X
PUBLICIDAD

“Nos sentimos burlados”: el dolor, el miedo y el reclamo de justicia de la familia de Romina Aguilar, a 10 años del crimen

La familia de la mujer de 32 años duda que haya sido un hecho al azar, habla del miedo que aún persiste y reclama que la Justicia avance para conocer qué pasó y quiénes fueron los responsables de un crimen que sigue impune.

Romina Aguilar.

por Antonella Camargo

elchorrillero.com

Actualizada: 30/01/2026 09:14

Romina Aguilar era la hermana mayor. La que ordenaba, la que cuidaba, la que estaba siempre. Así la recuerdan sus cinco hermanos, 10 años después de aquella mañana que partió la historia familiar en dos. “Era la madraza”, resumió una de ellas, Inés Garay. La que unía, la que acompañaba, la que escuchaba. La que no se peleaba con nadie y tenía una palabra para todos. Desde su ausencia, nada volvió a ser igual.

Para su familia, Romina no tenía conflictos, no estaba enfrentada con nadie, no llevaba una vida atravesada por problemas ni amenazas. Estudiaba, viajaba a La Calera para cursar el Plan de Inclusión Educativa y sostenía una rutina conocida por su entorno más cercano. “No era una persona que se metiera en nada”, aseguró Inés. Por eso, con el paso del tiempo, la hipótesis de un hecho al azar nunca terminó de cerrarles. 10 años después, siguen convencidos de que el crimen no fue un robo y que alguien más ideó lo que ocurrió aquella mañana del 30 de enero de 2016.

Ese convencimiento convive con otro sentimiento: el miedo. Por eso decidieron hablar sin cámaras ni fotos. “Los asesinos están sueltos”, dijo la hermana. Y ese dato, para ellos, no es una estadística judicial: es una amenaza concreta. “Tenemos miedo, sinceramente, de que haya represalias contra nosotros”, confesó.

Por el crimen, están acusados el viudo, Diego Lorenzetti, un jockey que trabajaba para él, Edivaldo De Oliveira Pereira, y Cristian Leandro Vílchez.

“Queremos saber la verdad”, subrayó la mujer sobre la decisión que tomó junto a sus hermanos en 2024 de convertirse en querellantes en la causa. Para ellos, la versión de un robo nunca fue suficiente. “A mi hermana no le sacaron nada. Tenía sus cosas, sus anillos. No fue un hecho al azar”, sostuvo.

Ese interrogante atraviesa todo el relato familiar: si no fue un robo, ¿por qué fue? Para Inés y sus hermanos, la idea de que el crimen no haya sido casualidad se sostiene en un dato concreto: el rol de Edivaldo De Oliveira Pereira. “Él conocía a la familia, sabía dónde vivía Romina, quién era y a qué hora salía”, explicó.

Inés estuvo en la casa esa madrugada. Se había quedado a dormir y escuchó los disparos. Al principio pensó que provenían de un boliche cercano. Después vinieron los gritos. “Nunca me voy a olvidar de esa imagen”, expresó. 10 años después, el recuerdo sigue intacto: la sangre, la desesperación, la impotencia.

“Me movió los dedos y me decía ‘ayúdame’. Yo quería hacer algo, pero no podía”, relató y se quebró. Contó que esa escena la marcó y que durante mucho tiempo cualquier ruido fuerte la hizo revivir ese momento.

El dolor no se atenuó con el paso del tiempo. Por el contrario, se fue mezclando con frustración y enojo. La anulación del juicio, las excarcelaciones y la falta de definiciones terminaron de quebrar la confianza inicial. “Nos sentimos burlados. Primero hubo condenas, después quedaron libres, uno se fue y nadie hace nada. Pasaron 10 años”, cuestionó.

“Queremos un juicio. Queremos que la Justicia nos diga qué pasó y quién es el culpable. 10 años es demasiado. Mi hermana fue asesinada de la peor manera y todavía no hay respuestas”, reclamó.

10 años después, la causa sigue sin respuestas firmes. Y para la familia de Romina, el paso del tiempo no alivió el dolor: lo profundizó.

PUBLICIDAD

EN PORTADA EL CHORRILLERO

SUBIR