Síndrome Urémico Hemolítico: la principal causa de insuficiencia renal en infancias
En San Luis suele haber un promedio de cuatro casos al año. La clave es saber qué alimentos darle a los niños y niñas, cómo cocinarlos y aquellos que están prohibidos hasta los cinco años.
Síndrome Urémico Hemolítico: la principal causa de insuficiencia renal en infancias. (foto Ilustrativa)
Por Astrid Moreno García Dione
En Argentina, el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) es la principal causa de insuficiencia renal aguda en niños y niñas. A nivel nacional suele haber un promedio de 300 casos anuales. En San Luis, las cifras varían: en 2024 hubo siete casos, mientras que el año pasado se registró uno solo. Actualmente, hay un niño internado en el Hospital Pediátrico por SUH. Sin embargo, es una enfermedad fácil de prevenir y con síntomas ampliamente reconocibles.
El SUH se produce por la bacteria Escherichia coli, que ingresa al organismo a través de alimentos contaminados y se encuentra en el intestino del ser humano y de los animales de sangre caliente. La bacteria se transmite al hombre principalmente por el consumo de alimentos como productos de carne bovina, vacuna o porcina, picada cruda o poco cocida, leche y lácteos no pasteurizados, y hortalizas y semillas germinadas crudas contaminadas.
Se presenta con mayor frecuencia en niños menores de 5 años; sin embargo, niños más grandes y adultos también pueden padecerla. Afecta especialmente a los riñones y puede ser mortal. Generalmente comienza con diarrea con presencia de sangre, dolores abdominales y vómitos. La persona también puede presentar palidez, alteración de la conciencia, disminución en la eliminación de orina, convulsiones y otros síntomas.
“El germen entra por la boca, llega al intestino y ahí se liberan unas toxinas que pueden afectar cualquier órgano del cuerpo: el corazón, el riñón, el cerebro, el intestino”, explicó la jefa del Servicio de Nefrología del Hospital Pediátrico de San Luis, Marta Giordano. Y añadió: “Los niños tienen receptores para esas toxinas. Entonces, a lo largo de los años, esos receptores se van perdiendo. Pero cuanto más chiquitos son, más tienen. Es como si fuera un candado perfecto para que llegue la toxina, se una y entre a la célula”.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que hasta un 10% de los pacientes con infección por Escherichia coli pueden desarrollar Síndrome Urémico Hemolítico, con una tasa de mortalidad de entre el 3% y el 5%. También pueden aparecer complicaciones neurológicas, como convulsiones, accidente cerebrovascular y coma, en el 25% de los pacientes, así como secuelas renales crónicas, generalmente leves, en aproximadamente el 50% de los supervivientes. A nivel nacional, los datos de la Sociedad Argentina de Pediatría coinciden con la tendencia mundial.
Giordano destacó que “es una enfermedad muy grave”, pero hizo una salvedad: “Si se supera la etapa aguda, el pronóstico es relativamente bueno. Siempre tienen que tener controles. Un pequeño porcentaje queda con insuficiencia renal crónica, pero es el porcentaje más chico. El resto se recupera. El problema es que en la etapa aguda la mortalidad es alta, ahora y hace diez años, acá y en cualquier lugar del país”.
En la provincia, el promedio suele rondar entre 4 y 5 pacientes al año. El protocolo a nivel nacional es claro: se realiza la denuncia epidemiológica y se envían muestras de sangre y material fecal al Instituto Malbrán, en Buenos Aires. Además, cada paciente queda registrado en el Sistema Nacional de Salud, con el tipo de bacteria y la toxina para su estudio.
“Las posibilidades de contagio son muchas y, generalmente, es muy difícil saber qué fue lo que se comió. A veces las familias dicen: ‘comimos una hamburguesa con un gusto raro, todos tuvimos diarrea y el más pequeño tuvo síndrome urémico’. Pero no siempre se puede identificar”, alertó la jefa del Servicio de Nefrología.
Cómo prevenir la Escherichia coli
La especialista destacó que, si bien la mayoría de la población está alertada sobre la carne picada —que no debe ser consumida por niños de hasta cinco años—, hay otras medidas a tener en cuenta que “son menos conocidas”, como es el caso de los embutidos, que no deberían consumirse en los primeros años de vida.
“Un bife también puede contener Escherichia coli, por lo que tiene que estar bien cocido. La carne jugosa no es para chicos”, aseguró. Con respecto a leches, yogures y quesos, advirtió: “Con los lácteos, es importante cargarlos en el changuito al final de las compras para no romper la cadena de frío. Si se vive lejos, se pueden usar bolsas térmicas con hielo y tenerlos en bolsas separadas del resto de los alimentos, al igual que las carnes”.
Las verduras, para esta franja etaria, deben consumirse únicamente cocidas. Luego, las crudas deben lavarse con agua potable y manipularse con utensilios y vajilla diferenciados de las carnes. La fruta, preferentemente para niños y niñas, debe ingerirse sin cáscara y siempre después de un buen enjuague. Al momento de cocinar, también es importante mantener una correcta higiene y un lavado de manos constante.
“Las piletas, en general, están cloradas y el cloro mata la bacteria, por lo que en ese aspecto uno está más tranquilo”, alivianó Giordano. Y cerró: “Cocinar tomándose el tiempo, hacerlo con tranquilidad y sabiendo que no hay que manipular todo junto es clave en la prevención. Ante la menor duda o el menor síntoma en los chicos, siempre hay que consultar a un pediatra o a un médico de un servicio de emergencias”.