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Escándalo en Francia: el "Vikingo" puntano conquistó el ring, pero no las tarjetas

La noche en el Halle des sports de Claviéres no se recordará por la técnica de un campeón, sino por el silencio cómplice de un jurado que decidió mirar hacia otro lado en el duelo que dirimía al campeón mundial de los 69 kilogramos en kickboxing. Ezequiel Ortiz, el guerrero de San Luis, protagonizó un gran combate donde fue superior, a pesar de que los libros oficiales digan lo contrario.

Al puntano Ezequiel Ortiz le arrebataron la pelea en Francia.

por Gastón Vila Calderón

elchorrillero.com

Actualizada: 24/01/2026 21:44

Apenas se habían acomodado los espectadores en sus asientos cuando el guion de la noche saltó por los aires. En un deporte de milésimas de segundo, Ortiz necesitó solo un parpadeo para conectar un gancho de derecha quirúrgico que mandó a su rival, el francés Sofian Hadj Brahim a la lona. Fue un impacto seco, real, que dejó al campeón del mundo desorientado, recurriendo a la artimaña de escupir el protector bucal para mendigarle segundos al reloj.

Ese primer round no fue solo un asalto; fue una declaración de intenciones. El "Vikingo" no fue a Alès a ser un invitado de piedra; fue a reclamar lo que sentía suyo.

Durante gran parte del pleito, la estrategia de Hadj Brahim, apostar a la distancia y al alcance de sus piernas, se estrelló sistemáticamente contra la presión asfixiante del puntano. Ortiz transformó el ring en una caldera, acortando espacios y obligando al local a retroceder, una imagen poco habitual para un doble campeón del mundo.

Al puntano Ezequiel Ortiz le arrebataron la pelea en Francia.

Sin embargo, el ambiente fuera de las cuerdas se tornó turbio. El rincón francés, lejos de la ética deportiva, jugó su propio partido: gestos desmedidos, presiones constantes al colegiado y un cruce de palabras innecesario con el equipo argentino que manchó la elegancia del Kickboxing.

Al sonar la campana final tras seis asaltos de dominio repartido pero con los momentos más claros para el visitante, la tensión se palpaba en el aire. La decisión unánime a favor de Hadj Brahim cayó como un balde de agua fría para quienes presenciaron cómo el retador había puesto en jaque la corona.

Al puntano Ezequiel Ortiz le arrebataron la pelea en Francia.

Ezequiel Ortiz se va de Francia sin el cinturón de los -69kg, pero con el respeto internacional por las nubes. El deporte, a veces injusto en los puntos, suele ser generoso en las revanchas.

Ortiz no tiene tiempo para lamentos. El destino ya le ha puesto una nueva cita en el calendario para demostrar de qué está hecho: el próximo 14 de febrero en Barcelona, España, peleará contra Antonio Amaya por el Campeonato Lightweight.

En tierras catalanas, donde reside y entrena, el "Vikingo" de 25 años buscará que esta vez el resultado dependa únicamente de sus puños y no de la interpretación de un jurado localista.

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