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Dos meses más de cárcel para un joven que les robó a sus vecinos con un chango de bebé y fingió llevar a una criatura

Raúl Ortiz Abdon está en la penitenciaría hace 45 días. Si sigue así estará preso hasta el día del juicio. El robo fue la noche del 29 de noviembre pasado. Rompió una ventana de la vivienda de su vecino de frente y procedió a sustraer en tandas. Primero arrancó un televisor de la pared, lo llevó hasta su domicilio y luego regresó por unas herramientas.

La noche del 29 de noviembre cuando detuvieron al imputado. Había quedado atrapado sin salida en la casa de las víctimas.
Actualizada: 20/01/2026 00:29
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Raúl Ortiz Abdon quizás pensó que por ser las víctimas unos vecinos, sabrían entenderlo y no lo denunciarían. También tal vez creyó que como fue descubierto in fraganti, parte del robo quedó a medio camino y porque es joven no pasaría a mayores. La cárcel, como posibilidad, probablemente ni la contempló. Se equivocó en grande. Incluso la estrategia de la que se valió para saquear lo de un hombre que vive cruzando de vereda fue tan tosca, cuasi infantil, que dejó a la vista que no se tomó ni el tiempo para pensarla, ya que tampoco planificaba el “robo del siglo”. Simplemente, notó que en lo del denunciante no había movimientos y fue hacia allá. Sin armas, ni herramientas para violentar aberturas, solo equipado con el chango de un bebé. Lo único que rompió para ingresar a la ajena casa fue una ventana y, una vez dentro, se llevó todo lo que cabía en el carrito. Arrancó como si fuera un cuadro un televisor instalado en una pared y empezó el traslado del botín por partes, al estilo hormiga. En medio de la faena, llegaron quienes viven allí. El ladrón tenía en sus manos el changuito y el botín cubierto con una manta, igual que a una criatura. Por eso estará preso 60 días más.

El mediodía de este lunes, en una audiencia de revisión por vencimiento del tiempo de prisión preventiva, solicitada en una primera parte, el fiscal instructor N° 1 Maximiliano Bazla Cassina requirió la extensión del encarcelamiento por dos meses. Ortiz Abdon, de 24 años, está imputado por “robo agravado por efracción de ventana”.

Antes de estar tras las rejas, el joven vivía en un domicilio en el que habitan varias familias, en calle Carlos Pellegrini al 600, precisamente en el barrio Carlos Pellegrini. La noche del 29 de noviembre pasado vio a oscuras lo de sus vecinos, que están al atravesar la calle. Sabía que ahí no había nadie y decidió robarles. Las vio como víctimas “a la mano”.

Cruzó hacia la vereda opuesta, rompió una ventana rectangular de la vivienda e ingresó. Apuntó, primero, a lo más llamativo y grande que vio: el televisor del living. No le importó que estuviera sujetado a la pared con un soporte. Lo arrancó, sin saber si había dañado o no la parte trasera del aparato. Y, ahí nomás, se fue hasta esa especie de conventillo donde vive.

El televisor y las herramientas de trabajo que sustrajo el ladrón del living de sus vecinos.

Dejó el televisor en el techo de la casa de una de las familias que reside ahí y reanudó el robo. Esa segunda vuelta la hizo usando el tierno medio de transporte del botín, el chango de un bebé. Pues pensaba llevar más elementos, pero no tan grandes como la TV.

Entró de nuevo a lo de los damnificados, cargó todo lo que pudo en el changuito como si fuera una persona en un supermercado con un pase libre para tomar todo lo que quisiera sin pagar. Lo llenó de herramientas que. los delincuentes, por lo general, sustraen no para uso personal sino para venderlas, dado que algunas son realmente costosas.

Cuando se dirigía a la salida se halló frente a frente con el dueño de casa y su hijo. A los dos segundos quedó confirmado que no había sacado a pasear a su hijo u otra criatura a domicilios ajenos. “En el carrito puso todos los elementos y cuando llegó el denunciante y su hijo lo agarran con el changuito. Levantaron la manta y vieron que eran las herramientas de ellos”, relató la fiscal adjunta Cecilia Framini, en la audiencia de formulación de cargos.

Se vio acorralado, las víctimas le bloqueaban la salida y el “tierno” delincuente con chango de bebé, no andaba armado, hizo lo primero que le vino a la mente: huir hacia el lado contrario. En el interior de la vivienda no halló escapatoria. Trató de salir hasta que arribaron los policías de la Comisaría 40° y de la División Respuesta Inmediata Motorizada (DRIM), quienes lo retiraron del lugar a su manera, esposado.

En la audiencia de imputación, la defensora oficial Ximena Bertoli trató de restarle gravedad al delito. Argumentó que, si lo analizaban bien, el robo “no se había consumado”, porque no alcanzó a llevarse esa segunda tanda del botín. Pero la fiscal de instrucción insistió en que sí logró concretar la sustracción. De hecho, se tomó el trabajo de dejarlo en el techo de la casa de una familia que habita en el mismo domicilio que él.

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