Sedentarismo, una amenaza creciente para la salud: cómo la actividad física reduce el riesgo de infarto, ACV y cáncer
Datos, evidencia médica y recomendaciones simples para enfrentar uno de los principales factores de riesgo de la actualidad.
Por Néstor Miranda Falcó
Quedarse quieto se ha convertido en una de las prácticas más nocivas de la vida moderna. El sedentarismo, muchas veces naturalizado por rutinas laborales extensas o el uso permanente de pantallas, es hoy un factor de riesgo tan determinante como silencioso.
Sus efectos no se limitan al aumento de peso: impactan directamente en el sistema cardiovascular, metabólico y muscular, y elevan de manera significativa las probabilidades de enfermar y morir de forma prematura.
En San Luis, la problemática adquiere una dimensión particular. Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo Cardiovascular realizada en 2018, la provincia se encuentra entre las más sedentarias del país.
El jefe del servicio de Cardiología Ambulatoria del Hospital Central Ramón Carrillo, Gustavo Farez, advirtió en una entrevista con El Chorrillero que esta problemática se consolidó en los últimos años como uno de los principales detonantes de enfermedades crónicas. “Es una de las causas que, desde la pandemia, mata más gente que el Covid, con patologías como la obesidad y la diabetes”, afirmó.
La inactividad física no solo favorece el desarrollo de estas enfermedades, sino que también incrementa el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares, hipertensión arterial, disminución cognitiva y ciertos tipos de cáncer.
Frente a este escenario, la actividad física aparece como una herramienta preventiva fundamental, incluso en dosis mínimas. Farez remarcó que, si bien las guías recomiendan al menos 30 minutos de ejercicio cinco veces por semana, existen evidencias que muestran beneficios significativos con mucho menos esfuerzo.
“Hay una infinidad de información y publicaciones que nos dicen que, aunque nos movamos solamente cinco minutos por día, para aquellos que son extremadamente sedentarios o frágiles, eso ya disminuye un 10 por ciento la posibilidad de muerte súbita y reduce la probabilidad de desarrollar cáncer, sufrir un accidente cerebrovascular o padecer un infarto”, sostuvo.
Uno de los conceptos centrales que mencionó es el rol del músculo como órgano protector. El sedentarismo favorece la sarcopenia, es decir, la pérdida de masa muscular, un proceso que tiene consecuencias directas sobre la salud. Eso significa que mientras más masa muscular tenga una persona, más “disminuye la probabilidad de diabetes, hipertensión y dislipemias”.
Desde esta perspectiva, moverse no implica necesariamente entrenamientos intensos o rutinas complejas. Incorporar ejercicios simples, como sentadillas, levantar peso o combinar caminatas con trabajos de fuerza, puede marcar una diferencia sustancial a largo plazo.
El daño del sedentarismo también se explica desde un mecanismo físico: permanecer sentado aumenta la resistencia al flujo sanguíneo, especialmente en la aorta y las arterias de las piernas. Esto genera mayor presión arterial y favorece el deterioro vascular. Por eso, Farez insiste en que cualquier movimiento cuenta.
En la vida cotidiana, el desafío pasa por romper con la inmovilidad prolongada. Trabajar de pie, levantarse a buscar objetos, caminar algunos minutos durante la jornada laboral o moverse durante los viajes son estrategias simples y accesibles.
El mensaje central, según el profesional, es desmitificar la idea de que solo los atletas obtienen beneficios. “No hay que ser un deportista de alto rendimiento para disminuir los riesgos de enfermar. La clave está en empezar de a poco y sostenerlo en el tiempo”, dijo.
Antes de iniciar una actividad, Farez recomienda realizar un autochequeo básico para evaluar el estado general de salud. En la mayoría de los casos, si no hay síntomas como dolor en el pecho, mareos o falta de aire, no existen excusas para no comenzar.
La problemática del sedentarismo, sin embargo, no se limita a los adultos. El cardiólogo alertó sobre el impacto creciente en niños y adolescentes, donde se observan altos niveles de obesidad y desinterés por la actividad física. “Hay chicos que ni siquiera quieren ir a jugar a los Intercolegiales”, señaló.
Finalmente, hizo hincapié en el ejemplo familiar como factor determinante. “El papá o la mamá que hace deporte es mucho más probable que el hijo lo haga”, explicó, remarcando que los hábitos saludables no solo impactan en quien los adopta, sino también en las generaciones futuras.
Eliminar las barreras, incluso las psicológicas, es otro paso necesario. El especialista llamó a dejar de lado el “autobullying” y a entender que toda mejora comienza con un primer movimiento.
“Todo empieza desde un primer paso”, concluyó, reforzando la idea de que moverse, aunque sea poco, puede cambiar el rumbo de la salud.