeditado de dos personas en grado de tentativa”. El 26 de septiembre, cuando venció la prórroga del arresto solicitada por su abogado y el juez debía definir sobre su futuro, los fiscales José Olguín y su adjunto Marcelo Palacio requirieron la medida más severa: 120 días de encierro en el Servicio Penitenciario de San Luis.

La víctima estuvo en terapia intensiva, bajo coma inducido y pronóstico reservado. Pero, luego de casi cuatro días de estar bajo cuidados intensivos, ya estaba en una sala común. Por suerte, su vida no corrió jamás peligro. El balazo lo recibió a un costado del abdomen, más precisamente en el intestino grueso. Es una zona delicada, por eso los médicos esperan que el órgano sane por completo, para evaluar si están en condiciones de extraer el proyectil. Esa cirugía es riesgosa.

Para el defensor, Gustavo Reviglio, retirar el plomo y examinarlo para establecer el calibre es un dato esencial para confirmar si la munición salió disparada de un revólver calibre 22 largo o calibre 32. “Los Mercau dicen que vieron un revólver calibre 32 y lo raro es que, en el lugar donde pasó todo, la Policía no encontró ninguna vaina de ese calibre”, destacó. Lo que sí hallaron fueron vainas de un calibre 22.

El abogado, además, sostuvo que hasta existe un video que registró una tía de sus clientes, también vecina del barrio. En la filmación, captada tras el ataque, puede verse a uno de  los Mercau empuñando un arma de fuego que, por su tamaño, no era una 22, remarcó.

A pesar de sus argumentos, el resultado de dermotest, la prueba con rodizonato de sodio que detecta rastros de pólvora en la piel de una persona para descubrir si usó recientemente un arma de fuego, confirmó que en la mano derecha de Franco había restos de pólvora. Según Reviglio, esos rastros fueron ínfimos e insignificantes, y tampoco pueden ser tomados como concluyentes, porque luego de tres o cuatro días realizar ese tipo de estudios no tiene el mismo grado de certeza y puede indicar un falso resultado.

Todo sucedió alrededor de las seis de la mañana del domingo 14 de septiembre. “Fue una pelea entre dos familias”, resumió uno de los fiscales. La realidad, según Reviglio, es que desde que llegaron al barrio los Mercau no dejan de tener problemas con todo el mundo, sobre todo con los Páez. Ambas familias viven al sur de la ciudad, cerca del río.

Olguín, en las audiencias, dijo que los acusados fueron hasta lo de la víctima, uno de ellos, Franco, portando un arma de fuego. No abrió fuego de inmediato, sino que antes hubo una discusión y una riña. Según la teoría fiscal, el hombre “desenfundó un arma de fuego tipo calibre 22 largo y realizó varios disparos”, relató el funcionario. Hubo varios tiros, también golpes de todo tipo y uno de esos proyectiles hirió al hombre.

Para Reviglio, todo sucedió al revés. Dijo que los Mercau fueron hasta lo de Franco, quien se preparaba para ir a su trabajo. Precisó que se dedica a la colocación de carteles dentro y fuera de la ciudad. Relató que los familiares del herido llegaron buscando a César porque, según ellos, les había sustraído una “cosa menor” de su domicilio. El objeto en cuestión era una planta de cannabis sativa, es decir, de marihuana, confirmó otra fuente.

El Páez que buscaban ni siquiera vive en esa zona, sino en el barrio 365 Viviendas. El abogado aseveró que los parientes del herido no fueron con la intención de hablar, sino que los atacaron con pedradas y balazos. Hasta las mujeres se pelearon. “Se armó tremenda trifulca, un todo contra todos”, expresó. En medio de esa riña, había menores de edad, los hijos de Pablo Páez.

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