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“Sí, son canas”: la comunidad de mujeres que decidió dejar de tapar para liberarse

Laura y Natalia, las creadoras de la cuenta de Instagram, comparten su experiencia desde que dejaron de teñirse. Lejos de asociar el cabello gris con dejadez o ser desprolija, lo toman como una forma de autocuidado.

Actualizada: 25/01/2026 13:05
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De izquierda a derecha, Laura, Malena, Marcela y Natalia en TN

Por Astrid Moreno García Dione

A las que no les costó nada, a las que les costó muchísimo, a las que la familia apoyó y a las que no, a las que tuvieron problemas en el trabajo; a todas esas mujeres las une un tema en común que, lejos de ser una cuestión estética, habla de cómo atravesaron una situación inevitable para todos: el paso del tiempo. En las mujeres, esa experiencia se ve atravesada además por el edadismo, la gerontofobia y el machismo. El disparador son las canas; el eje, la autoaceptación en una sociedad que todavía las vincula con la dejadez, lo desprolijo y el abandono.

En 2019, María Laura Pampin empezó a preguntarse si realmente necesitaba seguir llevando su kit de tintura en la cartera. Ese combo la acompañaba a todos lados, por si un pelo blanco decidía asomarse entre su cabellera teñida cada 15 días, sin falta. O antes, si el proceso natural del cuerpo se adelantaba y ese color “indeseado” aparecía en las raíces. La primera cana había surgido a los 15 años y, desde entonces, recurrió a distintos métodos para ocultarlas.

“Lo mío fue por hartazgo, no por una decisión política ni por rebeldía. Fue un ‘no puedo más’. Después, cuando el proceso avanzó, sí pasó a ser una reivindicación”, relató.

Mientras buscaba referencias en Instagram encontró el perfil de Natalia Borgoglio y, casi sin plan, comenzaron a escribirse. “Yo siempre digo que pensé: si ella se animó, yo también tengo que poder”, recordó.

Lo que Laura no sabía en ese primer intercambio es que Natalia también había empezado a dejarse las canas ese mismo año, después de siete de pensarlo y más de 20 de teñirse de forma continua.

“Siempre pensaba que me las iba a dejar a los 50, pero estaba por cumplir 40 y dije: ¿por qué no ahora? Sentía que no iba a soportar diez años más. Cada vez que me teñía me agarraba picazón. La verdad es que toda esa situación era sumamente angustiante”, recordó Natalia. Una experiencia que, tiempo después, ya con su cabellera gris, serviría de referencia para Laura y muchas otras.

En marzo de 2020, en plena pandemia, crearon "Sí, son canas", una cuenta de Instagram pensada como espacio de acompañamiento para mujeres que estaban atravesando la transición. La pregunta de fondo era simple y persistente: ¿por qué el paso del tiempo sigue siendo vivido como un castigo para las mujeres? En ese momento, llegar a 100 seguidoras ya parecía un logro.

Lo que empezó como un espacio de contención se convirtió en una comunidad que hoy reúne a más de 35 mil mujeres de todo el país y también del exterior. Aunque Laura y Natalia viven en la Ciudad de Buenos Aires, el alcance es federal y diverso. La fuerza, coinciden, está en la red: mujeres que se reconocen en otras, que comparten miedos, avances, retrocesos y decisiones.

“Además de mi experiencia, hoy cargo con las de muchas mujeres. En estos casi seis años, los cumplimos en marzo, tenemos historias de todo tipo: a las que no les costó nada, a las que les costó muchísimo, a las que la familia apoyó y a las que no, a las que tuvieron problemas en el trabajo”, relató Laura. Y agregó: “Nosotras siempre decimos ‘hacé lo que vos sientas. Si te sentís segura así, buenísimo. Y si no, y la tintura te da seguridad, también está bien’. Siempre podés volver a empezar. Es sacarle un poco de peso a la decisión”.

Lejos de verlo como un acto de descuido, la comunidad lo piensa como una forma de autocuidado. “Me dejé las canas porque me estoy cuidando en muchos aspectos: porque me acepto como soy, porque no quiero ponerme más químicos en la cabeza, porque no me parece ni sano ni ecológico, y porque me parece importante respetar las decisiones. No estamos en contra de las tinturas, para nada. Pero sí del ‘hay que teñirse’”, analizó Laura.

Natalia sumó que el abandono no pasa por lo externo, sino por el cuidado emocional: “Podés estar recién teñida y sentirte abandonada porque estás triste o atravesando un mal momento. Y eso también está bien”.

Históricamente, las canas se asociaron a la edad y esta, al valor social de las mujeres. Durante años, las únicas canosas visibles eran “las viejitas”, las brujas de los cuentos, los personajes secundarios. "Creíamos que si no las veíamos. no existían", razonó Laura. Quien explicó que, incluso con todo el abordaje, aún se enfrentan a nuevos paradigmas.

Laura, que tiene rulos, ya practicaba el método Curly y empezó a compartir rutinas de cuidado capilar, siempre aclarando que no se trata de consejos médicos. Sin emabrgo, en un punto se cuestionó que cuando hablaban de canas, los tratamientos para estas era para dejarlas blancas en contraposición de las que tienden más al amarillo.

"Muchas mujeres nos contaban que cuando iban a buscar a sus hijos al colegio o al jardín les preguntaban si eran las abuelas. Primero, hoy puede haber mujeres mucho más grandes que sean las madres de niños pequeños. Pero además, si empezamos a ver que hay canas en todas las edades. No siempre está matemáticamente relacionado con los años. Verlo es lo que hace que empiece a cambiar", contó.

Laura explicó que una mujer incluso les contó que cuando dijo en su familia que se iba a dejar las canas todos le cuestionaron la decisión por "desprolija", pero que cuando su cuñado decidió decolorarse todo el cabello de gris y blanco, lo festejaron por "estar a la moda". Otra les contó que tenía una entrevista de trabajo por lo que decidió revertir su proceso y teñirse por temor a que no la tomen.

"¿Por qué mi valor tiene que estar, como decías vos, en una entrevista de trabajo o en mi decisión de maternar, ligado a algo estético, algo visual?", interpeló Laura. Y Natalia cerró la reflexión: “No creo que sean puntualmente las canas las que desafían un mandato, sino que lo que lo desafía es que las mujeres tomen decisiones, cualquiera sea, para que su apariencia sea genuina con lo que están dispuestas a darse”.

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