X
PUBLICIDAD

Escuelas privadas de San Luis prohiben el uso del celular en clase: ansiedad, ludopatía digital e intimidad expuesta

El Chorrillero entrevistó a cinco instituciones, la mayoría tiene un protocolo firme sobre el uso de los dispositivos en el aula. El mayor problema, poner límites y coordinar con las familias.

Actualizada: 01/02/2026 01:20
PUBLICIDAD

Instituto Causay. (Foto El Chorrillero)

Por Astrid Moreno García Dione

Ansiedad, ludopatía digital y el peligro de exponer el cuerpo en redes sociales, esas fueron algunas de las alarmas que sonaron en escuelas privadas de la ciudad de San Luis y que las llevaron a establecer protocolos sobre el uso del celular en horario de clase. La mayoría opta por una prohibición total, con excepciones que requieren una autorización previa y un contexto controlado. Coinciden en que, desde que se tomó esta medida, mejoró la concentración y el nivel académico de los estudiantes. Desde la psicología advierten que es importante generar límites saludables, pero que estos deben ser acompañados desde la familia.

El Chorrillero conversó con directivos de las escuelas Causay, Santa Catalina, Islas Malvinas, San Gabriel y Cristo Rey, quienes explicaron los protocolos de cada establecimiento. Las instituciones disponen de lockers o espacios de guardado seguros donde los alumnos deben dejar el dispositivo. Algunas sostienen que el uso está totalmente prohibido; otras tienen flexibilidad en espacios controlados, como aulas de tecnoteca o tecnología, y en clases donde el docente habilite su uso con autorización; en algunos casos, permiten que los alumnos accedan a ellos únicamente durante el recreo.

Desde el Centro Educativo Causay detallaron que, en los primeros años de educación primaria, la premisa es pantalla cero. En el segundo ciclo, que corresponde a cuarto, quinto y sexto grado, comienzan a incorporar la tecnología de manera progresiva.

En la secundaria, continúan con el uso de dispositivos que los estudiantes traen a la escuela bajo supervisión docente en materias como Programación. Además, cuentan con una tecnoteca, un espacio preparado con todas las conexiones a internet y la conectividad necesaria para el desarrollo de las clases y el trabajo pedagógico con tecnología.

“Durante esas seis horas que están en la escuela, se prioriza otro tipo de actividades, donde se busca que estén más enfocados y se pueda mejorar la concentración, la atención y el aprendizaje”, explicó Natalia Caballero, vicedirectora técnica del Causay. Agregó que, al llegar, cada alumno tiene una caja con su nombre y apellido donde deja el dispositivo hasta el horario de finalización de la jornada.

El protocolo se estableció hace dos años y, desde entonces, Caballero relevó: “Vemos cambios positivos en el aula, en las dinámicas de las clases y, en el aprendizaje, notamos una mejora académica. Estamos teniendo muy buenos resultados y las familias también lo sienten y lo ven”.

En el caso del Instituto San Gabriel y Cristo Rey, la modalidad es la misma, con un espacio asignado para cada curso donde los dispositivos quedan guardados en un lugar seguro. También implementaron esta normativa hace dos años. Sin embargo, la medida fue un paso más allá: los profesores y docentes tampoco pueden utilizar el teléfono mientras dictan las clases.

“Si algún profesor tiene la necesidad de usar el celular para una actividad específica con los chicos, debe presentarla previamente y contar con autorización. En ese caso, se retiran los celulares y se les entregan a todos los alumnos del curso para realizar el trabajo. Una vez finalizada la actividad, vuelven a guardarse”, explicó el director del establecimiento, Martín Decena.

Agregó que los jóvenes llevaban celulares rotos para dejar en las cajas y se quedaban con los verdaderos en el aula. Detalló que buscaban distintas formas de seguir teniendo el teléfono, a causa de una dependencia que se volvió imposible de controlar.

Instituo San Gabriel y Cristo Rey. (Foto ANSL)

“Cuando tomamos la medida fue porque vimos alertas preocupantes: la dependencia al celular, la falta de atención de los chicos y, sobre todo, los ataques de ansiedad. Encontramos muchos casos de estos últimos. Después empezamos a notar la disminución del rendimiento en varios alumnos”, remarcó.

En el establecimiento notaron un cambio marcado en los hábitos y en las habilidades emocionales de niños y adolescentes: realizaban cada vez menos lectura sostenida y reflexiva, presentaban una menor tolerancia a la espera y mayores dificultades para manejar la frustración.

"La atención es como una linterna. No puede estar apuntando a muchos lugares al mismo tiempo. En ese contexto, el uso temprano de redes sociales tiene un impacto directo. El contenido vertical —como Reels o TikTok— propone aprendizajes muy rápidos, breves y cortoplacistas: en menos de un minuto se resuelve una historia completa. Esto puede generar la costumbre de no tolerar explicaciones más largas, y eso después se traduce en dificultades académicas y problemas para sostener la atención por más de un minuto”, apuntó Andrés Powell, psicólogo de San Luis especializado en terapia cognitivo-conductual.

La ludopatía digital y el impacto en los adolescentes

Desde el Instituto Santa Catalina detectaron, en 2024, cuando se sumaron a la prohibición de los teléfonos, que los alumnos tenían un uso problemático vinculado a los juegos virtuales. El psicólogo local añadió que los dispositivos tienen un componente adictivo desde el diseño de las aplicaciones, que estimulan la búsqueda constante de gratificación a través del desplazamiento infinito.

"En cuanto a la autoestima, depende del contenido que se vea, pero si tiene un impacto porque puede las redes pueden idealizar por ejemplo un tipo de gusto de ropa, de cuerpo y un incentivo al consumismo que, en edades tempranas, llevan a un análisis simple: esta que está en las redes yo no lo puedo tener y por lo tanto soy un desastre o un fracaso," explicó Powell.

Ante todos estos factores desde el Santa Catalina adhirieron a la medida de prohibición que afectó el curso de las clases, ya que los adolescentes cuentan con una plataforma virtual donde los docentes cargan contenido; sin embargo, el teléfono era utilizado para otros fines y decidieron retornar a las viejas, y seguras, fotocopias, ya que los docentes comenzaron a notar que los jóvenes ya no escribían sino a través de sus celulares.

Instituto Santa Catalina (foto Internet)

“No es que con el celular no se pueda pensar, pero plantea una gran cantidad de distractores. Además, los estudiantes muchas veces no administran bien los tiempos ni el manejo de la información. Fue una experiencia difícil en 2025, pero que logramos el año pasado, asentando por etapas, y en otras tuvimos regresiones. Entendemos que el uso del celular está instalado en la cultura y que es muy difícil sacarlo”, explicó el director del establecimiento, Alejandro Donoso.

Con respecto al grooming y al bullying, detalló que utilizaron Guiarse, el manual del Ministerio de Educación, para tomar medidas. “Hemos tenido que hacer intervenciones porque estos espacios virtuales ponen en riesgo a los adolescentes, que son menores. Trabajamos mucho sobre el uso de la información y el resguardo de la imagen propia y de los otros. Los chicos no siempre tienen claro esto”, destacó.

Las señales de un uso problemático del celular en la adolescencia suelen aparecer de manera progresiva. Una de las primeras es el aumento excesivo del tiempo frente a la pantalla, acompañado por el abandono o desinterés en otras actividades cotidianas. También puede observarse cuando lo que ocurre en las redes empieza a afectar emocionalmente al adolescente, generando malestar, preocupación constante o sufrimiento, por ejemplo, si una publicación no recibe la respuesta esperada o si se vuelve muy dependiente de la aprobación externa.

Los resultados positivos tras la prohibición del uso del celular

Sobre los cambios detectados desde que empezó la prohibición Donoso, remarcó que fue muy interesante observar que, durante el recreo, los chicos y chicas seguían jugando online y no socializaban. Algo similar detectaron en el Causay, no solo con espacios recreativos, sino también con aplicaciones de inversiones y supuestos negocios de trading.

“Lo que se generó fue que los estudiantes ahora dejan el celular en la caja, toca el timbre del recreo y salen a jugar, hacen algo de deporte y socializan. A nivel académico, los chicos recuperaron el hábito de escribir en la carpeta. El celular había hecho que prescindieran de ella. Notamos una mejoría en la escritura y en la concentración”, contó, y añadió que, si bien al principio notaban mucha ansiedad por recuperar el móvil, con el tiempo se acostumbraron y la concentración mejoró ampliamente.

En el caso del Instituto Islas Malvinas notaron algo similar, pero en el nivel primario. “Cuando los chicos traen celular, se observa que no participan en los recreos ni en las actividades: fútbol, vóley, el arenero u otros espacios disponibles. Tenemos muchos espacios, pero no los utilizan si vienen con celular. Incluso cuando se ha pedido la tablet para alguna actividad, ese día el curso sale al recreo con la tablet y no interactúan”, contó Facundo Cappello, coordinador general del establecimiento.

Abordaje distinto, un sistema de recompensas por el bueno uso

En el nivel secundario, el Islas Malvinas, tiene un abordaje del uso del celular distinto. Al tratarse de adolescentes y preadolescentes, consideraron que una prohibición total resulta poco viable. Ante ese escenario, la estrategia apunta a integrarlo de manera regulada dentro del proceso educativo.

El acceso permanente a Google y a la inteligencia artificial plantea un desafío concreto: la dificultad para que los estudiantes desarrollen un conocimiento propio. Frente a eso, el trabajo docente se centra, en primer lugar, en promover producciones originales. Además, el uso del celular se incorpora de forma transversal en las distintas materias, contrastando la información de los libros con la que ofrecen los dispositivos.

Instituto Islas Malvinas. (Foto internet)

“El uso del celular está permitido incluso durante los recreos, aunque con pautas claras. Uno de los ejes centrales del trabajo institucional es el consentimiento: se les explica a los estudiantes que no se puede grabar a otra persona sin su autorización y que el respeto por la intimidad es fundamental”, explicó Cappello.

Aun así, desde la institución reconocen que lo ideal sería reducir su uso, ya que en el nivel secundario también se observa una menor participación en actividades recreativas y deportivas durante los recreos, reemplazadas por el consumo de redes sociales y videojuegos.

También idearon una alternativa: en lugar de castigar, se premia el buen uso. “En 2025 aplicamos una plataforma basada en juegos matemáticos y de Lengua, con premios. Se les decía, por ejemplo, que el que participaba más iba a ser reconocido con beneficios muy básicos: algo del kiosco o la posibilidad de irse un poco más temprano, ya que tienen pre-hora y pos-hora”, explicó. El coordinador detalló que decidieron dar esos incentivos porque, si los recompensaban con un libro u otro premio más elaborado, los chicos no participaban.

La otra cara de la educación digital: las familias

El debate sobre el uso del celular en las aulas no se agota en las decisiones institucionales ni en las estrategias pedagógicas. Detrás de cada medida aparece una variable clave: las familias. La educación digital expone tensiones, preocupaciones y miradas contrapuestas entre padres, madres, docentes y directivos, que obligan a las escuelas a tomar definiciones claras.

En el Instituto Santa Catalina, el trabajo comenzó puertas adentro. Primero se abordó la problemática con el equipo docente y luego se trasladó la discusión a los tutores. Las respuestas fueron dispares. Hubo familias que acompañaron la iniciativa e incluso solicitaron entrevistas para manifestar su preocupación por el uso del celular durante las clases. Otros padres, en cambio, expresaron su desacuerdo y consideraron injusta la medida, argumentando que el teléfono es su principal vía de comunicación con sus hijos.

En los institutos San Gabriel y Cristo Rey la situación fue similar. “Al principio también fue más difícil para los padres no tener comunicación directa con sus hijos mientras estaban en clase. Sin embargo, sabían que podían comunicarse con los preceptores, con la escuela, con los directivos o con la administración. Además, contábamos con plataformas para comunicación directa y, en algunos casos, los padres se comunicaban con los chicos por WhatsApp aun sabiendo que estaban en horario de clases”, aclaró Martín Decena.

Para el psicólogo de San Luis, especializado en terapia cognitivo-conductual, el desafío de establecer límites saludables entre escuela y familia es complejo y requiere mayor reflexión. “La clave es la consistencia”, sostuvo. Según explicó, no se puede pretender que el adolescente respete normas si recibe mensajes contradictorios: si la escuela prohíbe algo y la familia lo habilita, el chico queda atrapado entre dos órdenes opuestas.

“¿Qué queremos? Que lo use, pero para otra cosa, menos tiempo, que no se fije tanto en esto o en lo otro. Hay que personalizar un poco más el método. Podemos plantearle menos tiempo durante el día en las aplicaciones de redes sociales, pero hay veces en las que no encuentran otra forma de entretenerse”, señaló.

El especialista advirtió que imponer restricciones demasiado rígidas puede generar efectos contraproducentes, como el uso a escondidas o el llamado “atracón digital” cuando el control desaparece. Por eso, destacó la importancia de la supervisión activa por parte de los adultos, especialmente en niños, y de establecer horarios y momentos libres de pantallas. Reducir el tiempo de permanencia en redes sociales, sostuvo, es clave para disminuir el malestar y la ansiedad.

El proyecto de ley que busca regular el uso del celular en las aulas puntanas

En la Cámara de Diputados de la provincia, el interbloque Consenso por San Luis presentó, a mediados de 2025, el proyecto de “Prohibición y regulación del uso de dispositivos tecnológicos móviles y teléfonos celulares” en las escuelas. El documento ingresó a la Cámara en septiembre y espera ser tratado en comisión en cuanto arranque la actividad parlamentaria este año.

“El proyecto lo armamos pensando un poco en el resguardo de los más pequeños. En primer término, es una regulación; es feo hablar de prohibición a secas. En cambio, es una regulación en donde, teniendo una ley, que es un instrumento y una normativa de cumplimiento obligatorio, se disponga alcanzar absolutamente a todos los establecimientos públicos y privados”, aclaró el diputado Cristian Gurruchaga, quien, junto a Nicolás González Ferro, armó la propuesta.

El proyecto abarca establecimientos públicos, generativos y privados y plantea dos modalidades de uso del dispositivo dependiendo del nivel educativo. La primera especificación abarca el inicial y primario, donde está totalmente prohibida la utilización de celulares; en este último cuenta con una excepción.

La autorización sólo podrá ser dada por el establecimiento educativo con una serie de requerimientos: que su uso forme parte de un proyecto didáctico aprobado por el equipo directivo, que contemple objetivos claros y específicos; documentación con detalle de duración, actividades, estrategias de evaluación y uso del dispositivo; que las familias sean informadas previamente y otorguen su consentimiento por escrito; y que esté supervisado por un docente en un contexto específico y acotado en tiempo y espacio.

En los establecimientos educativos secundarios, los alumnos podrán acceder a los dispositivos móviles cuando el docente a cargo lo autorice con fines pedagógicos y exista una justificación curricular o didáctica. Fuera de esos casos, deberán permanecer apagados, guardados y fuera de la vista y del alcance inmediato de los estudiantes durante el horario de clases, en los espacios que determine cada institución educativa.

Además, cada establecimiento deberá definir reglamentos internos, elaborados de manera participativa a través de los acuerdos escolares de convivencia, que regulen esta disposición con mayor detalle, en línea con los postulados generales de la ley y las normas que establezca la autoridad de aplicación.

“Actualmente, en los colegios públicos y privados, la gran mayoría están regulando internamente esto con prohibición y restricción. Pero queremos formalizarlo y buscar la mejor opción para los alumnos”, aclaró. Y agregó: “El hecho de tener un celular o de estar pendiente de un dispositivo de este tipo, en donde tenés un alcance masivo a un montón de información, puede ser bueno, pero también malo. Por un lado, puede servir para la educación. Por eso la regulación no es prohibitiva en su totalidad, sino que se pretende amalgamar estos dos ejes. Pero también puede ser nocivo, porque tenemos acceso a otras cuestiones que fueron materia de debate el año pasado y de regulación, como la ludopatía infantil, el uso de las redes sociales y el ciberbullying”.

El legislador destacó que, una vez que el proyecto comience a trabajarse en comisión, se sumará al debate el ministerio de Educación, que ya está al tanto del documento y cuenta con su apoyo.

“Lo interesante y lo más importante es que tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo estamos intentando dar con normas que sean las mejores para el resguardo de los más chicos, de los alumnos, y para generar una mejor calidad educativa”, afirmó Gurruchaga.

PUBLICIDAD

EN PORTADA EL CHORRILLERO

SUBIR