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“Síndrome del nido vacío”: el desafío de los padres ante la mudanza de los hijos que se van a estudiar a otra provincia

En diálogo con El Chorrillero, la psicóloga clínica Paola Sepúlveda brindó recomendaciones para atravesar esta etapa de la mejor manera posible.

“Síndrome del nido vacío”: el desafío de los padres ante la mudanza de los hijos que se van a estudiar a otra provincia.
Actualizada: 24/01/2026 23:35
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Por Sofia Ortiz

A pocos días del comienzo de la vida universitaria de aquellos adolescentes que se lanzan a cursar una carrera por primera vez, comienzan a resonar en la mente de muchos padres pensamientos y sensaciones vinculadas al llamado “síndrome del nido vacío”. Consultada por El Chorrillero, la psicóloga clínica Paola Sepúlveda explicó de qué se trata y cómo sobrellevar esta situación.

“Le llamamos así por las aves. Éstas hacen sus niditos para que los pajaritos vayan creciendo, allí los alimentan, los cuidan y los crían. Después, cuando ellos aprenden a volar, se van y quedan los padres solos con ese nido vacío que hicieron para toda esa camada de bebés. Esa parte de la naturaleza se asemeja a lo que sienten los papás de un chico o chica que se va a vivir de manera independiente a otra provincia. Queda la casa sola y quedan los padres con esa sensación de vacío”, explicó la profesional.

Dijo que los progenitores, de cierto modo, también quedan vacíos de las responsabilidades que antes los atravesaban durante la crianza de sus hijos. “Se genera una sensación de vacío emocional porque el chico o la chica está, pero ya no en la casa, está en otro lugar”, señaló.

¿Impacta más en la mamá o en el papá?

Sepúlveda marcó que tanto las mamás como los papás sufren esta situación. “Ambos lo padecen de una manera más o menos semejante, aunque muchas veces la mamá es la que está más pendiente de todo lo que necesitan los chicos. Por lo general son ellas las que están más cerca porque no siempre trabajan fuera de casa. Tal vez sienten un poco más esta sensación de vacío, que en realidad es un sentimiento de pérdida física, de alejamiento o de distancia”, comentó.

Aseguró que los progenitores llegan a experimentar una “pérdida de propósito”. “La rutina cambia y ya no gira en torno al cuidado de los chicos. Hay sensaciones de silencio absoluto en la casa. Ya no está el ruido de ellos porque antes, aunque no hicieran sonidos, sabían que estaban en sus habitaciones, en la casa. Ahora son conscientes de que se han ido”, expresó.

Agregó que también se presenta un sentimiento de tristeza y una gran mezcla de emociones, que deben ser validadas y aceptadas. “Es normal sentir un poco de tristeza. No se debe reprimir. Después aparece una sensación de ansiedad al pensar si el hijo o la hija se está manejando solo, si podrá valerse por sí mismo, y empiezan a preocuparse por ellos”, detalló.

Aprovechar el tiempo

Ante la mudanza de sus hijos y la vivencia del “síndrome del nido vacío”, la especialista recomendó a los padres retomar pasatiempos, realizar actividades al aire libre, compartir momentos con amigos, dedicarse a intereses personales y prestarle atención al matrimonio o a la pareja. Sobre este último aspecto, señaló que muchas veces, por la rutina y las tareas de crianza, el vínculo queda en segundo plano y es una buena oportunidad para recuperarlo.

“Es un buen momento para permitirse estar juntos en tiempo de calidad como pareja. Volver a pensar en hacer cosas juntos que les produzcan placer”, explicó.

La comunicación con los hijos

Sepúlveda marcó que, a partir de que los hijos se van del hogar, los padres deben adoptar un rol “menos invasivo” en sus vidas. “Se puede mantener el contacto coordinando, por ejemplo, momentos para intercambiar mensajes o llamadas. Hay que propiciar la autonomía y la independencia en ellos. Darles su espacio, pero también dejarles en claro que si algo no funciona o no se adaptan pueden regresar, porque muchas veces en el primer año de facultad pueden pasar muchas cosas”, aconsejó.

Cuándo recurrir a terapia psicológica

Para la profesional, los padres deben acudir a terapia psicológica cuando los sentimientos de tristeza o angustia persisten en el tiempo, se vuelven repetitivos o comienzan a afectar la vida cotidiana.

“Todo eso se trabaja porque es un duelo. Cuando los chicos se van, los padres quedan en duelo por la pérdida física del hijo que ya no está en esa casa. Hay que brindar técnicas y herramientas para atravesar ese duelo y la ansiedad que genera”, explicó.

Por último, remarcó que en casos más graves se puede articular una consulta con un profesional de la psiquiatría, aunque aclaró que es poco frecuente que eso suceda.

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